Los malos hábitos en el niño

En esta entrada veremos cómo los malos hábitos influyen en el comportamiento del niño y cómo un simple tic puede ser reflejo de un trastorno subyacente.

Los padres del niño muchas veces tienen que liar con ciertas conductas o malos hábitos de éste. A veces son simplemente hechos pasajeros pero a veces pueden ser reflejo de un problema subyacente por el que está pasando el hijo. En mi caso personal, recuerdo haber pasado también por esta etapa aproximadamente entre los ocho y los diez años de edad. De pronto y sin razón aparente, comencé a sentir una especie de escozor o de molestia en todo el torso, con mayor incidencia en espalda, hombros y cuello. Esta sensación me hacía ejecutar un movimiento propio del baile del Breakdance que, por mera casualidad, justamente estuvo de moda por aquellos años. Tiraba hacia delante los dos brazos al mismo tiempo con una sacudida enérgica, generando la fuerza del movimiento desde la zona abdominal. Además de este movimiento también movía el cuello en un movimiento similar al que se realiza cuando se acaba de cortar el cabello y siente picazón en la nuca. Estos movimientos eran prácticamente involuntarios y sorpresivos y pasó algún tiempo hasta que dejar de hacerlo de buenas a primeras. No faltaban las llamadas de atención de mis padres pero fue espontáneo el abandono de este tic.

Imagen tomada de Flickr por canovix

Otro mal hábito que tuve y que sí es más común en los niños fue el de comerme las uñas. También llamado onicofagia No sé en qué momento adopté la actitud pero me parece recordar que fue por imitación de uno de mis compañeros de escuela que era un líder dentro del aula. A veces sucede esto y todo el buen ejemplo que se tiene en casa por años, se puede venir abajo en cuestión de minutos cuando un niño quiere imitar a uno de sus compañeros. Lamentablemente esto es inevitable y los psicólogos lo catalogan dentro del desarrollo normal por el que discurre la formación del niño en cuanto a su entorno. Sin embargo, en el caso particular del mal hábito de comerse las uñas, esto puede acarrear algunos problemas de salud.


Para empezar, estamos hablando de un tema de higiene y máxime en los niños que constantemente juegan en el suelo o están cogiendo todo tipo de objetos y juguetes que contienen microbios y además el lavado exhaustivo de las manos no es algo que les quite el sueño. Estos microbios pueden quedarse entre las uñas y ser tragados por los niños que se las comen provocando enfermedades.

Por otro lado se habla de una deformación de la dentadura y de la oclusión al estar constantemente mordiendo la superficie dura de las uñas. Sin embargo y siguiendo en este caso particular, puede subyacer otro tipo de problema en el niño. Los estudios muestran que un 40 % de los niños y jóvenes de entre 5 y 18 años de edad recurren a este hábito por nerviosismo propio de un estado de ansiedad. Esta ansiedad al parecer se da por el día a día de las clases en la escuela, hay gran expectativa por su rendimiento y por la evaluación que tendrán. Se ha visto que este hábito se intensifica en períodos de exámenes también. También se postula que el morderse las uñas es un mecanismo de desfogue que tiene los niños que no pueden manejar de otra forma el stress propio de su edad. En ese sentido se recomienda no hostilizarlos todo el día para que dejen de practicar este hábito. Se recomienda hablar con ellos y hacerles ver que esto puede acarrearle los problemas descritos en el párrafo anterior. Por otra parte, los padres y tutores deben estar atentos porque puede tratarse de una conducta subyacente más grave.

Imagen tomada de Flickr por jaguar 404

En efecto, hay casos en que los niños realizan este efecto con especial compulsión, como si quisieran terminar de comerse el dedo completo. Otros incluso no paran hasta que sangran. Este nivel puede ser el indicador de un cuadro de ansiedad más grave o de un desorden de la conducta en cuyo caso es recomendable la intervención del psicólogo para efectuar el descarte correspondiente. Algunos incluso recomiendan untar ciertas sustancias en los dedos del niño como disuasivo para remediar el problema. Sin embargo esta medida sólo puede equivaler a barrer la basura dentro del refrigerador. Los especialistas indican que el caso particular de comerse las uñas es un tic de larga duración que puede durar varios años, así que hay que ser paciente en este caso. Sin embargo, existen muchos otros tics, sobre todo faciales que van y vienen espontáneamente y que suelen desaparecer en semanas por lo que no deberían representar mayor preocupación para los padres. Como recomendación general, podemos decir que los padres deben intervenir con decisión cuando vean que el mal hábito está afectando la salud y el comportamiento del niño o que es la consecuencia de un problema de fondo más grave. Por otra parte, es mejor hablar con ellos en privado y no ridiculizarlos delante de otras personas.

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