Pérdida de concentración como consecuencia del desempleo

Hoy nos centramos solo en cómo se manifiesta la falta de concentración y os recomendamos algunos ejercicios para afrontarla. Y es que la pérdida de esta facultad está muy ligada a algunas de las más destacadas consecuencias del desempleo o el insomnio. Por desgracia, males frecuentes hoy en día.

El ajedrez, juego por excelencia de la concentración

Para los que siempre la hemos padecido, la pérdida de concentración puede ser producto de una realidad dramática, como el desempleo de larga duración, o consecuencia del simple aleteo de una mariposa. Pero bromas aparte, en los momentos más críticos puede ser una terrible aliada para la búsqueda de un trabajo, así como afectar a nuestra vida personal. Y ya no digamos si estamos llevando a cabo algún tipo de formación. La pérdida de concentración es parte del círculo vicioso de siempre: una de las consecuencias del desempleo, que normalmente aparece asociada a trastornos como la depresión o el insomnio.

No obstante, hoy nos centramos solo en cómo se manifiesta la falta de concentración y os recomendamos algunos ejercicios para afrontarla. Porque como dicen en mi tierra, «de mica en mica s’omple la pica» («poco a poco se llena el fregadero», una traducción horrible pero que se entiende). En caso de que sufras alguno de los demás trastornos, mejorar tu concentración será un paso para superarlos.

Para empezar, no es necesario ser un lince para saber que las circunstancias personales pueden convertirse en el peor enemigo de la concentración. Con mil cosas en la cabeza, el objeto o materia que requiere nuestra atención se convierte en secundario. O al menos así lo considera el cerebro, que desvía el foco de interés hacia lo que ‘realmente importa’. Y sin darte cuenta, pasas de estudiar la teoría del pez espada a pensar en cualquier otra cosa. Eso sí, sin dejar de leer el texto, en ocasiones por inercia y repitiendo el mismo párrafo una y otra vez. Derivada de las circunstancias se produce, por tanto, una falta de motivación por el tema en el que se debería centrar la atención. Una carencia que aparece de un modo involuntario.

¿Cómo afrontarla? Deberías aplicarte los consejos siguientes:

  • La actividad, tu gran aliada. Si algo he detectado durante décadas de falta de atención es que me concentro mucho más escribiendo que leyendo, o haciendo un trabajo que estudiando para un examen. Todo aquello que requiera una acción física más allá del esfuerzo intelectual favorecerá a la concentración, porque la obliga a estar más despierta. Es fácil leer sin saber lo que estás leyendo, pero ¿es tan fácil hacer un esquema sin saber lo que estás resumiendo? Podríamos decir que es imposible, y por eso la actividad es tu gran aliada.
  • Tomarse descansos. Es frecuente forzar la concentración para que aparezca cuanto antes. Pero esta señorita, igual que su colega la inspiración, es muy caprichosa e inconstante. Si tras un rato de trabajo se niega a obedecerte, tómate un descanso. Dedícate a respirar hondo, relajar la mente y regresar cuando te sientas preparado. Recuerda no alargar en exceso tus paradas (nunca más de 30 minutos), porque lo contrario sería más un ‘dejar para mañana lo que puedes hacer hoy’. Y eso no es más que una forma de engañarse a uno mismo. De todos modos, una parada cada 50 minutos o cada hora es recomendable. Y no temas alargar esa pausa a medida que pasen las horas, pues lo normal es que la concentración vaya decreciendo y necesite más margen para regresar.
  • Una buena organización. Hay quien rinde más por la mañana y hay quien rinde más por la noche. Estando en paro, y si no hay un horario que te obligue a concentrarte en un momento específico, eso no importa. La cuestión es que siempre estarás más concentrado al principio que al final de la jornada. Así que empiézala con aquello que te resulte más complejo o aburrido y termínala con aquello que te sea más fácil o motivador. Éxito asegurado.

Fuente: Eroski Consumer.

Foto: erral en Flickr.com.

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