El arte de ser artista

Creador, genio, incomprendido, subversivo, inadaptado, loco… Estos son algunos de los bellos halagos que recibimos los artistas. ¿Pero por qué será que somos catalogados de “bichos raros”? ¿Se pueden explican los procesos creativos? ¿Patología neurótica o inconsciente colectivo? Veamos qué dicen los dos mayores exponente de la psicología: Freud y Jung.

“No será el miedo a la locura lo que nos obligue a bajar la bandera de la imaginación”, dijo André Breton en su primer Manifiesto Surrealista. Los artistas y la amabilis insania, esa “locura amable” que nos caracteriza, volviéndonos seres fascinantes o repugnantes, dignos de admiración o repudio; todo depende de nuestras creaciones, todo depende de quién nos mire.

Max Ernst

Max Ernst. La Virgen castigando al Niño Jesús ante tres testigos: André Breton, Paul Eluard y el artista (1926)

Foto: artchive.com

Recordemos lo que decían Freud y Jung en la fusión de la psicología y poesía.
Freud creyó haber descubierto la clave para explicar la obra de arte partiendo de la esfera de vivencia personal del artista. Es bien sabido que la personalidad del poeta influye considerablemente en la elección y en la plasmación del material. Pero la esencia de la obra de arte no consiste en hallarse preñada de particularidad personales, sino en elevarse por encima de lo personal y en hablar por y para el espíritu y el corazón de la humanidad. Lo personal es siempre una limitación. El “arte” que es sólo o predominantemente personal sí merece ser tratado como una neurosis. Todo hombre creador es una dualidad, de una parte es un proceso humano-personal; de otra, un proceso impersonal, creador. Como hombre, puede ser sano o enfermo; como artistas sólo se le puede concebir partiendo de su hecho creador. El arte es algo congénito en el artista, como un impulso que se apodera de él y lo utiliza como instrumento suyo. Es “hombre colectivo”, el exponente y plasmador del alma inconscientemente activa de la humanidad. La vida del artista está llena de conflictos, ya que dentro de él luchan dos potencias: el hombre común y corriente y la implacable pasión creadora, que en cierto caso le obliga a pisotear todos sus deseos personales. Esto explica por qué la vida personal de tantos artistas es tan poco satisfactoria e incluso trágica, rara vez encontramos un hombre creador que no pague caro la centella divina de su gran inspiración. Donde predomina lo creador, predomina también lo inconsciente como fuerza plasmadora de la vida y la conciencia frente a la voluntad consciente. El poeta es un instrumento que se halla por debajo de su obra, por eso no podemos esperar de él nunca una interpretación de su propia obra; ésta debe correr a cargo de los demás.


Freud & Jung

Foto: bigeyedeer

Jung le asigna un papel preponderante a los arquetipos. Estos ordenan las representaciones que «aseguran en todo individuo la similitud, y aún la igualdad, de la experiencia y de la creación imaginativa»; designan las imágenes innatas y comunes a todos los individuos que se transmiten de generación en generación. Para Jung, los arquetipos son unidades de conocimiento intuitivo que existen en el inconsciente colectivo que se transmiten por los cuentos y leyendas y se manifiestan en los sueños, en las creaciones artísticas y en todas las producciones de carácter imaginativo. Ajenos a la experiencia, los arquetipos funcionan como patrones de conducta cuando el individuo necesita resolver su problemática vital y carece de imágenes propias.
El inconsciente colectivo contiene sentimientos, pensamientos y recuerdos que condicionan a cada sujeto (desde su nacimiento, y no por influencia cultural aprendida), incluso en su forma de simbolizar los sueños. Este contendría arquetipos a los que se recurre en situaciones como la confrontación con la muerte o la elección de una pareja, y que se manifiestan en los elementos culturales como la religión, los mitos, los cuentos de hadas, y otras leyendas populares.
A diferencia de Freud, Jung no cree que haya una represión y sublimación en el artista. Y divide las obras en 2 tipos:
*Psicológicas: Procede de la esfera del hombre, es un contenido de la conciencia humana. No hay en ella nada oscuro, todo se explica por sí mismo. Los contenidos de la creación artística proceden siempre del vasto campo de la experiencia humana consciente. Por eso llama a este tipo “psicológicas”.
*Visionarias: Aquí todo se invierte, la materia o la vivencia que sirve de contenido a la plasmación no es nada conocido, son del inconsciente. Los orígenes de la materia visionaria aparecen envueltos en el más profundo misterio del que a menudo nos inclinaríamos a pensar que no ha sido indeliberado.
En efecto, se siente uno naturalmente propenso –sobretodo hoy bajo la influencia de la psicología freudiana- a suponer que detrás de toda esta oscuridad espectral tiene que haber necesariamente vivencias personales con las que tal vez sea posible explicar la extraña visión del caos. La reducción de esta vivencia visionaria a una experiencia personal convierte a ésta en algo poco genuino, en un simple “sustituto”. Con ello el contenido visionario pierde su carácter radical, la visión primaria se vuelve un síntoma y el caos degenera en una simple perturbación anímica.

