Los favoritismos llegan a la oficina

El enchufe es algo que ha existido desde tiempos inmemorables en el mercado laboral: acceder a una vacante, a un ascenso, a un aumento de sueldo, sólo por ser «el hijo de o el amigo de». Cuando los favoritismos son la carta de presentación de candidatos incompetentes, el resto de compañeros puede sentirse frustrado e irascible. Para afrontarlo lo mejor es centrarse en los puntos fuertes propios y pensar que el personal cualificado siempre seguirá siendo valorado por las empresas.

enchufado

«No lo entiendo. No tiene ni idea de …, siempre llega tarde y se aprovecha del trabajo que hacemos los demás. ¿Cómo han podido contratarle?.»
-«No le des más vueltas. Es el sobrino del subdirector».

Este diálogo refleja parte de la incomprensión y frustración que viven algunos trabajadores cuando descubren que en su empresa más de uno ocupa un asiento inmerecidamente, puesto que ha sido colocado allí a dedo. Si el enchufado es incompetente y está en el mismo nivel jerárquico, siempre jugará con ventaja a la hora de optar a ascensos o aumento de sueldo, si es un superior tendrá desorientado al equipo sin darles instrucciones coherentes, si es una persona bajo supervisión será difícil hacerle críticas y que esté abierto a correcciones. Estas situaciones pueden generar gran impotencia en aquellos que trabajan junto a alguien cuyos méritos son «ser familiar o amigo de» y cuyo quehacer profesional deja mucho que desear, sobre todo si tienen que estar continuamente subsanando sus errores, esperando en segunda fila a que le asciendan, etc.

Mas esto no es un asunto de ahora, el enchufe siempre ha existido y siempre existirá. Hace unas décadas la mayoría de aprendices eran colocados en el taller del amigo de sus padres, en la empresa del vecino Sr. Pérez, etc. Hoy el amiguismo adopta formas más sutiles que se concretan en las comidas de negocios, o en el «pásate por mi despacho a saludarme», pero sigue sustentándose en el mismo principio de dar un privilegio a alguien simplemente por el hecho de conocerle. En la actualidad, el favoritismo se adapta a las tecnologías del siglo XXI y se sirve de Internet como instrumento para crear las llamadas redes de contactos (networking), que son una vía más de adentrarse y avanzar en el mercado laboral con el «apadrinamiento de alguien del sector».

Es una realidad tan atemporal y extendida que no sólo aparece en el terreno laboral, sino que tiene presencia en múltiples momentos de la vida cotidiana de los que todos, absolutamente todos, alguna vez hemos disfrutado: adelantar una cita médica, conseguir dos entradas gratis, descuentos en productos, acceder a un lugar sin esperar cola, etc., todo por mediación de amigos o conocidos. Podrían parecer cosas sin importancia para el que se beneficia de ello, puesto que el problema cobra mayores dimensiones para el que padece el enchufismo, para el que ve cómo otro le usurpa de manera injusta algo en lo que ha invertido tiempo y esfuerzo.



En honor a la verdad y volviendo al tema del trabajo, hemos de decir que también existen candidatos que, sumado a un currículum excelente y una cualificación destacada, acuden a la entrevista (informalmente concertada de antemano) con el añadido de «venir de parte de…», «traer saludos y recuerdos de…» o «ser el hijo de…». Es decir, que no dudamos de que haya gente que además de por favoritismo esté trabajando por méritos propios, y que ser predilecto le haya servido para sumar fuerzas. Pero el artículo de hoy queremos dedicarlo a los enchufados, sin destrezas ni competencias suficientes para desarrollar sus funciones en el día a día.

Este último tipo de privilegiados ineficaces pueden llegar a angustiar y quemar al empleado de los de «con el sudor de tu frente» que se ve obligado a compartir oficina diariamente con ellos. Si has sufrido o sufres las consecuencias nefastas de que enchufen a alguien negligente delante de tus narices, quizá puedan ayudarte algunas de estas pautas que a continuación pasamos a comentarte:

  • Renuncia a hacer de tu trabajo un eterno territorio de lucha y competición.
    Nadie niega que sentirse atado de pies y manos y asistir al desfile de privilegios que disfrutan otros es sumamente frustrante, pero concentrarse en detectar todos y cada uno de los detalles (preguntando a terceros, contrastando rumores) que corroboran que hay amiguismos es una tarea agotadora que te estresará y hará que tu mente se focalice día tras día en lo injusto, lo cual te hará sentir más impotente todavía. Por otra parte, algunos jefes pueden acusarte de contaminar el ambiente y verter rumores y comentarios despectivos sobre el apadrinado, con lo que la situación se volverá más en tu contra.
  • Potencia tus cualidades.
    Expresa tu malestar fuera del trabajo con amigos o familiares que estén fuera del entorno laboral, apóyate en ellos. No obstante, en algunas ocasiones la injusticia te afectará muy de cerca y verás pasar el ascenso que te habían prometido o los incentivos que pediste, mientras te argumentan que es cuestión de esperar al año que viene, cuando tú sabes que el enchufado se te ha adelantado. En ese caso, aunque parezca que poco puedes hacer, al menos concédete el derecho a expresar tu inconformismo. Aun sabiendo que eso no hará cambiar las cosas en el aspecto práctico, te hará sentir mejor contigo mismo.
    Cuando vayas a hablar con tu jefe, el foco principal has de ponerlo en tus competencias, no en los déficit del favorecido. Ocúpate de que se valoren tus puntos fuertes, de aportar nuevas ideas y opiniones. La clave no es reclamar los privilegios que le están otorgando al otro por influencias, sino en reivindicar los tuyos propios, que no son más que la recompensa a tu trabajo. Evita en la medida de lo posible hacer alusión a tu compañero, pues serás tachado de envidioso.
  • No tires la toalla, la gente cualificada es indispensable.
    Si bien es cierto que mires a donde mires se ve el rastro de los que jugaron con ventaja, tanto en la empresa privada como en la pública, también lo es que las compañías quieren personas productivas y capaces; y si los protegidos no dan la talla, acabarán siendo excluidos de las decisiones importantes, aunque eso sí, seguirán apareciendo a tomar café, calentar la silla y extender la mano a final de mes./li>

Foto: Sebatico

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