Los Simpson y la cultura

Los dibujos animados son parte de la cultura de masas, y esta es probablemente uno de los fenómenos más importantes del siglo XX. El cine y la televisión, como institución social, y las películas y series, como objetos comunicativos concretos, invitan a diversas ciencias sociales a interesarse en ellos. Su posible carácter didáctico suele verse velado por los prejuicios y en la peyorativa denominación “caja boba”. Pero veamos un caso: una niña de 10 años mira entretenidamente un episodio de Los Simpson en el que el personaje de Lisa lee un cuento de Edgar Allan Poe titulado El Cuervo. Al finalizar el episodio, la curiosidad infantil la guía hasta la pequeña biblioteca hogareña de su casa y por fortuna, halla un libro de Historia Extraordinarias de Allan Poe. Al pasar los años, Allan Poe vuelve a hacer su aparición en la serie. La niña, ya no tan niña, recuerda aquel libro y partir de allí, se convierte una ferviente seguidora del padre de los relatos de misterio.

Los Simpson

Este caso es real, y no es el único. Muchos niños, jóvenes e incluso adultos han descubierto grandes obras universales gracias a Los Simpson. Si bien el nivel de interés puede variar según las características de cada espectador, no se puede negar que aquí se presenta el fenómeno denominado “democratización cultural”. Este término fue aplicado por los dos grandes filósofos alemanes de la Escuela de Frankfurt, Theodor Adorno y Max Horkheimer, en su libro Dialéctica del iluminismo (1947) tratando el tema de la Industria cultural. ¿Y qué es la democratización cultural? Es la cultura al alcance de todos mediante una difusión popular, haciendo posible el encuentro entre la obra y el público, y esto es algo que puede hallarse en Los Simpson.

El poder de alcance de los nuevos medios a las masas provoca discusiones y debates en torno a muchas cuestiones, como la adaptación de obras literarias a medios audiovisuales. Esto posibilita la propagación y hegemonía de una cultura popular masiva constituida en esos medios, en contraposición a la “alta” cultura reservada a ámbitos cerrados y de circulación limitada. El cine y la televisión, dispositivos dominantes en la industria del entretenimiento, consisten en impulsar las formas icónicas de representación a un papel preponderante dentro de los discursos masivos, y justifican la frase tan repetida de “civilización de la imagen” con el que varios intelectuales caracterizan la cultura de nuestros días.


Si se toma como caso específico a Los Simpson, desde sus inicios ha llamado la atención cómo las parodias y homenajes que realiza la serie hacen llegar a las masas obras consagradas, clásicas y contemporáneas, sufriendo la modificación de ciertos elementos a fin de respetar las leyes de su género, pero sin perder su carácter original, lúdico e incluso didáctico. La idea de que el cine de animación está reservado para el espectador infantil es errónea y Los Simpson representa el mejor ejemplo. Creados por Matt Groening en 1987, hicieron su debut como un sketch de menos de dos minutos en “El Show de Tracey Ullman” y terminaron consolidándose como serie autónoma en 1989, hasta el punto de convertirse en una serie de culto y un exponente indiscutible de la cultura de masas. Los Simpson son la viva imagen de la típica familia norteamericana llevada a los máximos extremos: un padre torpe e inculto, una orgullosa ama de casa, un hijo desobediente y travieso, una hija intelectualmente ignorada y una infante hiperactiva. Pero la autocrítica va más allá de estos componentes, insertando a la familia en situaciones de toda índole sin temor a resaltar el carácter paródico que los caracteriza.

Los Simpsons parodias

Si bien el desarrollo de la televisión ha creado las condiciones técnicas para una elevación del status social de los dibujos animados, lo curioso de Los Simpson es la reiterada apelación a producciones artísticas clásicas y contemporáneas bajo la forma de la parodia u homenaje. Ninguna otra serie televisiva de dibujos animados ha producido relecturas de textos artísticos como lo han hecho ellos, representando a William Shakespeare, Edgar Allan Poe, Tennessee Williams, Orson Welles, Alfred Hitchcock, Stanley Kubrick y Francis Ford Coppola, entre otros. Obras tales como Hamlet, El Cuervo, Un Tranvía Llamado Deseo, El Cuidadano (Citizen Kane), La Ventana Indiscreta (The Rear Window), El Resplandor (The Shinning) y Drácula han sido bienvenidas por las masas, aplaudidas por los cinéfilos y admiradas por los intelectuales.

El nivel de convencionalidad de la serie animada y la naturalización de su lenguaje le permite al espectador recibir una representación audiovisual única de, por ejemplo, el poema El Cuervo de Allan Poe, traducida al “universo simpsoniano”. Asimismo, ver al siniestro personaje Charles Montgomery Burns agonizando en su lujosa cama y dejando caer de su débil mano una esfera de cristal, recuerda la escena de la muerte del poderoso Charles Foster Kane (El ciudadano, Orson Welles, 1941), pero junto a una caja repleta de “esferas de nieve irrompibles” y rodeado de otras ya rotas. En el episodio Simpsoncalifragilisticoexplaladoso es el personaje de Sherry Bobbins quien hace referencia a Mary Poppins (Robert Stevenson, 1964) no sólo en la similitud fónica, sino también en la reproducción de sus atributos y su rol de niñera; lo mismo ocurre en Homer contra la enmienda dieciocho (Homero contra la prohibición versión latinoamericana) con el personaje de Rex Banner (Elliot Pess en Latinoamérica), parodiando al famoso Elliot Ness, personaje real que inspiró la serie de televisión Los Intocables y la película (Brian de Palma, 1987).

Los SimpsonLos SimpsonLos Simpson

La selección de elementos pertenecientes al texto artístico original y la traducción a su propio lenguaje icónico le permiten a la serie brindarle al espectador una relectura de estas obras y muchas más. Los cambios, alteraciones y/o mutilaciones de la obra original operan en virtud de una adaptación verosímil dentro del universo ficcional de la serie, agudizand el efecto lúdico y paródico. Pero Los Simpson no se limitan a las relecturas. Las historias que han introducido en la pantalla y en los hogares de los espectadores merecen la misma admiración. En sus casi dos décadas en el aire, sus producciones han tocado temas que nadie se hubiese atrevido a tocar, ni mucho menos representar en una serie de dibujos animados apta todo público (adulterio, homosexualidad, drogadicción, etc.). Los Simpson hicieron más inteligente a la denominada “caja boba”, definieron el humor de una época y demostraron que disfrutar de la “alta cultura” y la “cultura popular” no es una contradicción.

Si bien la popular serie acerca a las masas muchas grandes obras universales, luego será decisión de los espectadores indagar en la existencia de éstas o mantenerse pasivos. De todas formas se percibe como un diálogo entre dos momentos culturales distantes en el tiempo, conjugados en una elaboración original, lúdica y, sobre todo, didáctica.

Imágenes: Ann

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