¿Mi humilde opinión? Imágenes, relatos, melodías, bailes… Todos cuentan historias, algunas están congeladas en el tiempo, otras suceden aquí y ahora. Pero la esencia es la misma: un mundo maravilloso que el artista ha creado y que late en él. La ficción es nuestra verdadera realidad, no hay personajes sino personas; viajamos en tiempo y espacio, sufrimos junto a los protagonistas y reímos como el público. Lo creamos, lo sentimos, lo vivimos. Y con el tiempo nuestras creaciones van ganando vida propia; podemos trasportarlas a situaciones de todo tipo, pero ya no podemos decidir por ellas; se apoderan de nosotros y actúan en su manera. No hay nada que podamos hacer más que entregarnos a ellas como sus voceros.
Tantos han sido mirado de reojo como si fuesen monstruos libertinos y degradantes. Y es cierto que vivimos en un universo paralelo, creamos mundos alternos y respondemos a la musa cuando llama. Pero muchas veces tenemos más conciencia de la realidad que cualquiera. ¿Cuántas estupideces más tendremos que oír de parte de quienes no son capaces de ver que los verdaderos monstruos están en los televisores y periódicos, vistiendo elegantes trajes y salpicando su demagogia mientras que en lugar de solucionar los problemas, los crean? ¿No estarán más locos aquellos que siguen sin cuestionarse en nada las “bonitas» reglas que les impone una sociedad controlada por unos pocos para terminar completamente automatizada, estéril, sin contrastes ni sabores y homogeneizarnos por completo?

Marcel Duchamp

Marcel Duchamp ataviado como su alter ego Rrose Selavy, fotografiado por Man Ray (1921)

Foto: wikipedia

Como dijo Jung, dentro del artista luchan dos potencias: el hombre común y la implacable pasión creadora. Y cuando ambas se fusionan aparece el compromiso. ¿Pero tiene el artista un compromiso social? Como los superhéroes… ¿debemos usar nuestros dones para el bien del mundo o simplemente dedicarnos a un autoerotismo narcisista? ¡Bendita dualidad! Esto explica por qué nos comportamos como “bichos raros”. Es el mundo el que está en decadencia y el artista quien puede plasmarlo, disfrazando la realidad en una obra “sucia”, como he oído por ahí. Pero el miedo a lo diferente hace que la gente esté a gusto con su pasividad. Nosotros podemos criticar a esta sociedad hipócrita y conformista que esconde toda su corrupción tras una máscara de valores ya no más vigentes; arrojarles el espejo a la cara, mostrarles la verdad, y tal vez por eso nos repudian. Quizás sí somos personajes excéntricos porque necesitamos saborear emociones fuertes y todo para poder crear. Pero hay que tener en cuenta que no se es artista por haber elegido decir ciertas cosas, sino por la forma en que se digan.

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