El fin de la historia

El fin de la historia se presenta como la muerte de las ideologías. En la carrera por el internacionalismo, el capitalismo le ha ganado al socialismo. Perry Anderson analiza el controvertido libro de Francis Fukuyama “El fin de la historia y el ultimo hombre”.

No hace mucho tiempo tuve en mis manos el libro Los fines de la historia, de Perry Anderson, un historiador inglés que suele centrarse en textos ajenos, desmenuzarlos, profundizarlos y debatirlos. En este se trata uno de los tópicos más discutidos desde las últimas dos décadas, y no es nada más ni nada menos que el de El fin de la Historia, el cual se ha discutido ad nauseam. Comenzó con Francis Fukuyama, reconocido politólogo que publicó en 1989 su ensayo titulado ¿El fin de la historia?, provocando una conmoción internacional en el ambiente intelectual. Enseguida, Francis ukuyama se convirtió en una figura del pensamiento político de la época actual, criticado desde todos los puntos, pues por primera vez los liberales, conservadores, socialdemócratas y comunistas se unieron para rechazar sus argumentos.

El fin de la historia y el ultimo hombre

Foto: corrupt.org

Anderson realiza un excelente análisis de los argumentos de Fukuyama, quien inspiró su versión del fin de la historia por el colapso del comunismo, concibiendo el término “historia” como una lucha constante de ideas políticas y sociales que llevan a la humanidad a una perpetua evolución. Así, Fukuyama percibe un estancamiento en el sistema capitalista como único sistema posible luego de observar el derrumbe de la Unión Soviética. Pero el fin de la historia no equivale exactamente al hecho de alcanzar un sistema perfecto, sino a la desaparición de otras alternativas mejores.

En 1992 Fukuyama profundiza el debate en su controvertido libro El fin de la Historia y el último hombre. Basándose en Hegel y otros grandes pensadores del siglo XX, como Alexandre Kojève, Fukuyama afirma que el motor de la historia es el thimos platónico, el deseo de reconocimiento, y que este se ha paralizado, lo que demostraría que la única opción es el liberalismo democrático. El cambio drástico en los asuntos mundiales a fines de los 80’s, como la evolución tecnológica y la caída del comunismo, el magnetismo de las instituciones representativas y la de los mercados competitivos, sellan la victoria del capitalismo liberal y originan esta versión del fin de la historia. Pero si esto representa solamente la falta de alternativas mejores, no resuelve por sí solo el problema de si este orden satisface las demandas categóricas de la humanidad. Si no lo hace, no habrá una estabilidad definitiva y surgirán desafíos al sistema, originados en los anhelos humanos.



Por supuesto, luego de estos argumentos, más de uno ha puesto el grito en el cielo.
Las principales objeciones que se hicieron al esquema de Fuyumana consistieron en que, en primer lugar, éste no tuvo en cuenta las eternas pasiones e insensateces de los seres humanos, las cuales siempre aseguran inestabilidad en los asuntos que les concierne. En segundo lugar, que ignora la perseverancia de la desigualdad y de la miseria dentro de las mismas sociedades capitalistas. Y por último, que no logra dirigirse a aquellas necesidades humanas a las que responde una cultura, puesto que una sociedad basada únicamente en la posibilidad de “votar y comprar aparatos de video” carece de eticidad.
Fukuyama responde, respectivamente, que la naturaleza humana existe sin duda, pero que ésta también cambia con la historia; que la guerra es un mal por superarse, cuya necesidad disminuye a medida que los Estados alcanzan su norma racional, y que la pobreza es un residuo de épocas anteriores, que depende de cambios de actitud; no son cuestiones de clases, sino culturales. El autor agrega que hoy en día, por ejemplo, la democracia parece estar convirtiéndose en una necesidad de la humanidad tan importante como el sueño y que “el capitalismo liberal es el non plus ultra de la vida política y económica en el mundo”.

Francis Fukuyama

Foto: Flickr

Las limitaciones de Fukuyama conducen a realizar un analizar casi quirúrgico al socialismo, la alternativa clásica. El socialismo no ha podido competir en productividad, en los países capitalistas la clase obrera prácticamente ha desaparecido y la propiedad privada es una garantía contra la tiranía. Anderson responde que aunque haya disminuido el número de obreros, el de empleados ha crecido mucho, y la planificación empresarial nunca ha sido tan compleja y ambiciosa; las fuentes del socialismo no se podrían no haberse secado. Asimismo, propone un repaso de la experiencia histórica del socialismo:
*Jesuítico: comunidades igualitarias de las tribus de Paraguay organizadas por los padres jesuitas atrajo el odio y la ambición de los terratenientes locales y suscitó los recelos y las envidias de la corte en España. Se ordenó la expulsión de la Orden de Paraguay. Destino del socialismo: el olvido.
*Levelers: Revolución inglesa republicana del siglo XVII que quedó en nada tras la restauración de la monarquía.
*Jacobinismo: Dieron más importancia a la construcción del Estado, dominaron la escena histórica europea varios años y crearon un legado que no pudo ser suprimido: las revoluciones del siglo XIX.
*Liberalismo: el liberalismo parecía estar guiando el mundo a comienzos del siglo XX, pero la Primera Guerra Mundial sacudió el sistema. Luego la crisis de 1929, el fascismo y la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, la economía mundial se estabilizó e hizo posible tres décadas de progreso sin crisis económicas. Mientras que el socialismo soviético fracasó en lo económico y el modelo de la socialdemocracia tuvo que ser retocado.
Sin embargo, los argumentos más fuertes contra el capitalismo hoy en día son, en primer lugar, la crisis ecológica, un problema cuestionado cuya solución sólo podría tener lugar en el contexto de una responsabilidad igualitaria. En segundo lugar, la crisis del sistema representativo pone en tela de juicio la democracia, puesto que el poder ejecutivo ha aumentado contra el legislativo; una democracia participativa será siempre más “democrática” que una representativa.

capitalismo

«¿La bebida más amistosa de la Tierra? Nosotros pensamos que el capitalismo es horrible».

Foto: Flickr

Finalmente, Anderson propone que si el capitalismo puedo recuperarse tras la Segunda Guerra Mundial, lo mismo podría suceder al socialismo. Las tensiones actuales indicarían que no es necesariamente el sistema definitivo.

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