Cómo aprovechar la Inteligencia Emocional

La inteligencia emocional es la capacidad para reconocer sentimientos en si mismo y en otros, siendo hábil para gerenciarlos al trabajar con otros. Se establecen una serie de cinco principios.

Las emociones están presentes las 24 horas y mueven la vida, por eso es tan importante conocer la Inteligencia emocional, que es la habilidad que permite regularlas para adaptar de manera flexible a las situaciones que suceden día a día. Gracias al control de las emociones también es posible manejar y mejorar las relaciones, desarrollar el auto-conocimiento y la empatía que se trata de la habilidad de sentir la emoción que tiene otro en un momento determinado y saber cómo relacionarse efectivamente.

Hay que saber que las emociones se contagian de unos a otros, por lo tanto, tener el conocimiento de las propias emociones, permite influenciar positivamente en la gente del entorno y contagiarlos de emociones agradables en la familia, la empresa, la escuela, y demás. De hecho, se ha descubierto que entre el 20 y el 30 por ciento de la ganancia de una organización depende del clima emocional de los trabajadores porque cuando un este se siente bien, trabaja de una manera y cuando se siente mal, trabaja de otra muy diferente.

Este clima emocional depende de las acciones de los líderes en un 50 o 60 por ciento, por eso, tanto en una organización como en una familia, el estado de ánimo de un padre o del jefe de una empresa no es una cuestión privada sino que atañe a todos.

Es fundamental conocer que los líderes deben capacitarse en inteligencia emocional para lograr que su entorno funcione de mejor manera. Ya que este tipo de inteligencia, muestra que los hechos se pueden filtrar para mantenerse en equilibrio, ser ecuánime y exitoso en las actividades que desarrolle.
Las emociones son la materialización de las pensamientos, lo que se siente está determinado por lo que se piensa de una situación. Así, modificando el pensamiento, se modifica la respuesta emocional y conductual ante ese hecho y si ante un problema, una persona piensa que no lo va a resolver y que le va a traer un perjuicio, va a sentir emociones desagradables y su respuesta va a ser desadaptativa. Ahora, si piensa que la adversidad lleva implícito un mayor beneficio, va a buscar cuál es la oportunidad que se despliega a partir de ese acontecimiento y sólo pensar de esa manera positiva va a hacer que se sienta mejor y que pueda resolver la situación.



Con sólo pensar que la situación es un ejercicio en lugar de un problema, se activa una parte del cerebro que ayuda a resolver creativamente la situación.
La inteligencia emocional es la capacidad para reconocer sentimientos en si mismo y en otros, siendo hábil para gerenciarlos al trabajar con otros. Se establecen una serie de cinco principios; Recepción (lo que se incorpora a través de los sentidos), retención (se vincula a la memoria y el recuerdo, la capacidad de acceder a esa información almacenada), análisis (se basa en el reconocimiento de pautas y el filtro de la información), emisión (alguna de las formar de transmisión y comunicación de la información obtenida) y, por último, el control (el reconocimiento de pautas y el procesamiento de la información).

Los cinco principios se refuerzan entre si, ya que tras haber recibido la información de manera eficiente, es mas fácil retenerla y analizarla. A la inversa, una retención y un análisis eficientes incrementan la capacidad de recibir información.
De modo similar, el análisis que abarca una disposición compleja de las tareas de procuramiento de información, exige una capacidad para retener aquello que se ha recibido. La calidad de análisis es proporcional a la capacidad para recibir y retener la información.
Estas tres funciones convergen en la cuarta es decir la emisión o expresión ya sea mediante el mapa mental, el discurso, el gesto u otros recursos , de aquella que se ha recibido, retenido y analizado. Una mente y un cuerpo sanos son esenciales para que el proceso funcione en todas las instancia, estimulando y dando acceso, una a la otra.

Existe una teoría que se explaya sobre las inteligencias múltiples, se trata de un modelo propuesto por Howard Gardner, en el cual plantea que la inteligencia no es vista como algo unitario, que agrupa diferentes capacidades específicas con distinto nivel de generalidad, sino como un conjunto de inteligencias múltiples, distintas e independientes.
También se destaca una categorización de los tipos de inteligencia, en la cual se diferencian ocho que se adaptan a cada problema por resolver. Conjuntamente con la prestigiosa Universidad de Harvard, Gardner los identifica de la siguiente manera:
La inteligencia lingüística, que es la que poseen los escritores, los poetas, los buenos redactores y que exige la utilización de ambos hemisferios del cerebro.
La inteligencia lógica-matemática, es la que se utiliza para la resolución de problemas de lógica y de matemáticas. Es la inteligencia científica y se corresponde con el modo de pensamiento del hemisferio lógico y con lo que la cultura occidental ha considerado siempre como la exclusiva inteligencia.
La inteligencia espacial, se trata de formar un modelo mental del mundo en tres dimensiones; es la inteligencia que tienen los marineros, los pilotos, los ingenieros, los cirujanos, los escultores, los arquitectos o los decoradores.
La inteligencia musical, es manejada por quienes tiene la posibilidad de desenvolverse adecuadamente a cantantes, compositores, músicos y bailarines.
La Inteligencia corporal-cinestésica, es sinónimo de la capacidad de utilizar el propio cuerpo para realizar actividades o resolver problemas. Es la inteligencia de los deportistas, los artesanos, los cirujanos y los bailarines.
La inteligencia intrapersonal, brinda la chance de entenderse a sí mismo. No está asociada a ninguna actividad concreta.
La Inteligencia interpersonal, la que permite entender a los demás; se la suele encontrar en los buenos vendedores, políticos, profesores o terapeutas.
La Inteligencia naturalista, la utilizada cuando se observa y estudia la naturaleza, con el motivo de saber organizar, clasificar y ordenar. Es la que demuestran los biólogos o los herbolarios.

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