El acoso escolar en la adolescencia

En esta entrada nos referimos al acoso de que son víctimas algunos jóvenes en la etapa de la adolescencia, justamente en los momentos en que son más propensos a estos ataques.

Muchas veces la inseguridad nos invade a los adolescentes. Ese sentimiento que un buen día surge en mitad de nuestra educación secundaria. De pronto ya no somos los niños que jugaban despreocupados en los patios de primaria sabiendo que todo se reducía a llegar a la casa y hacer la tarea y lo que no entendíamos seguro lo podían resolver nuestros padres o hermanos mayores. Tampoco somos los adultos que un día soñamos ser. Sentimos que ya no tenemos el abrigo de un niño ni la seguridad de un adulto. Simplemente hemos quedado en una especie de limbo en que empezamos a dudar de todo y de todos.

Por ese mismo tiempo comienzan los distingos en clase y algunos son víctimas del abuso escolar. Quizá esta sea uno de los problemas más difíciles de enfrentar por parte de los adolescentes. Por un lado quedarían como unos cobardes si es que solicitaran la intervención de algún maestro para que ponga punto final a las agresiones. Contárselo a los padres ni hablar, eso sería lo más humillante de la vida. Por otra parte si el problema no se resuelve el primer día de su aparición se puede complicar y cada día que pasa se convierte en un infierno.

Imagen tomada de Flickr por circo de invierno

Todos conocemos de cerca estas historias ya sea porque a nosotros mismos nos ha tocado vivirla en algún momento o porque hemos sido testigos de estos acosos en los patios de la escuela. Es difícil prestar ayuda en este último caso ya que la saña se podría volver contra nosotros y preferimos ser cómplices antes que intervenir en defensa de la víctima. Otros simplemente se hacen los desentendidos y hacen de cuenta que nada está sucediendo frente a sus narices.



Todo este fenómeno del bullying viene en aumento día a día. Las agresiones son cada vez más violentas. Ya no es necesario que la víctima tenga algún defecto físico notorio o que sufra algún tipo de retardo. Ni siquiera es necesario que sea de una raza o color distinto de los agresores o que provenga de alguna etnia o nacionalidad distinta a los mismos. Cualquiera puede ser víctima de este acoso sin proponérselo. Los sociólogos y psicólogos no se ponen de acuerdo en cuál es el gatillo que dispara esta insana, simplemente se han puesto de acuerdo en las características de los que comenten estos actos en las escuelas. Se dice que son chicos de entre 13 y 16 años de hogares que han visto la violencia como el pan de cada día.

Imagen tomada de Flickr por Cavanis

Las agresiones por lo general ocurren en los recreos o cuando las clases del día han finalizado. La técnica es la del pillaje por lo general. Dos o mas chicos agraden a uno más débil y lo reducen, lo humillan y lo golpean sin piedad por más que la víctima no oponga resistencia. Los psicólogos dicen que ahora el bullying está más refinado y los jóvenes ya no se contentan con desbocar sus sentimientos agresivos sino que quieren registrarlos en video, incluso algunos superan toda expectativa y envían estos videos a los amigos y familiares de la víctima, parecen disfrutar con este insano armazón.

El problema radica en que las víctimas no denuncian la agresión en el momento que ésta se produce, ni siquiera a las segunda o tercera vez sino que esperan a que la situación se torne insostenible, con la ingenua esperanza de que el problema desaparecerá espontáneamente. Esto avala la conducta de los agresores que encuentran más espacio para su voraz apetito por la violencia ya que saben que nada interferirá con sus festines. Los jóvenes que somos víctimas de estas agresiones debemos armarnos de valor y enfrentar la situación denunciándola apenas esta suceda. La idea que tenemos de la humillación no es la que se materializará, ténganlo por seguro.

Imagen tomada de Flickr por Cavanis

Por otra parte, decirles a los adolescentes que son especialmente tímidos, que esta puede ser una excelente oportunidad para despertar una personalidad firme que sea capaz de enfrentar las más duras adversidades. Decirles a ellos que no deben de temer ya que la ley está de su lado y están reclamando un derecho que les asiste como personas. Si aún así no son capaces de dar este gran salto por sí mismos, es recomendable que asistan a compartir sus problemas con un profesional. Una visita al psicólogo de la escuela puede ser una excelente idea en estas circunstancias. El profesional les brindará su apoyo y el mejor consejo en estos casos. Juntos analizarán el problema desde distintas ópticas y buscarán soluciones en conjunto.

Llegado el momento de poner en práctica las medidas tomadas nos sentiremos apoyados en todo momento por una persona adulta. Lo más probable es que los agresores se vean descubiertos y sean ejemplarmente sancionados con lo que el problema desaparecerá por voluntad o por fuerza. Es importante que los jóvenes sepamos valorarnos a nosotros mismos, como personas y como individuos integrantes de la sociedad. Debemos plantarnos firmemente a exigir nuestros derechos y cumplir nuestros deberes, siempre atentos a quienes se quieran aprovechar de nosotros.

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