¿Se debe dar la educación sexual durante el período de latencia del niño?

La educación sexual ha sido materia de discusión durante muchos años. Algunos piensan que se debe implementar en las escuelas luego de transcurrido el periodo de latencia, pero otros piensan que mientras más pronto se comienze es mejor.

El tema de la educación sexual y todo lo que esta implica siempre será difícil de abordar en las primeras instancias de la vida de una persona. Las personas mayores no encuentran las palabras adecuadas para explicarle a un niño lo que significa el sexo, las relaciones sexuales, lo que son los órganos reproductores en el ser humano y en general, todo lo que tiene que ver con esa palabra que a veces asusta: sexo. Lo que quizá no hayamos advertido es que los del conflicto somos los mayores. En efecto, el niño es una esponja de recepción y si se le brinda la información objetiva y detallada, tal como es en la realidad, simplemente la asimilará sin tomar ninguna postura a tal respecto, es una información que irá a sumarse al acervo de conocimientos que viene acumulando desde que sus intervenciones en este mundo empezaron. El problema viene cuando el adulto trata de sesgar la información o de “editar” las partes que puedan resultar comprometedoras con otros tantos principios que, por desgracia, han venido a entremezclarse con el tema de la sexualidad. Un océano de moralidad por un lado y otro de perversión hacen que este sea un tema de difícil abordaje del que usualmente se encarga la escuela. Al respecto ha habido muchísimas discusiones y desde hace tiempo, en cuanto al momento en que se debe iniciar las enseñanzas de la sexualidad en las escuelas.

Ya desde los años treinta, años en que los tabúes eran tan comunes como las mafias, se venía proponiendo que los temas de índole sexual se impartieran en escuelas desde el tercer año, es decir, encontrando al niño con aproximadamente ocho años de edad. Estas políticas en algunos casos chocaron, como era de suponerse, con la firme posición de la Iglesia respecto de este tema.

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El tiempo siguió avanzando y para la siguiente década ya el tema se había enfrentado frontalmente, ya se empezaba a manejar el término obligatoriedad de educación sexual en las escuelas primarias. Mientras tanto el mundo seguía girando entre guerras y revoluciones sociales y todo pareció estancarse. En regla general, podríamos decir que pasaron varias décadas en que la mejor fuente de información para un púber eran las revistas o cualquier otro medio escrito con el que pudiera hacerse. Por supuesto los amigos mayores también se sumaban a estas fuentes, aunque en muchos casos la timidez frenaba estas consultas, sin mencionar la potencial exposición de estos temas y las consiguientes burlas que podría suscitar. Ese status quo en la enseñanza de la educación sexual se mantuvo hasta la llegada de la Internet, ciertamente hubo algunos pequeños avances en ese tiempo, quizá el acceso a material audiovisual en que las escuelas se apoyaban para exponer los temas de educación sexual, aunque más que nada en el tema de los abortos y de los métodos anticonceptivos. Pero el púber, ciertamente buscaba otra cosa, primero su curiosidad y luego sus hormonas ya empezaban a mostrar curiosidades distintas. En esas instancias es poco probable que un joven se preocupe por un embarazo no deseado puesto que aún depende de sus padres y, mal que bien, saben que ante cualquier dificultad grande, la familia siempre lo apoyará en la resolución de la misma. Por otro lado, el instinto sexual es muy fuerte en el ser humano en esa etapa de la vida, cuando se trata de instintos primarios, el ser humano no cuenta con el legado de años de civilización en el sentido más elevado de esta palabra.


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En este contexto llega la Internet como un enviado del cielo para tantos pre-adolescentes que buscaban enterarse de todos los secretos del sexo. Secretos que por supuesto no eran muchos, pero que eso aparentaban gracias a ese velo de censura que se le puso durante años. Ahora ya no tendrían que enfrentarse a un público que censuraba. No más preguntas a los padres, no más cuestiones a los maestros, no más operaciones especiales para hacerse con alguna publicación o material audiovisual. Todo lo que necesitaban saber estaba en la World Wide Web. Quizá haya tenido que llegar este punto de quiebre para que podamos darnos cuenta de todo el tiempo perdido. El razonamiento es muy simple. Si la educación sexual hubiese llegado en instancias tempranas, los ahora adolescentes no tendrían necesidad de tener como fuente de información a la Internet, con contenidos que van mucho más allá de lo que realmente se necesita saber del sexo. Pero eso no es lo peor. Lo grave del asunto, es que una información tan importante para una persona haya llegado cuando la inocencia ha cedido lugar a la malicia y uno tiende a clasificar subjetivamente los nuevos caudales informativos cuando la sexualidad es un tema de base para cualquier persona, que le va servir en la vida tanto o más que las Matemáticas o el Lenguaje.

Ciertamente hay un gran sector que piensa muy distinto a este respecto y son escuderos del llamado período de latencia en el niño que se extiende desde los seis años hasta los doce años de edad el mismo y que tanto psicólogos como psiquiatras, coinciden en aceptar como el período ideal para la formación de la personalidad del niño. También se señala que en este período los pensamientos sexuales y las fantasías brillan por su ausencia. Es en este punto donde las aguas se dividen y en una orilla quedan los que están a favor de que se imparta la educación sexual en esta etapa y en la otra orilla quedan los que sostienen que una política así podría perturbar el normal discurrir del proceso evolutivo en un niño. Creo que entre el grupo de los que se encuentran en contra de la educación sexual en esta etapa, existe una asociación predeterminada entre sexualidad y perversión puesto que ya dan por sentada una perturbación a partir de un hecho que es parte de la naturaleza humana, algo de que el ser humano hará uso a lo largo de gran parte de su estancia en este mundo, algo que esta al mismo nivel de comer o dormir, una función básica del organismo humano. Ciertamente los niños a esta edad son diariamente espectadores, a través de la televisión, de escenas mucho más perturbadoras como guerras, masacres civiles, noticias de secuestros y violaciones y un largo etcétera. Y el argumento de aquellos no se sostiene firme porque si por un lado señalan que el interés por los temas sexuales es casi nulo durante el período de latencia, ¿Cuál sería el temor de incluirlos en esta etapa a sabiendas de que ningún sesgo o valor moral le serán asignados?

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