¿Tantos años estudiando para esto?

Unav

Aula de Derecho de la Universidad de Navarra.

Lo dicho y repetido tantas y tantas veces; estudiar cinco años de carrera para acabar al final trabajando en un Burger King. Que oye, es un empleo tan digno como cualquier otro, pero desde luego no hace falta ser Einstein para despachar hamburguesas y lógicamente la frustración que eso causa en el titulado que se ve obligado a dedicarse a ello para ir tirando es doblemente perjudicial: de una parte genera trabajadores obviamente perjudicados y de otra se desperdicia un potencial incalculable en sectores estratégicos clave, más aún si tenemos en cuenta que la universidad pública sale principalmente de los impuestos de los ciudadanos. Por no hablar de la fuga de cerebros, cada día más frecuente en España.

Y es que tenemos el dudoso honor de vivir en el país de la UE con más sobrecualificación, o lo que es lo mismo, con más titulados que se ven abocados a aceptar trabajos no cualificados para subsitir. Concretamente casi un tercio de nuestros titulados, tanto universitarios como de FP o grado superior, cubre empleos por debajo de su nivel de cualificación. Si la cuestión no fuera tanto de echarse a llorar, casi podría dar la risa. Risa floja desde luego. Aunque desde luego este hecho esta directamente relacionado con lo que decíamos el otro día; señores, casi un 50% de paro juvenil. Es sin duda una cifra tan alarmante que no se puede sostener durante mucho más tiempo si España pretende dejar de ser un país de pandereta y aspirar a ser tomada en serio en el conjunto de Europa.

El dato lo desvelaba hace poco un estudio de Eurostat, la oficina estadística de la Unión Europea. Hasta un 31% de empleados sobrecualificados realizando trabajos muy por debajo de su formación y expectativas. La friolera de 12 puntos por debajo de la media europea. Por supuesto este fenómeno no es nuevo, sino las tempestades que se recogen de sembrar vientos. Con un modelo productivo basado fundamentalmente en el ladrillo y el turismo, la economía española ha sido incapaz de crear durante el período de bonanza económica suficiente empleo cualificado ni diversificar la actividad de manera que pudiera absorber la ingente cantidad de licenciados que salían de las universidades.

Y evidentemente, cuando estalló la burbuja inmobiliaria en 2008, aquellos que acababan la secundaria por entonces y que tenían claro que querían trabajar ya no pudieron encontrar ladrillo ni bar que les sustentara, por lo que lógicamente, optaron por cursar bachillerato. Dos años más tarde y ante una situación tanto o más catastrófica esto tuvo como consecuencia el lleno total en muchísimas universidades. Como muestra un botón; la Universidad de Valencia, que es el caso que conozco más de cerca, registra ya dos años consecutivos de ‘overbooking’, con listas de espera kilométricas.

La tendencia parece irreversible; sin mejoría económica y sin cambio de modelo productivo, dentro de unos pocos años las cifras serán arrolladoras. La pescadilla que se muerde la cola, un bucle que de no romperse nos costará lo que ahora ni siquiera podemos imaginar.

Imagen| Universidad de Navarra

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