La figura del castigo

En esta entrada daremos nuestro punto de vista aceca del castigo como figura dentro de la educación dle niño.

No recuerdo con exactitud en qué consistió mi primer castigo, por consiguiente, no debió haber sido muy severo al punto de crearme un trauma, lo cual no quita que haya hecho más de una diablura de niño. Creo que lo que se debe juzgar antes de un castigo es la intencionalidad del niño. En efecto, los padres deben estar atentos a la motivación del niño para hacer tal o cual cosa, ser un poco detectives e investigar cuál es el móvil –como dicen los investigadores- de la travesura o mala crianza. Si se detecta que es una simple travesura se debe hablar con el niño y hacerle entender las consecuencias que pueden degenerar a partir de una simple broma o travesura hecha sin intención de hacer daño.

Del mismo modo, si los padres detectan un atisbo de maldad, mala fe o el gusto de su hijo por causar algún tipo de sufrimiento, inmediatamente debería haber un castigo ejemplar para ese tipo de conducta. Por supuesto no se debe dejar de hablar con el niño y explicarle el por qué del castigo o la medida disciplinaria. Por otra parte, puede darse el caso de que la travesura del niño haya sido por el simple hecho de llamar la atención de sus padres, en ese caso el castigo debería ser para los padres mismos ya que su abandono o desatención han creado este mecanismo de autoayuda del niño que por cualquier medio busca reconocimiento.

llanto-por-secondscreenings.jpg

Imagen tomada de Flickr por secondscreenings

En este último punto, es importante hacer notar que, la figura del castigo debe tener su antítesis. En efecto, como todo en el universo, debe existir la parte positiva del asunto, algo que, por lo general, siempre queda de lado. En este caso, referido al castigo, debe haber una actitud de recompensa cuando el niño alcanza ciertos logros o presenta determinados comportamientos que indican su crecimiento y madurez.



Quizá sea muy pronto para efectuar un diagnóstico de la conducta asumida por el niño ya que ésta puede ser de carácter pasajero, pero mucho depende de los padres el que estas buenas conductas y costumbres se hagan más constantes y finalmente se vuelvan hábitos permanentes. La manera de conseguirlo es relativamente fácil. Por ejemplo, si los padres llegan a casa y ven que su hijo a hecho la tarea de la escuela y s encuentra viendo televisión, se le debe reconocer la actitud responsable que ha tenido al culminar primero con sus deberes antes de pasar a la diversión. Del mismo modo se le puede resaltar la disciplina y el método que él mismo ha conseguido. Incluso una tarea simple de fin de semana como tender la cama por su propia cuenta, debe ser destacada en el niño. El refuerzo positivo que se alcanza con estos simples comentarios en la mesa, marcan un tremendo estímulo y avance para los niños.

Analizando el castigo mismo, como método, podemos decir que es un último recurso, cuando el niño no entiende razones y continúa comportándose mal. Para esto, debe haber habido una serie de recomendaciones y llamadas de atención acerca de lo que una buena conducta debe ser. Bajo ningún punto de vista se debe amenazar al niño ya que esto sólo creará miedos durante su desarrollo y podemos crear una persona insegura. Lo que si debe haber es explicaciones, por qué esto es bueno y por qué esto otro no, cuáles son las consecuencias que se pueden derivar de ciertas conductas y como penaliza esto la sociedad adulta en sus sistemas judiciales. Si el niño persiste en malas conductas será hora de aplicar un castigo, castigo que por cierto debe ser bastante meditado. La decisión debe ser tomada con la cabeza y no con las entrañas. Es recomendable en esos momentos, mandar al niño a su cuarto y dejar que pasen unos minutos hasta que la cabeza este fría y pueda pensar con mayor lucidez acerca de cuál será el mejor castigo para el niño.

Los criterios del mismo no se deben referir a qué medida le causará mayor dolor al niño sino qué medida le será más útil al niño para darse cuenta de su mala actitud. Esta medida debe permitir una conciliación en el tiempo entre padres e hijos, un castigo que le permita reflexionar al niño y lo invite a conversar con sus padres para encontrar una solución al mismo.

grito-por-familia-romero-tello.jpg

Imagen tomada de Flickr por familia Romero Tello

Otra consideración acerca del castigo, es que éste, bajo ningún concepto debe trascender al ámbito físico y, siendo más estrictos al ámbito violento en general. Por ejemplo, muchas veces los padres lanzan gritos hacia el niño sin darse cuenta que esto constituye una clara agresión sin que haya necesidad de contacto físico. Las buenas relaciones se cortan, el ambiente se crispa y no hay buena voluntad de resolver las cosas por ninguna de las partes. Se asumen posiciones ofensiva y defensiva respectivamente y se crean resentimientos en el niño. A nadie le gustan las relaciones verticales basadas en el poder absoluto. Esto crea miedo en el niño pero hace poco por que éste reflexione en su mala conducta que debería ser el objetivo de los padres. Del castigo físico ni hablar. Es claro que si éste se da, el niño crecerá en un ámbito en que la violencia es validada como conducta, con el correr de los años, cuando el niño haya crecido, resolverá cualquier situación conflictiva, ya sea en su propio hogar, en su trabajo o en la sociedad, apelando a la violencia como mejor recurso para resolver la situación. Evidentemente se habrá fallado en la crianza del niño.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...