Arte, mito y ciencia

Lévi-Strauss se ocupa del arte a partir de dos perspectivas distintas. En primer lugar, desde el punto de vista de su origen, aquello que constituye la particularidad del proceso de simbolización que es inherente a la cultura, y en segundo lugar, desde el modo de su operación especifica.

La emergencia de la ciencia se suele entender como seguidora de un período pre-científico, donde predominaba el pensamiento mágico arcaico, creyendo que el paso evolutivo del pensamiento lógico-empírico proviene del mito-poético.
En 1962 uno de los intelectuales más influyentes del siglo XX, el reconocido antropólogo Claude Lévi-Strauss, escarbó a fondo esta creencia colectiva en su obra más famosa titulada “El pensamiento salvaje”. Esta nos hizo abrir los ojos y poder advertir que necesitamos reconocer la naturaleza etnocéntrica del punto de partida y el hecho de que la dicotomización entre “nosotros” y “ellos” reduce tanto el campo de la temática como el de su explicación.

Levi-Strauss

Foto: gencat

Uno de los puntos de partida de la antropología estructural levi-straussiana es precisamente el hecho de que una sociedad está hecha de individuos y de grupos que se combinan entre ellos, y lo propio de la comunicación humana es que toma la forma de un proceso de significación. El instrumento de comunicación es el que extiende de forma vasta el proceso de conceptualización y la adquisición del lenguaje es básica para todas las instituciones sociales, para todo comportamiento normativo. Pero la existencia del lenguaje tiende a dicotomizar: una de dos, o se tiene o no se tiene. Después del lenguaje, el siguiente avance más importante es la reducción del habla a formas gráficas, la escritura, la cual ha tenido una gran influencia en la política, la religión y la economía y para toda la organización social. La adopción de la forma escrita de comunicación es intrínseca al desarrollo de unos sistemas de gobierno de mayor extensión, más despersonalizados y más abstractos.



En su “pensamiento salvaje”, Lévi-Strauss trata el mito, el arte y la ciencia como sistemas de conocimiento. El antropólogo realiza una delimitación del campo específico del arte oponiéndolo a la vez al mito y a la ciencia, pero oposición no como diferencia, es más, el arte se inserta a medio camino entre el conocimiento científico y el pensamiento mítico o mágico. El pensamiento mítico trabaja con signos, es decir, con unidades constitutivas cuyas combinaciones posibles son limitadas, y elabora estructuras reorganizando unos residuos de acontecimientos. En cambio, la ciencia opera con conceptos, es decir, con representación más libres, puesto que poseen una capacidad referencial ilimitada y su finalidad es crear ella misma acontecimientos, utilizando al contrario las estructuras (sus hipótesis y teorías) como medios. El pensamiento mítico asume a su vez la expresión del desfase inevitable entre el significante y el significado. Por su lado, la ciencia siempre en marcha, no aspira a captar más que el conocimiento y no el sentido. A medio camino entre el sabio y el bricoleur (cuasi-artista y cuasi-científico), con medios artesanales, confecciona un objeto material que al mismo tiempo es objeto de conocimiento. Este objeto por lo que concierne a la inmensa mayoría de las obras de arte es lo que denomina modelo reducido. La originalidad de la estética estructural viene del hecho que invoca una relación entre la reducción y la especificidad misma del conocimiento estético. Este, por el hecho que constituye en y por reducción, es una especie de inversión del proceso de conocimiento.

Cultura africana

Foto: myriades

A la inversa de cuando buscamos conocer una cosa o un ser de tamaño real, en el modelo reducido el conocimiento del todo precede al de las partes. La forma estética de conocer es sintética y se confunde con la metáfora. Por otra parte, el modelo reducido es construido ya que constituye una experiencia sobre el objeto, de ahí la posibilidad de comprender cómo está hecho. Una de las características más evidente de la teoría del modelo reducido es colocar a la obra en el centro de la reflexión.
La delimitación del campo del arte a la del mito y de la ciencia nos entregó el contenido específico del concepto estructural de la obra de arte: el arte en las fuentes de la propia dialéctica del proceso de simbolización indisociable de la cultura, desde el modo de ser especifico; el arte aparece como actividad colocada a mitad del camino entre la ciencia y la invención mítica, es una forma de conocimiento que opera por medio de signos y no de conceptos, produce unos objetos que son una reducción de las entidades reales, lo cual distingue al conocimiento estético del conocimiento científico. Esta característica pone en evidencia sus cualidades de objeto construido, tanto desde el punto de vista del autor como del espectador. Por último, el arte pretende como el mito imitar el aspecto fenoménico de lo real. Mientras que el pensamiento mítico parte de una estructura y se dirige a la figuración de un conjunto objeto- acontecimiento, el arte apunta a la figuración de una estructura por medio de un dialogo con las dificultades de la ejecución de la obra.

Paul Gauguin

Foto: wahooart

Lévi-Strauss recuerda que la obra de arte, significando un objeto, consigue elaborar una estructura de significación que tiene una relación con la estructura misma del objeto. La obra de arte permite realizar un progreso del conocimiento. El papel del arte en la sociedad no es simplemente aportar al consumidor una gratificación sensible, es también una guía, un medio de instrucción y hasta de aprendizaje de la realidad ambiente. La estética levi-straussiana coloca resueltamente al arte a medio de camino entre el objeto y el lenguaje.
Lévi-Strauss hace centro en la obra, a la cual no la lee como la proyección de la conciencia de un autor o como la expresión de determinados valores de una época o cultural, sino precisamente como un proceso material de producción de sentido que permite ampliar el mundo del conocimiento humano. El arte produce sentido a través de signos que se combinan de manera tal para producir un todo, donde cada una de esas partes juegan, en relación unas con otras, relaciones de necesariedad y de interdependencia.

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