Los videojuegos y su influencia en los menores

En esta entrada revisamos cómo afectan los videojuegos la educación y la conducta de los menores. Existen cosas positivas también. Sepa cuáles son.

Casi todos nosotros hemos estado alguna vez frente a un videojuego, probablemente unos con más fortuna que otros, aunque el término fortuna se debe interpretar auténticamente, porque hay muchos que nunca se pudieron desligar por completo o siquiera parcialmente de los videojuegos. No digo que estos sean totalmente malos, pero ciertamente puede llegar a convertirse en un vicio.

Yo mismo experimenté estas instancias durante un par de años de mi niñez. En ese tiempo, aún no se sabía nada del Playstation y, honestamente, ni del Nintendo por estos lugares. Era mediados de los ochenta aproximadamente y quien escribe aún era fanático de la televisión, aún no tenía amigos por el vecindario y en vacaciones me la pasaba frente a ala pantalla de mi viejo televisor Sharp, el cual feneció ni bien comenzado el Mundial Alemania 2006. Por aquel 1985 aproximadamente pude conocer a mis primeros amigos del vecindario y la casa de uno de ellos se volvió el punto de reunión de un grupo de cuatro o cinco chicos que teníamos 10 años aproximadamente. La razón era obvia, aquella lujosa casa albergaba una consola de videojuegos llamada Gemini, un clon del Atari 2600 de aquellos años y que no tenía nada que envidiarle.

Trabajaba del mismo modo, con cartuchos, y disfrutábamos largas jornadas de juegos como el Space Invaders o el clásico Pac-Man y sólo hacíamos pausa para almorzar, era un mundo increíble para nosotros y casi no salíamos. Pero eso no fue todo, los fines de semana que íbamos al centro comercial, nos pasábamos un buen rato en el Pinball o Arcade, aquellas consolas grandes unipersonales de videojuegos que trabajaban con fichas. Recién cuando los bolsillos se vaciaban, procedíamos a retirarnos.

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Imagen tomada de Flickr por sameli

Aún hubo más cuando inauguraron uno de estos locales de Pinball a dos calles de mi casa, ahí si que pasaba largas horas, la consola del Gemini fue relegada por la novedad de los últimos juegos en tamaño extra grande. Fueron incontables las veces que mis padres tuvieron que sacarme, literalmente, de aquella dimensión. Al poco tiempo, este negocio cerró por las quejas de los vecinos acerca de los ruidos molestos.



Creo que allí terminó mi experiencia con los videojuegos y ya con 18 años aproximadamente tuve un pequeño coqueteo con el Super Nintendo 2, pero nada grave. Mi tiempo había pasado. Sin embargo, las generaciones actuales disfrutan pasando largas horas frente a un nivel distinto de juegos, con gráficos cada vez más reales y misiones más desafiantes. Incluso los jugadores de fútbol profesionales pasan buena parte de su tiempo libre frente a los Playstation. Todos a la expectativa de los últimos juegos y demás. Parece ser que ahora, los jóvenes son más propensos a ser capturados por lo que estas consolas ofrecen y se está creando un problema social y hasta de salud a partir de estas interminables jornadas de aislamiento. En efecto, la producción y distribución masiva de estas consolas de juego, sumadas al propio mundo que Internet ofrece, están alejando a los niños y jóvenes de los entretenimientos deportivos, en buena cuenta de la práctica de los deportes. Lo fatal del acaso es que la parte social en la vida de estos jóvenes también se ha visto afectada pues muchos optan por jugar solos o en línea, sin que haya una experiencia física compartida.

Los efectos negativos no tardan en aparecer cuando se tienen períodos largos de aislamiento. Lo primero que se puede presentar es la desadaptación social, el no querer compartir momentos mínimos con la familia, como la hora de almuerzo o de la cena, situación que se va agravando cuando el niño entra en la adolescencia y su dominio de hace más difícil. Paralelamente a esto se puede presentar un bajo rendimiento escolar debido a que el niño tiene la coséosla de videojuegos en la mente todo el tiempo y sólo espera llegar a casa para ponerse a jugar. Si tiene tareas las hará lo más rápido posible –muy probablemente mal hechas- para poder reunirse con su “dios”. Conductas violentas también pueden aflorar a partir de una mimetización con los personajes o roles que le toque desempeñar al niño o joven en los distintos video juegos que aplique. Por ejemplo en los juego de luchas o de masacres, que de ejemplos hay de sobra. Otro problema que se está presentando con bastante incidencia son los relacionados a la salud y más específicamente al sobrepeso. En efecto, el niño o joven que pasa horas sentado en la escuela, para luego seguir más horas sentado frente a la consola de videojuego, desarrolla un peligroso sedentarismo, totalmente opuesto a su edad. Esto hace que el gasto calórico sea mucho menor del debido y puede conducir al aumento de peso y llegar hasta la obesidad mórbida que se ha visto en muchos casos.

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Imagen tomada de Flickr por Zicoo

Siendo justos, habría que encontrarle el lado positivo al asunto y decir que los videojuegos representan también otro nivel de aprendizaje, más práctico y experiencial que los estudios tradicionales. Son casos de neta aplicación de experiencia y de reunión de métodos de ensayo y error, algo que acompañó siempre al hombre. Se ha visto en estudios, que los niños o jóvenes casi nunca leen los manuales de los juegos y se zambullen de frente al mismo, disfrutan descubriendo las reglas conforme van avanzando, sienten que es un nuevo desafío para ellos que se suma a los desafíos propios del juego. Les gusta fijarse metas y la consecución de las mismas es tan satisfactoria para ellos como una buena nota en la escuela. Otro gran beneficio de estos videojuegos está del lado psicomotor al desarrollarse una gran coordinación mano-ojo por la destreza que deben ir adquiriendo los niños conforme van añadiendo grados de dificultad en los videojuegos. Finalmente debemos decir que el videojuego puede ser una buena herramienta si se utiliza con diligencia, aquí los padres y tutores deben ser muy claros al momento de explicarle al niño cuál es el mejor uso que se debe hacer de ellos, no descartarlos pero tampoco enviciarse con ellos. Lo que es más, es una actividad más que se puede compartir en familia y hacerlo más divertido aún.

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