La práctica de los deportes no debe ser subestimada dentro del desarrollo del niño

En esta entrada veremos la importancia que tiene el deporte en el desarrollo del niño y el papel que cumplen los padres en este escenario.

Desde hace ya algunos años, los pediatras vienen señalando que la práctica del deporte por parte del niño es más que necesaria. En efecto, en décadas anteriores se veía a la práctica de los deportes, como algo meramente recreativo, incluso era considerado bajo el rótulo de ocio. Pero nada más alejado de la realidad. Lo cierto es que la práctica del deporte trae consigo muchos beneficios físicos y también mentales. Es por esto que de un tiempo a esta parte, se han convertido en el interés de la comunidad médica que los incluye en sus recomendaciones cuando del desarrollo normal del niño se trata. Ciertamente la tarea no es fácil ya que la modernidad nos ha traído muchas comodidades, quizá muy de golpe, lo que ha hecho que el deporte sea dejado para la última instancia. Muchos niños invierten su tiempo libre en los videojuegos o pasan horas frente a la televisión. El ordenador y la Internet no se quedan atrás y también copan una gran parte del tiempo de los niños.

Imagen tomada de Flickr por mherrero

Los padres deben saber cómo vencer este obstáculo y conjugar todas estos recurso de los que dispone el niño para hacerle un espacio al deporte. Los especialistas señalan que la mejor forma de llevar a cabo esto es con el ejemplo. En efecto, desde temprana edad, el niño se da cuenta de lo que hacen sus padres y copia el molde que ve en casa. Si ve que sus padres pasan la mayor parte de su tiempo frente al ordenador o echados en cama viendo televisión, será normal que ese niño, adopte también una actitud sedentaria. Por otra parte, si ve que los padres gustan de acudir a algún club o de practicar algún deporte, el niño se interesará por la práctica de algún deporte también. Muchas escuelas piensan en esta forma y se encargan de organizar torneos de padres de familia, lo cual es una gran medida en el fomento del deporte por parte del alumnado. Estos campeonatos, generalmente son enfocados de manera integral, de manera que el niño también participe.



Es común que estos campeonatos se realicen los días sábados con la participación de los niños en diversas competencias y disciplinas deportivas. Es bueno darles este abanico de posibilidades para que ellos vayan eligiendo la disciplina en la que mejor rinden y en la que más cómodos se sienten. Esto hace que su autoestima se eleve y su personalidad y confianza en sí mismo se desarrolle. Mientras esto sucede, sus padres están en la tribuna alentándolos en todo momento, estrechando de esta forma el vínculo entre la familia y el deporte. Terminada esta etapa se premia a los mejores y se estimula a los demás a seguir superándose para las siguientes competencias. En seguida, empieza el torneo para los padres. Quizá es una de las partes más emocionantes para los hijos, ver a sus progenitores en acción, los alientan y organizan barras para motivarlos. Es muy importante aquí el ejemplo de los padres y su espíritu de competencia no debe llevarlos a las escaramuzas que se pueden presentar en los deportes donde hay mucho contacto físico como el fútbol o el basketball.

Imagen tomada de Flickr por baseballsick

Cuando los padres están en acción, deben recordar en todo momento que son el ejemplo y el juego limpio debe ser prioritario. Los niños entonces, van aprendiendo, en paralelo con el deporte, la puesta en práctica de valores como la solidaridad y el compañerismo junto con el respeto hacia el rival. En cuanto al deporte, es importante también que los padres no fuercen al niño a la práctica de alguno en particular. Deben dejar que los pequeños elijan el deporte que más les guste o en el que sientan que mejor van a rendir. Los primeros años de la vida del niño son fundamentales, pues su aparato psicomotor está en pleno desarrollo. Antes de los siete años, las coordinaciones básicas se están dando y es una etapa ideal para que padres e hijos se reúnan en el parque a jugar. Es a partir de los siete años de edad que el desarrollo psicomotor coge otra velocidad y es recomendable la práctica de deporte más específicos, siempre de acuerdo a las características de cada niño.

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