¿Es posible encontrar autorrealización en el trabajo y en plena crisis?

No siempre podemos hacer lo que nos gusta, pero si podemos tratar de encontrar el empleo que mejor se ajusta a nuestra personalidad. Hacer lo contrario, es simplemente perpetuar el hecho de ver el trabajo como un medio para vivir y no como algo que realmente llena nuestra existencia.

Como consecuencia de la crisis laboral que nos arropa y con la creciente dificultad actual para conseguir empleo. Estamos evidenciando que las posibilidades de encontrar un empleo que realmente nos guste o de intentar cambiar de trabajo (no digamos ya de sector) para tratar de hacer lo que va con nuestras habilidades, se ha convertido en un proceso bastante complicado. Lo que ha obligado a muchos trabajadores a sentirse obligados de permanecer en un ambiente que no les agrada y que poco a poco se ha convertido en nocivo para ellos.

Uno de los peores efectos de la actual desaceleración económica que está sufriendo Europa y de forma algo más significativa España, es la falta de ofertas de empleo en ciertos sectores, lo que ha incrementado los niveles de insatisfacción laboral peligrosamente.

Es un hecho que han quedado atrás las inspiradoras teorías de autorrealización en el trabajo y que todas las utopías que nos vendieron los “expertos” pensadores de finales del siglo pasado han quedado en simples expectativas.

Muchos empleados ya no ven al trabajo como un medio para realizarse profesionalmente y el efecto personal de dignificación que hace unas décadas tenía la jornada laboral, se ha ido perdiendo con el pasar de los años. Ahora, para muchos trabajadores el hecho de ir a trabajar significa acudir al inevitable medio de sustento para llevar a cabo una actividad obligada que prácticamente no produce ningún placer ni satisfacción.


Es probable que la mayoría de los empleados acuda cada día a trabajar sin esperar nada sobre sus logros y a conformarse con llevar a cabo su rutina conformándose con ser un mero instrumento ejecutor de tareas y un seguidor obediente de las instrucciones, incluso para aparentar.

Los casos más patéticos se dan en aquellos trabajadores capacitados y con mucho potencial de desarrollo profesional, que se ven en la necesidad de aceptar empleos poco acordes con su nivel de preparación y que por ello se sienten laboral y socialmente anulados.

Vemos como estas personas que están realmente preparadas para desempeñar tareas altamente tecnificadas o que requieren de un alto grado de intelectualidad, se ven arrastradas hacia empleos poco relacionados con su nivel académico en donde en lugar de evolucionar hacia el desarrollo de una carrera profesional, involucionan hacia una faena rutinaria y sosa que no los llena ni los satisface, ni como trabajadores ni como personas y que aún así no deja de ser precario.

La falta de realización en el trabajo es un indicador tipificado en el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo que depende del Ministerio del Trabajo e Inmigración y es definido de la siguiente forma:

“Porcentaje de trabajadores que consideran que en su trabajo no tienen la oportunidad de hacer aquello que saben o de poner en práctica sus propias ideas y no tienen sensación de realizar un trabajo útil.”

Contesta honestamente a las siguientes interrogantes:

– ¿En tu trabajo tienes la oportunidad de hacer aquello que sabes hacer mejor?

– ¿Tu trabajo te proporciona el sentimiento de realizar un trabajo bien hecho?

– ¿Puedes poner en práctica tus propias ideas en el trabajo?

– ¿Tienes la sensación de estar haciendo un trabajo útil?

Si has respondido que “NO” al menos a una de las interrogantes, es porque no estás trabajando en el empleo que mejor se adapta a tus habilidades, formación y personalidad. Así que seguramente encuentras tu trabajo como un medio para subsistir, pero no cómo el vehículo de autorrealización que debería ser.

Estas mismas preguntas (y otras más) también fueron contestadas por un conjunto de trabajadores de distintas áreas en España en la VI Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo (2007). De la cual te adjunto los resultados por si te da curiosidad saber cuantos españoles están trabajando en un sector que simplemente no les gusta, independientemente de cuál se trate.

De todas formas te dejo un breve resumen personal sobre los resultados:

– Un 11% de los encuestados manifiestan la imposibilidad de poner en práctica las propias ideas.

– Un 14% dice no tener la oportunidad de hacer aquello que sabe hacer.

– Un 15% son los que en menor medida pueden poner en práctica sus ideas.

– Los trabajadores que tienen menor sensación de hacer un trabajo útil representan el 6,7%.

– Según la edad, son los trabajadores más jóvenes los que están más expuestos a esta situación, no apreciándose diferencias significativas según el sexo.

