El estrés laboral en el mundo docente

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Cada vez es mayor el número de profesores que admiten padecer o haber padecido estrés como consecuencia de su trabajo en las aulas. Ante la afirmación, el resto de profesionales suelen tener un mismo pensamiento: “¿Y quién no tiene estrés en su trabajo si todos estamos sometidos a unas condiciones de precariedad terribles, dedicamos más de 40 horas semanales y vivimos bajo una presión continua? ¿Por qué parece que los decentes sean los únicos que padecen este mal?”

En gran parte se les da mayor importancia porque de ellos depende el futuro de la sociedad. Los profesores son los que enseñan a los jóvenes que mañana tendrán que hacer que funcione un mundo, por eso preocupa especialmente su salud. Además, el estrés laboral en las aulas es un fenómeno que va in crescendo en los últimos años y la principal razón es el comportamiento de los escolares.


estres-cole2.jpg En los periódicos, de tanto en tanto se pueden leer titulares como estos: “45 profesores de baja laboral por depresión y estrés cada mes» o “El estrés laboral castiga al profesorado”. ¿Por qué se produce este estrés? En la mayoría de los casos porque el docente debe a enfrentarte a situaciones de tensión: niños que contestan, niños que no siguen las normas, niños que se muestran violentos, niños totalmente desmotivados por el estudio, falta de apoyo por parte de los padres… Día tras día debe lidiar contra estos problemas, que hacen que no pueda disfrutar de su profesión ni que pueda llevar un ritmo normal en la clase.

El estrés puede tener consecuencias muy graves como problemas endocrinos, afecciones respiratorias, digestivas o neurológicas, ansiedad, apatía o depresión. Son muchos, demasiados los casos de docentes que han acabado tirando la toalla. Cada uno conoce experiencias de conocidos y amigos.

En las estanterías de librerías y bibliotecas ya hay muchos libros que ofrecen recomendaciones para detectar el estrés –antes de que éste se convierta en un grave problema-, para prevenirlo, para minimizarlo y para paliarlo. Es fundamental, no obstante, que la comunidad educativa reflexione y busque una solución conjunta.

Foto1: Nikkomoy
Foto2: Dlisbona

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