Las jornadas laborales prolongadas y la salud

Es sabido que las jornadas de trabajo no siempre empiezan y terminan con los horarios pactados en los contratos de trabajo o convenios colectivos que engloben nuestra actividad; la mayoría de las veces las horas extra son un denominador común y la jornada que prometía ser de 40 horas semanales, se incrementa, y mucho.

Exceso de trabajo

Cada vez que nos encontramos en la búsqueda de empleo, hay cuestiones determinantes si acaso se nos presentan varias ofertas y podemos elegir con cuál quedarnos. Probablemente, el aspecto que nos resulte más importante a primera vista y sobre el cual realizaremos la elección esté determinada por el salario.

Cuanto mayor sea el salario prometido, mayor será nuestro interés por obtener y conservar el empleo, aunque muchas veces signifique dedicar más tiempo y esfuerzo para permanecer el él.

Aunque existen otros aspectos que, dependiendo de cada uno, pueden tener mayor importancia que el aspecto económico, por ejemplo, si eres un profesional querrás que en la empresa donde trabajes tengas la posibilidad de ir progresando y construyendo tu carrera profesional.

En ocasiones, las empresas tienen ya formulado un plan de carrera para los profesionales que se incorporan a sus filas y si bien la posibilidad de ascenso es real, en ocasiones requiere de una mayor dedicación e inversión de horas de trabajo para conseguir las promociones.

En otros casos y para determinado tipo de profesionales o personas, los valores que se representen en el lugar de trabajo y las actividades más o menos nobles a que esté dedicada la empresa, serán determinantes.


Pero, para un grupo de personas que no es menor la extensión de la jornada de trabajo es la condición número uno para aceptar o no el trabajo; en este grupo de personas están las madres de niños pequeños, estudiantes y personas con doble ocupación, que, en muchos casos, combinan la docencia con otros empleos.

En cualquiera de estos casos no existe la posibilidad de extender las jornadas laborales y, probablemente es por esta razón que son los colectivos de población que más dificultad encuentran a la hora de insertarse laboralmente.

El condicionamiento de horarios es un punto muy negativo para las empresas que necesitan disponibilidad full time de sus trabajadores para poder disponer de ellos en los casos que se les requiera, aunque no paguen los suficiente por tal exclusividad.

Es sabido que las jornadas de trabajo no siempre empiezan y terminan con los horarios pactados en los contratos de trabajo o convenios colectivos que engloben nuestra actividad; la mayoría de las veces las horas extra son un denominador común y la jornada que prometía ser de 40 horas semanales, se incrementa, y mucho.

Trabajador cansado

De hecho, según un estudio del Observatorio de Riesgos Psicosociales de UGT, el 22% de los trabajadores realiza una jornada de trabajo superior a las 40 horas semanales y, muchas veces, estos excesos quedan plasmados en sus contratos de trabajo o convenios.

Pero la mayoría de las veces, la sobrecarga en la jornada se enmascara como “horas extra” que difícilmente puedan ser vistas como “optativas”, pues el trabajador se siente obligado a realizarlas por miedo a perder su empleo, no conseguir un aumento o no ser tenido en cuenta para futuros ascensos.

Esta realidad es el pan de cada día de los trabajadores de cualquier empresa o industria de todos los ramos, en todas sus áreas o departamentos. No distingue la cualificación y concierne tanto a profesionales como operarios, directivos como peones.

El informe a que hacemos referencia analizó más de 4.000 puestos de trabajo en diferentes áreas, y fue así como logró revelar que los excesos de jornada son muy comunes.

Pero existe un sector en el cual estos excesos son prácticamente, moneda corriente, por su habitualidad: los sectores como las telecomunicaciones, la seguridad privada, las industrias cárnicas y la cerámica, son las que más horas exigen a sus trabajadores.

La tendencia a alargar la jornada laboral de los trabajadores por medio de horas extraordinarias o el uso de formas de trabajo flexibles que «enmascaran» la duración de la jornada es una realidad y muchos trabajadores así lo afirman.

Trabajador estresadoQuienes han reconocido que trabajan “mucho más” que 40 horas semanales utilizando la modalidad de sobrecarga “horas extras”, son el 81% de los trabajadores encuestados.

Así, las horas extras y el empleo por turnos rotatorios son dos de las herramientas que las empresas utilizan para conseguir de sus trabajadores más horas de trabajo que no siempre se traducen en productividad y que, por el contrario de lo que afirman los empleadores, sólo logra trabajadores cansados y estresados.

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), unos 600 millones de personas trabajan más de 48 horas a la semana, sufriendo por esta causa daños en la salud y graves trastornos, como el estrés, la fatiga, desórdenes del sueño, lesiones musculoesqueléticas o enfermedades cardiovasculares y mentales.

Todos trastornos frutos del exceso de trabajo y falta de descanso físico y mental al que muchas veces tenemos que agregarle la falta de vacaciones reales.

Siguiendo con los datos aportados por el informe, dentro del 22% de los empleados que tienen una jornada laboral excesiva, el 77% presenta un elevado nivel de estrés, el 6% ha sido víctima de comportamientos violentos o conflictivos y el 1% muestra síntomas de «sentirse quemado» en el trabajo.

Entre los síntomas más frecuentes que los trabajadores encuestados reconocen tener se encuentran el cansancio y la fatiga (47%), problemas para conciliar el sueño y sensaciones de irritabilidad y tensión permanente (35%), además de dolor de cabeza (32%) y dificultades para concentrarse en el trabajo (29%).

El problema mayor de la sobrecarga horaria es el empeoramiento de la salud y de ello hemos hablado mucho: el estrés, la ansiedad y la depresión provocada por el exceso de trabajo es una frecuente causa de bajas laborales, lo cual parece, a simple vista, una contradicción.

El exceso de trabajo no promueve la productividad, sino todo lo contrario: el trabajador agotado por las interminables jornadas laborales no alcanza a recuperarse y día a día su rendimiento decae, así como su atención y prestación en su trabajo. Sus defensas bajan y comienza a enfermarse más de la cuenta, aparece el ausentismo y el trabajador estrella ya no es tal, por culpa del mismo empleo.

Esta realidad se presenta tanto en hombres como mujeres, aunque, según cifras del relevamiento de la UGT, los hombres realizan jornadas laborales más largas que las mujeres, la verdad es que esta cifra se limita a la carga horaria del puesto de trabajo en relación de dependencia y no tiene en cuenta las horas de trabajo que una mujer invierte en el hogar y que significan una doble jornada.

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