Si nos ponemos a analizar la situación en conjunto, encontraremos que es realmente preocupante el futuro que nos espera, pues muchos trabajadores que han invertido años enteros de su vida en prepararse y en estudiar alguna carrera, ha perdido toda esperanza de poder crecer profesionalmente en sus respectivas áreas, lo que también ha resultado en una inaudita sensación de impotencia, en donde pareciera que estudiar una carrera formalmente tampoco asegura nada. Aspecto no comprobable aún, pero que ya está conformándose en una dura realidad y quedando arraigado en el subconsciente de los que salen a buscar trabajo por primera vez luego de terminar un largo programa de estudios, y terminan haciendo algo que guarda relación con lo que realmente saben y quieren hacer.

¿Se está fomentando la apatía al estudio a toda una generación?

Es cada vez más frecuente hoy en día encontrar CV´s de trabajadores sin estudios o con poca formación pero que detrás de ellos encontramos a personas con pasiones y proyectos en el plano personal, pero no en el plano empresarial que sólo buscan un trabajo para sostenerse materialmente y para sustentar su denominado trampolín al éxito que no es más que el de emprender algún proyecto motivador que los realice personalmente, Por su puesto son proyectos que dentro de este ambiente pre-crisis conllevan un alto porcentaje de precariedad e inestabilidad con claras predicciones de fracaso.

Adicionalmente se está creando un efecto paralelo de negación hacia lo laboral permitiendo conductas de inadaptabilidad y de deslealtad empresarial convirtiendo a su vez a los trabajadores en personas muy versátiles a la hora de cambiar de empleo. Es sorprendente como se han acortado los períodos laborares actuales y en un CV cualquiera podemos llegar a ver una lista de decenas de empleos que sólo duraron meses. Lo único positivo que veo de todo esto es la polivalencia que caracteriza a este tipo de trabajador que lo prepara para afrontar prácticamente cualquier empleo.

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¿Te identificas con lo anterior? ¿Sabes cuál es el trabajo que mejor se adapta a tus habilidades, formación y personalidad?

Como un ejercicio adicional muy relacionado al tema y como un adelanto a parte del material que publicaré próximamente en la BloGuía de Empleo. Te propongo, verificar por ti mismo si tienes claro lo que deseas encontrar: ¿Quieres un empleo regular en el que te paguen lo mismo todos los meses o algún oficio en donde el sueldo sea variable y en base a resultados? ¿Quieres un horario establecido durante el día o prefieres tener tu propio horario? ¿Prefieres trabajar solo o dentro de un grupo de personas? ¿Te gusta atender al público o prefieres una oficina sin contacto externo? ¿Te sientes bien siendo un subalterno sin responsabilidades o pretendes dirigir personas con todo lo que eso conlleva?

Toma en cuenta todo lo anterior y muchas otras preguntas más y reflexiona a conciencia sobre lo que estás buscando antes de empezar a enviar tu CV a cualquier lugar.

Tómate un momento de tranquilidad para mirar en tu interior y hacerte una idea sobre ti mismo. Ahora toma una hoja de papel y piensa de forma honesta enumerando las que consideras son tus fortalezas al desarrollar un trabajo; puedes sub-clasificarlas si crees que eres más fuerte en unas que otras y luego enumera tus debilidades, haciendo una segregación similar.

Ejemplos de fortalezas y debilidades:

F= Buena memoria, Buena redacción, Buena constitución física.

D= No apto para matemáticas, Miedo a los animales, Déficit de atención, Sin carnet de conducir, etc.

Agrega ahora los aspectos y características que más te podrían interesar de un empleo, luego enumera los aspectos que no te interesan o que realmente odias de trabajar.

Ejemplos:

Tus intereses: Cercano a casa, empresa grande, bien comunicada, que utilicen otros idiomas, etc.

No te interesa: Horario inflexible, que laboren los sábados, el uso de corbata, que no tenga parking/estacionamiento.

Ahora fíjate bien, pues ya podrías tener una guía que describe tus verdaderas inclinaciones laborales. El siguiente paso es tratar de describir tu personalidad y enumerar los aspectos que mejor te describen, aquí puedes colocar tanto los que influyen directamente en el mundo laboral como los que no (por cierto, no hay aspectos buenos ni malos). Un ejemplo podría ser: Sensible, Amigable, Cuidadoso, Tímido, Organizado, Buen temperamento, Austero, Familiar, Madrugador, Honesto, etc.

El siguiente paso es tomar la lista y el posible resultado al que has llegado y pedirle a al menos tres personas que te conozcan y que no sean del mismo grupo social, que te den su opinión sincera de cómo te ves a ti mismo, ya sea haciendo ellos su propia lista o reflejando en la tuya su acuerdo o desacuerdo con tu propia opinión…

Mi recomendación, es que una de estas personas que te van a ayudar, sea un familiar cercano, otra un amigo/a y la última un colega de estudios o un compañero/a (o excompañero) de trabajo. Puedes adicionar las personas que desees.

Uniendo luego todos los resultados, podrás tener una apreciación bastante cercana de tu personalidad laboral, que podría guiarte a buscar el empleo que mejor se adapte a tus fortalezas, gustos y estilo y que peor vaya con tus debilidades y aprensiones.

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