El trabajo juvenil europeo es temporal

Unión Europea

Así como hemos caracterizado al paro europeo como un paro español y al paro español como un paro juvenil, en un intento de definir a grandes rasgos la situación económica actual y basándonos, para ello, en las características más destacadas de cada realidad a que nos referimos, hoy daremos cuenta de otra característica: el trabajo temporal.

Y es que el 70% de los jóvenes que trabajan hoy en la Unión Europea se encuentran ocupados de forma temporal mediante un contrato de estas características. La cifra se presenta todavía más llamativa si se la compara con el porcentaje de adultos que se encuentran empleados por medio de contratos temporales y que alcanza el 20%.

La cifra fue recogida por el director de tendencias del empleo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Ekkehard Ernst, quien se refirió al incremento de esta modalidad de trabajo especialmente en los países que se encuentran más fuertemente afectados por la crisis del euro, en cuyos casos el empleo temporal se ha duplicado y transformado en una opción de último recurso.

El especialista de la OIT acotó que el trabajo temporal puede resultar beneficioso para que los jóvenes adquieran experiencia laboral pero en el contexto económico actual, el empleo temporal es casi la única vía para conseguir un empleo. Tal es así que en todas las naciones de la Unión Europea se verifica un incremento de este tipo de contratos dándose por ejemplo el caso de Irlanda con un incremento del 13% y de España, con el 2,5% (aunque con una base muy diferente a la de Irlanda).

Ernst explicó que la desocupación entre los jóvenes es tan grave que los contratos temporales en vez de ser utilizados para adquirir experiencia se han vuelto el objeto de una competencia feroz en la que ya no sólo participan los menores de 30 años en busca de su primer empleo, sino que también atrae a profesionales y desocupados con experiencia laboral que han caído en el paro.


Para el especialista, esta realidad se mantendrá de esta forma durante un tiempo ya que, «de hecho, las condiciones económicas mundiales empeorarán de nuevo, y en la Unión Europea, por ejemplo, se prevé otro ciclo de recesión para finales del año».

En este contexto de adversidad y oscuro porvenir, las empresas no realizan contratos indefinidos para sus trabajadores, aún cuando los necesitan fruto de una mejoría dentro de la organización. En cambio y ante un panorama incierto, los contratos temporales prevalecen, de manera de contar con los recursos sin comprometer sus ingresos en función de una demanda que podría ser temporal.

A simple vista, una ecuación simple que busca reducir costos de contratación para las empresas, lo cierto es que la precariedad laboral significa para los trabajadores menos cobertura en seguridad social, menor acceso a la formación y, por supuesto, falta de estabilidad laboral.

Esta inestabilidad laboral y menor acceso a la formación provoca en los jóvenes no sólo el estar menos calificado para los puestos a que aspiran según su formación profesional sino que, además, les depara una red profesional incompleta o poco afianzada con la cual conectar en empresas y nuevos y mejores trabajos. Las perspectivas laborales, al igual que la evolución salarial, se ven coartados a partir del abuso de los contratos temporales.

Ante este panorama, Ernest convocó a los Gobiernos para que propicien la transición de contratos temporales a permanentes, y así estimular a las empresas para que contribuyan a reducir el desempleo en ese grupo poblacional.

También podrían instituir incentivos fiscales a fin de permitir que los jóvenes sean empleados bajo condiciones estables y para estrechar la diferencia en términos de costos entre el trabajo temporal y el regular.

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