El retorno del resinero

La resina llevaba en crisis desde los años 60, y en muchos pueblos los resineros habían desaparecido; pero el estallido de la crisis ha llevado a muchos trabajadores a echarse al monte para resinar.

Años 60. España y Portugal lideran la producción mundial de resina, y cada año se extraen de los pinos españoles unas 55.000 toneladas de resina. En localidades como Tardelcuende (Soria), esta actividad da empleo a 94 resineros. Pero entonces llega el éxodo rural, y la inmigración a la ciudad supone el fin de muchos empleos rurales. En Tardelcuende, el último resinero se jubila en 1998.

2008. Llega la crisis, y con ella un crecimiento brutal del desempleo. La gran cantidad de pinos abandonados en nuestros bosques y una demanda de resina cada vez más grande a escala mundial lleva a muchos desempleados a volver al monte para resinar. En 2010 se produjeron 2.000 toneladas de resina, el año pasado se calcula que unas 9.000, y para 2014 las previsiones hablan de llegar a 15.000.

La de los resineros es la historia de muchas profesiones que desaparecieron en el medio rural, pero que han vuelto con la crisis. Aunque está lejos de los niveles alcanzados en los 60, cada vez da empleo a más personas. Por ejemplo, en Tardelcuende esperan pasar de los 12 resineros de la última temporada a 18 en 2014, y hace unos meses vimos que en un pueblo de Jaén se crearán 30 empleos en la recogida de la resina para Resinas Naturales, una de las grandes empresas del sector.

Resinas Naturales tiene su sede en Segovia, la provincia resinera por excelencia; aunque los 130.000 pinos de los montes públicos hacen que la actividad se haya expandido por León, Guadalajara, Extremadura o Andalucía. Eso si, los resineros advierte de que se trata de una profesión dura y que no hará rico a nadie. Cada kilo de resina -un pino da 3 o 4- se cobra a 1 euros, y algunos ayuntamientos se quedan unos 20 céntimos por pino resinado.

Los resineros jubilados se han reconvertido en maestros, y enseñan a las nuevas generaciones a limpiar la corteza de los árboles, colocar una cuña y el pote que recoge la resina, a cambiar las caras del árbol que se resinan o a subir el pote cada año. Además, la presencia de resineros ayuda a reducir el riesgo de incendio.

Para ser resinero basta con un poco de material y un coche. Eso si, hay que echarle horas y horas en el monte, a veces bajo duras condiciones climatológicas o soportando las picaduras de algunos insectos en verano. La temporada de la resina dura unos nueve meses, a partir de la primavera, y el sector lucha por pasar a formar parte del régimen especial agrario.

Vía: El País

Foto: Guadalupe Cervilla

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