Reflexión después de ocho días de colonias

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La semana pasada pude disfrutar de ocho días en una casa de colonias del Parque Natural del Montseny como monitor (educador) de niños y adolescentes de l’Hospitalet de Llobregat. Sin duda, quienes dedicamos parte de nuestro tiempo a la educación de los más pequeños hemos de sentirnos privilegiados, por una parte, y muy responsables por otra.

Una experiencia de ocho días junto con otros niños y niñas de su edad, y bajo unas pautas educativas correctas por parte del equipo de monitores y monitoreas, puede servir de mucho para el desarrollo de ciertos valores y capacidades de los participantes.

Uno de los más importantes en este tipo de actividades es la autonomía. El hecho de adquirir por sí mismos ciertos hábitos -limpiarse los dientes, comer a unas horas determinadas, procurarse la ropa para cada día…- desarrolla la autonomía de niños y niñas, acostumbrados a no hacer nada de lo comentado en su día a día.

Otro elemento esencial es la convivencia y sociabilidad. Actualmente, desde los primeros años de edad, algunos niños y niñas cuentan con problemas de sociabilidad, convivencia con sus compañeros… Las colonias sirven para mejorar habilidades sociales y valores como el compañerismo, altruismo, empatía o iniciativa.

Son muchas cosas las que podrían explicarse alrededor de esta experiencia y de los siete años que he podido compartir con la Asociación Educativa Itaca. Aquí os dejo estas reflexiones para que recojáis lo que más os interese.

Foto: acnatta

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