Cuando la temporalidad del empleo dificulta la experiencia

El joven de hoy vive con otra realidad laboral: los contratos laborales por tiempo indefinido escasean y van en retroceso. De hecho, en comparación con hace 15 años, existen hoy –8.26 % menos de contratos laborales por tiempo indefinido.

El trabajo temporal se esgrime como el primer empleo de cualquier joven que quiere hacer sus primera armas en el mundo del trabajo y es por ello que muchas veces, este primer empleo, nada tiene en común con la formación que el mismo se encuentra desarrollando.

En cambio, el empleo temporal es visto por el joven como una manera rápida de tener ingresos económicos durante un período de tiempo que se ha quedado sin cursar materias, o por los meses que dura el verano y se encuentra de vacaciones.

Cuando es esta la visión que se tiene del empleo temporal, queda claro que reviste de gran importancia y utilidad para que cualquier joven se incorpore al ámbito laboral y lograr dar sus primeros pasos en el mercado laboral.

Y, ciertamente, el trabajo temporal brinda a los jóvenes la oportunidad de adquirir experiencia laboral aunque difícilmente logren emplearse en el rubro en cual se están formando.

En otras ocasiones, el trabajo temporal ayuda a personas formadas salir del desempleo y paliar un momento de dificultad económica por la pérdida de un trabajo.

Si bien el empleo temporal se presenta como una salida rápida para personas con problemas de empleabilidad, así como para jóvenes que buscan su primer empleo o estudiantes que quieren emplearse sólo durante el verano, mientras descansan de los estudios, ciertamente, la temporalidad representa, en otros planos, un problema de difícil solución.

Y es que la temporalidad en los empleos ha trasvasado algunas fronteras afectando a trabajadores de todas las edades, y no sólo a los jóvenes que acordaban emplearse por esta vía.

El problema de la modalidad que comenzó en los años ochenta es que en la actualidad abarca cerca del 90% de los contratos laborales, creando una realidad laboral que poco propensa al trabajador a especializarse y reunir experiencia en un empleo o industria y que se ve obligado a saltar de un empleo a otro, porque las necesidad económicas así lo demandan.



De hecho, si hace veinte años los jóvenes buscaban un primer empleo como fuente de experiencia y de capacitación profesional, estas primeras experiencias que consiguen por medio del empleo temporal son tan diversas, fugaces y precarias, que poco ayudan a adquirir experiencia profesional.

Si bien es cierto que muchas empresas que ofrecen contratación de empleo temporal capacitan al personal, lo hacen en rubros muy específicos que, en la mayoría de los casos, permiten aplicar los conocimientos adquiridos sólo al empleo por el cual han sido seleccionados y capacitados, sin dar posibilidad de capitalizar dichos conocimientos para un futuro laboral y mucho menos profesional.

El problema es que son muy pocas las veces en que una persona consigue un empleo temporal que coincida con la formación obtenida hasta ese momento o que se encuentra en curso y por ello, cualquier tarea que desarrolle o capacitación que reciba en el trabajo temporal, poco pueden aportar a su objetivo de formación.

En ocasiones, los jóvenes que comienzan su carrera laboral con empleos temporales, acaban confundidos o con una carrera profesional errática dado que no han logrado un cauce y continuidad para formarse y emplearse en un trabajo que forme parte de su vocación o profesión.

Si bien muchos de los trabajadores temporales acaban siendo contratados por las empresas por un lapso más prolongado, pocas veces se genera un arraigo y compromiso por parte del trabajador, tanto con el trabajo como con la empresa, porque es probable que las labores que desarrolla poco tengan que ver con la profesión o vocación del mismo.

El problema de la temporalidad en los empleos se hace mucho más grave cuando consideramos que, al cabo de unos años desarrollando diversas tareas en diferentes compañías, se acaba con una carrera difícil de encasillar y con experiencia profesional casi nula, dado a que los breves períodos en cada empresa, no le permitieron conocer el proceso y adquirir una experiencia valedera que, en cambio, obstaculiza el proceso de capitalización del tiempo/trabajo del trabajador.

En definitiva, un joven de 20 años que pasa 5 años o más en trabajos temporales mientras se recibe en alguna carrera, no sólo tardará más en conseguir su título sino que, al llegar a los 30 años con suerte dispondrá de un diploma y de nada de práctica de profesión.

Sí en cambio, se podrá decir que ha prestado diversos servicios en sendas empresas pero, probablemente, realizando tareas no calificadas aunque más o menos bien pagas; pero poca diferencia habría entre un joven que sólo se dedicó a estudiar y que, además, logró la titulación en menor tiempo y con mejores calificaciones.

En 2002 la temporalidad en la contratación laboral de España alcanzaba, entre las mujeres jóvenes menores de 25 años, un 92%, según las cifras aportadas por INEM; mientras que entre los varones menores de 25 años la cifra trepaba al 93,8%.

Estas dos cifras, aportaban a la tasa general de temporalidad en toda España que alcanzaba, en el mismo período el 31,7%.

Así visto, la temporalidad tiene una mayor incidencia relativa en los jóvenes no porque se trate de un fenómeno intrínsecamente ligado a la juventud, sino que habiéndose iniciado en los grupos de acceso al mercado laboral y estando éste principalmente conformado por jóvenes, se propaga a todo el asalariado sin aparente excepción, salvo, como es consustancial a su estatuto, el funcionariado.

En definitiva, el joven de hoy vive con otra realidad laboral: los contratos laborales por tiempo indefinido escasean y van en retroceso. De hecho, en comparación con hace 15 años, existen hoy –8.26 % menos de contratos laborales por tiempo indefinido.

Pero la realidad laboral de los jóvenes de hoy no sólo está afectada por la temporalidad del empleo y precariedad de los contratos laborales que celebran, sino también por el tipo de jornada realizado.

Los contratos a tiempo parcial son cuantiosos y, con diferencia a quince años atrás, el empleo por jornada parcial se ha incrementado en 0,4% para los varones y 2,9% para las mujeres.

Si bien, en una visión general de los asalariados, el empleo por jornada parcial sólo alcanza el 8%, la gran diferencia se presenta en la segmentación por género: mientras en los hombres la media jornada representa el 2,7% de los trabajadores, en las mujeres, la cifra llega a 16,6%.

La temporalidad del empleo, así como la media jornada de trabajo ayudan a paliar un problema latente de desempleo, pero generan en los trabajadores grandes dificultades para poder salir del círculo del subemepleo y conseguir un trabajo estable, a tiempo completo, y relacionado con su área de estudio o profesión.

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