Formador en Prevención de Riesgos Laborales

Entusiasta, dotado de capacidades para la evaluación, especialista en seguridad, y también pedagogo, el formador en prevención de riesgos laborales procura transferir los conocimientos concretos que responden a objetivos precisos.

Normalmente actúan como asesores, aunque es raro que en España un formador en prevención de riesgos laborales se dedique exclusivamente a la formación. Generalmente comparten la función con un papel de asesores en seguridad para una o diferentes empresas.

Esta bipolaridad presenta el interés directo de retroalimentar las formaciones. En efecto, parece difícil para un formador enseñar sobre ámbitos en los que no tenga experiencia. El oficio de asesor, o más globalmente de profesional de la seguridad laboral, permitirá por otro lado al formador basarse en sus experiencias para extraer elementos concretos beneficiosos al contenido de la formación o para ilustrar algunos de sus temas.

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Imagen: ecaformación

Lo más importante de una formación en prevención de riesgos laborales consiste en dotar a las personas de unos conocimientos que llevar a la práctica en su día a día. Es necesario ser muy buenos, tener experiencia en empresas ya sea directamente o a través de servicios de consultoría.

El formador tiene que especializarse en alguno de las distintas posibilidades que existen actualmente. En concreto, en nuestro, país, un técnico superior en prevención de riesgos laborales puede estar especializado en: Seguridad en el Trabajo, Higiene Industrial, Ergonomía y Psicosociología Aplicada. La cuarta es Medicina del Trabajo, que sólo pueden cursar los licenciados en medicina. Según establece el Reglamento de los Servicios de Prevención, para optar al Título de Nivel Superior en Prevención es imprescindible contar con una titulación universitaria, en cualquier disciplina.



El técnico superior en prevención de riesgos laborales debe, por supuesto, «controlar» los temas expuestos, pero no debe descuidar tampoco la manera de transferir el conocimiento. Es preferible tener competencias en pedagogía, en animación para percibir cómo el grupo experimenta las cosas. La pedagogía ayuda también a hacer llegar nuestros mensajes. Aunque hecho de tener una buena capacidad de comunicación no nos convierte en un formador informado. Para ser un buen formador es necesario también hasta asistir a las formaciones a otros, fuera de tu especialidad. Eso contribuye a aportar un mejor nivel en pedagogía.

Otro aspecto importante del formador en riesgos laborales debe ser también la transparencia frente a los alumnos. Es necesario evitar personalizar, individualizar el discurso. Cuando el formador recurre a sus experiencias, es solamente con el objetivo de apoyar sus declaraciones, de clarificar su observación.

Competencias en animación de grupo permiten instaurar una dinámica en la formación adaptando si es preciso el programa para responder a las necesidades del grupo.

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