El niño tiene miedo

En esta entrada veremos por qué tiene miedo el niño y cómo ayudarlos.

Algo con lo que casi todos los padres han lidiado en una u otra ocasión, es el miedo que siente el niño. Algunos niños sienten miedo a la oscuridad, otros a dormir solos, otros a las ventanas abiertas, etc. En mi caso, la situación no fue distinta y, de niño, solicitaba dormir acompañado en algunas ocasiones. Sobre todo, me pasaba luego de haber visto alguna escena de terror en la televisión, producto de una película de ese género del cine, aunque también me ocurría cuando veía una noticia fuerte, de alguna persona con determinado mal o enfermedad o incluso noticias de desastres naturales como un terremoto o de un crimen. Mi negociación para dormir acompañado, o era muy pobre o mis padres estaban muy cansados del trabajo, porque casi nunca pude convencerlos de dormir en su cama, afortunadamente, siempre estaba la abuela como soporte fijo de estos miedos infantiles. Ciertamente, ella se compraba un lío a permitirme estas licencias, pues mi padre no estaba muy de acuerdo con estas políticas, las cuales consideraba como caprichos y engreimientos.

Imagen tomada de Flickr por Memo Vazquez

Según los investigadores, los miedos suelen aparecer entre los 3 y los 6 años de edad y, tal como aparecen, desaparecen. Se sostiene que esta es la edad en la que el niño comienza a desarrollar su imaginación, crea personajes y algunas situaciones y el miedo puede llegar a ser normal, como parte de un paquete de sensaciones y sentimientos.


Así como el niño prueba otros sentimientos como la alegría o la tristeza, el mido también es válido. Ciertamente, el miedo ha hecho surgir al ser humano desde sus primeros pasos en el planeta. Por ejemplo, el miedo a ser atacado durante la noche, lo hizo construir refugios en zonas de difícil acceso para sus depredadores. La inteligencia, muchas veces se ve potenciada por el miedo y ese mismo hombre prehistórico con temor, desarrolló una serie de armas y herramientas que le sirvieron, en un principio, de modo utilitario y defensivo. Fue así, que lentamente, pudo dominar el hábitat donde le tocaba desarrollarse. Del mismo modo, el niño, utiliza el miedo en su favor. Por ejemplo, algunos niños tienen miedo a cruzar la calle o a caerse de algún lugar elevado. Esto los mantiene protegidos de accidentes. El éxito del factor miedo, consiste en la superación.

Los miedos pueden acompañar al niño y extenderse durante todo su desarrollo, van cambiando con el tiempo. Si en un principio se tiene temor a la oscuridad, quizá más adelante pueda aparecer el miedo a al muerte o a lo desconocido. Por lo general, estos miedos se alimentan en la escuela con historias que elucubran otros niños, los cuales ya han superado sus principales miedos y se divierten atormentando a otros. Pero, antes de esto, aparece un temor bastante frecuente entre los niños. Es el miedo al abandono y se aprecia con fuerza en el primer día de escuela. Se ven escenas terribles en las puertas de los centros educativos, con los niños llorando y los padres tratando de hacerle entender que deben ingresar solos a sus escuelas. No hay manera de hacer le comprender al niños que la separación es sólo momentánea, por apenas unas horas, puesto que el niño no sabe cómo medir el tiempo, aún no ha desarrollado esa capacidad. La solución a esto es hacerle comprender al niño, en otros términos, que la ausencia de los padres es solo, momentánea, que siempre regresan. Para esto, desde antes de la época de la escuela, el niño debe ver como su mamá sale sin él y regresa. El tiempo fuera no debe ser muy prolongado ni tampoco tan corto.

Imagen tomada de Flickr por Martin foto

Lo que no se debe hacer cuando el niño siente miedo, es burlarse de estos o de minimizarlos ya que esto no sirve para superar los miedos y en lugar de esto, hacen que los niños pierdan confianza de compartir su inseguridad con los padres. Se sentirá más desamparado y el miedo aumentará. Tampoco se deben alimentar sus temores. Si se sabe que una película le va a causar miedo, de debe evitarla. Tampoco es conveniente que se le mande a al guerra de frente a enfrentar sus miedos de un sólo tirón. Es mejor, escucharlos y oír lo que tiene que decir, que se desahoguen con los padres y enseñarles a enfrentar las situaciones de miedo. Explicarles que la fortaleza consiste en superar los miedos y no en hacer que no existan. Lo que también ayuda, es la experiencia. Sentarse a conversar con el niño y explicarle que una vez nosotros también fuimos niños y también tuvimos miedos pero que logramos superarlos al hablar de ello con nuestros propios padres. La relación de confianza nunca debe perderse y el niño siempre debe exteriorizar sus sentimientos. Finalmente, siempre hay que recalcar sus logros cuando ha logrado superar uno de sus miedos.

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