Erasmus: experiencias de movilidad positiva

Erasmus se ha convertido en un programa que fomenta muchos valores positivos en los jóvenes. Es preciso resaltar el componente humano y de desarrollo personal, además de académico, que supone esta experiencia. En algunos casos, incluso, existe un sobreesfuerzo económico para jóvenes que están decididos a vivir la experiencia educativa en otro país pero que no disponen de recursos para costeárselo, de forma que tienen que combinar sus estudios en el extranjero con un trabajo que le permita pagar su estancia.

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Erasmus, un programa de movilidad europea

Toda vivencia lejos de tu lugar de origen suele contar con experiencias relevantes, positivas y enriquecedoras para tu persona. En el terreno educativo, el conocido programa Erasmus de la Unión Europea acumula un bagaje importante en la promoción de los estudios en otro país.

Sin embargo, y pese a que es sobrado el reconocimiento a la iniciativa, es preciso resaltar el componente humano y de desarrollo personal, además de académico, que supone esta experiencia. Para empezar, relacionarse con estudiantes de otra realidad nos supone aceptar formas de funcionar diferentes, además de un gran esfuerzo para comunicarse en otro idioma y con personas de otra cultura.

Precisamente la cultura del esfuerzo, tan demandada en los días de hoy a la juventud española, europea y mundial, es uno de los valores que experiencias como Erasmus puede fomentar. Cuestiones como las referidas, además de otros aspectos como examinarse en un idioma diferente al nuestro, aprender a convivir fuera de casa, en un piso normalmente compartido con gente de inicio desconocida, adaptarse a una nueva ciudad o pueblo, a un sistema educativo diferente… conlleva un esfuerzo, espíritu de sacrificio, autoexigencia y compromiso con uno mismo.

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En algunos casos, incluso, existe un sobreesfuerzo económico para jóvenes que están decididos a vivir la experiencia educativa en otro país pero que no disponen de recursos para costeárselo, de forma que tienen que combinar sus estudios en el extranjero con un trabajo que le permita pagar su estancia.

Por lo tanto, la valentía se suma a las muchas actitiudes positivas que se desprenden de una experiencia como Erasmus. En general, la movilidad de los jóvenes por el continente europeo genera dinamismo, intercambio de conocimiento, de experiencias, de testimonios de vida. Si a ello sumamos un componente pedagógico como el de Erasmus, su potencial se multiplica todavía más.

En definitiva, es necesario seguir promoviendo experiencias como esta, si cabe aumentando los recursos a los estudiantes que no pueden permitirse desplazarse a otro país para estudiar, y facilitando los acuerdos entre universidades para dar el mayor número de comodidades a los jóvenes. Con una trayectoria innegable. Erasmus podría catalogarse como una «experiencia integral» que, además, confirma que los estereotipos que muchas veces los jóvenes europeos deben soportar sobre sí no son ciertos.

Foto: Mc Quinn a Flickr

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