La elección de la carrera universitaria correcta por parte del adolescente

En esta entrad aanlaizamos el escenario que se le presenta a un adolescente cuando es momento de elegir la carrera profesional que seguirá y que guiará su destino

Es difícil ser un adolescente y tener que elegir la carrera profesional que uno quiere seguir. Y es que justamente una de las decisiones más importantes en la vida llega en el momento de mayor indecisión. En efecto, se trata de una edad en la que el intercambio hormonal de los adolescentes es muy intenso y complejo. Además viene aparejado el tema de la personalidad ya que el joven está en plena formación de ésta y es más que seguro que no se haya consolidado del todo al llegar el momento de ingresar a las aulas universitarias.

Los adolescentes deben entender esto como un fenómeno perfectamente normal y, además, planeado por la naturaleza. No es que sean unos bichos raros ni nada por el estilo aunque ciertamente muchos adultos se han olvidado que también les tocó pasar por esa etapa y se caracterizan por no saber tratarlos como se merecen. En paralelo, el adolescente muestra otros intereses que se alejan de la esfera del estudio de manera gradual. Recordemos que viene de un tiempo en que ha sido bien ajustado en la escuela, sin disponer del todo el tiempo libre que hubiese querido y que además resulta necesario.

Si nos detenemos en este punto y respetamos la premisa de que las mejores decisiones se toman en frío, podemos llegar a la conclusión que quizá esos ratos libres que faltaron pudieron haber aportado claridad a la situación que exige una célere decisión. A los adolescentes decirles que es normal que se sientan saturados de tanto estudio, pero por otra parte, deben comprender que la sociedad moderna ha planteado las cosas así, casi sin respiro y hay que acometer las olas que se vienen de esa forma, sumergiéndose en una tras otra, de lo contrario, nos quedamos peligrosamente rezagados.

Imagen tomada de Flickr por laparroquia

El pensamiento final del párrafo anterior nos lleva a pensar que una buena solución que los padres les pueden alcanzar a sus hijos, es restarles la presión. Ya bastante dilema es para ellos el decidir su futuro en cuestión de minutos al colocar en el papel de la ficha de admisión el nombre de la carrera que marcará sus destinos, como para, encima de todo, apurarlos en la decisión.



Lo interesante sería la sabiduría de los padres al darles un tiempo de descanso al joven luego de finalizadas las labores en la escuela. En efecto, luego del último año de vida escolar no caería nada mal unas largas vacaciones –no muy largas, eso sí- de cuando menos medio año. En este tiempo, el joven debe entrar en un proceso de distensión que le permita aflojar tensiones y “enfriar” su sistema. Esto hace que las decisiones que tome sean en frío.

Lo importante aquí es que el joven se consolide cerrando una etapa en su vida, es decir que sea total y plenamente consciente de que acaba de finalizar el tiempo de la escuela con éxito, tiempo que no volverá más. Al adolescente decirle que en ningún momento debe hesitar en conversar de estos temas con sus padres. Seguramente ellos se mostrarán sorprendidos gratamente ante la visión y la lectura de la situación de stress en la que se encuentran inmersos sus hijos y no dudarán en echarles una mano

Aquí los padres deben ayudar señalizando el camino que viene y dándole la tranquilidad y confianza del caso al hijo. Lo mejor es mostrarle el panorama de las cosas al joven adolescente, hacerles ver que todos hemos pasado por las mismas etapas –con distinto éxito-. Decirles que se vienen los últimos cinco años –en promedio- de estudio libre, en que el joven podrá contar con el apoyo de los padres para concentrarse única y exclusivamente en su carrera profesional ya que más adelante, cuando le toque trabajar, probablemente la sociedad moderna le exija no dejar de estudiar nunca para mantenerse vigente, pero ya no podrá desentenderse de su trabajo, por lo que el esfuerzo deberá ser doble y hasta triple si las nuevas “olas” lo alcanzan estando ya este con familia propia. En tal sentido, el joven debe tener esta etapa de “enfriamiento” antes de apuntar bien y disparar hacia su nuevo destino ya que probablemente sólo se disponga de un tiro limpio, que debe dar en el blanco.

Imagen tomada de Flickr por laparroquia

Por otra parte, la elección de la carrera profesional del joven no debe ser influenciada, al menos no directamente, por los padres. Lo que sí pueden hacer los padres –y debería decir deben- es poner sobre el tapete el análisis de cada una de las carreras que su hijo tiene en cartera e incluso de las demás. Los jóvenes debemos darnos cuenta que nuestros padres son los mejores aliados en estos casos ya que desean sólo nuestro bien y además cuentan con un valor que nosotros aún no hemos obtenido: la experiencia.

El análisis debe contemplar asuntos como el contenido mismo de la carrera, tanto en el marco teórico como en la práctica. Además el joven debe saber bien el campo laboral en el que se desarrollará luego de finalizada su carrera. Es más fácil caminar cuando se sabe qué terreno se pisa en lugar de estar dando pasos al azar, en medio de la oscuridad de la ignorancia, siempre temiendo tropezar con algo y caer de bruces. Los jóvenes debemos aprovechar la ventaja que nuestros padres nos están ofreciendo.

Al entregarle todas estas herramientas al adolescente, estamos contribuyendo a cimentar y apuntalar aún más su personalidad, al tiempo que lo introducimos en un nuevo concepto: la visión a futuro, un rasgo que casi ningún adolescente tiene siquiera comprendido.

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