Los códigos de comunicación entre padres e hijos

En esta entrada conoceremos la importancia de la comunicación en el hogar y cómo otras áreas del desarrollo del niño se pueden ver afectadas

Uno de los aspectos más importantes en el normal desarrollo del niño es la comunicación que pueda haber en el seno de la familia. Muchas veces, los padres pueden caer en el error de infravalorar este punto sin darse cuenta que un mal funcionamiento en esta área, se irradiará hacia otras áreas del niño como la autoestima por ejemplo. Un niño que percibe que no tiene buena llegada a sus padres o viceversa, se sentirá menos y probablemente le cueste mucho llegar a convertirse en una persona segura de sí misma, que sepa tomar decisiones y que forme una personalidad sólida. Una comunicación pobre también se puede irradiar hacia la esfera social del niño y puede imitar la forma de comunicación mínima que encuentra en su propia familia. De esta forma tendría dificultades para interrelacionarse con sus compañeros de escuela y difícilmente podría convertirse en un líder. Por otra parte, una falta de comunicación en casa podría acarrearle problemas al niño en su misma integridad física, porque si ve que en su casa no tiene el apoyo y escucha de los padres, podría ser presa fácil de algún extraño que se le acerque ofreciendo su amistad con segundas intenciones.

Imagen tomada de Flickr por martinsjonathan

Como vemos, el riesgo de una mala comunicación en casa, puede ser muy grande como para tomarlo. Por cierto que, a través de un proceso de comunicación efectivo, podemos llegar a conocer mejor a nuestros hijos, hacerlos felices y hacernos felices nosotros en el proceso. Una buena comunicación, también supondrá una relación abierta entre padres e hijos que van a crear un sólido vínculo de confianza entre ellos, los problemas se van a debatir y se van a encontrar soluciones conjuntas a los mismos.


Dos cerebros piensan mejor que uno y no se debe tomar los razonamientos del hijo a la ligera. Recordemos y tengamos siempre presente que los tiempos van cambiando y lo que fue válido para nosotros en su momento, no necesariamente es válido para el hijo en su propio tiempo. Los códigos sociales pueden ser muy distintos y lo que para nosotros puede resultar prudente, para nuestros hijos puede resultar vergonzoso. Esto puede hacerse evidente en el tema de los permisos, cuando el niño ya está listo para salir a divertirse con sus amigos en las afueras del hogar.

Más allá de la palabra comunicación, debemos ser conscientes de lo que un buen diálogo supone. Aquí los padres deben ser especialmente cuidadosos en encontrar el punto de equilibrio ya que pueden incurrir en dos errores muy puntuales que pueden ser el diálogo por exceso o el diálogo por defecto. Ambos casos pueden suponer que los hijos se alejen de los padres en términos de comunicación y ojo que los padres pueden tener la mejor intención en su propuesta pero esto no quiere decir que se haya elegido el mejor camino. Veamos. En el caso del diálogo por exceso, los padres incurren en la vehemencia y asumen posturas verticales y de dictado de todo tipo de normas y comportamientos. En le proceso, evidentemente, se pierde la propuesta o sugerencia o sentir del niño respecto de cómo marchan las cosas, el padre no cae en auto análisis y por otra parte tampoco recibe críticas. Entonces la comunicación marcha sin brújula y no se sabe si anda bien o anda mal. Esto hace que los padres –casi sin darse cuenta- vayan cayendo en el terreno de la interrogación constante y el sermón infaltable.

Imagen tomada de Flickr por paolita iris

Como resultado de esto, el hijo termina asfixiándose y más bien buscará que evitar o minimizar las conversaciones con sus padres. El otro enemigo sería el diálogo por defecto en que los padres no conversan mucho con sus hijos, no se dan el tiempo necesario para escuchar sus problemas o inquietudes o siquiera sus comunes curiosidades. Esto puede conducir a los padres a constantemente estar minimizando los problemas del hijo y caer en las frases cortas o los monosílabos que no dejan espacio para el diálogo. Frases como “ya pasará” o “mañana será otro día” pueden ser importantes pero deben ir acompañadas antes de una escucha de los problemas, de lo contrario el niño percibirá que poco o nada le ha importado a sus padres los problemas que él tiene. Por eso hacíamos notar la importancia de ubicar el punto de equilibrio entre el diálogo por exceso o por defecto y quizá el arma fundamental aquí sea el silencio que puedan hacer los padres. En efecto, el silencio ayuda a que el hijo se explaye y pueda exponer lo que desea, implica respeto hacia el interlocutor y da una imagen clara de tolerancia hacia el mismo. Incluso se pueden enriquecer estos espacios con el lenguaje corporal como abrazar fuerte al hijo o darle una palmadita en la espalda haciéndole sentir la solidaridad hacia sus problemas.

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