Mujeres al mando

Las mujeres y el liderazgo desde el punto de vista femenino

Pocas son las empresas que han logrado tirar abajo las barreras impuestas por la sociedad de antaño en la que las mujeres no podían ocupar cargos jerárquicos, tener más responsabilidades que un hombre y no rendir cuentas a nadie.

Pero también son pocas las mujeres que se han animado a ocupar cargos en altas esferas, ya no sólo de las empresas sino de organizaciones e instituciones públicas; en suma, pocas son las mujeres que han podido trasvasar las murallas que impuestas y autoimpuestas las separan del liderazgo en cualquier de sus formas.

Y, ciertamente, la culpa es uno de los factores que ayudan a que las ejecutivas de España a replantear sus carreras a sentir que deben optar por la familia o la profesión y que hay sitios vedados para ellas.


Carmen García Ribas, autora de El síndrome de Maripili (La esfera de los libros) y directora del máster en Liderazgo Femenino de ESCi-Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, el primero en el mundo universitario recuerda que, además de la brecha salarial que distingue claramente el trabajo del hombre y de la mujer en igual cargo y responsabilidades, las mujeres deben aprender a ejercer el liderazgo desde el punto de vista femenino.

Por algo es que hay muy pocas mujeres directivas en las grandes empresas europeas – 9,7% de los puestos en los consejos de administración, según el estudio European Board Women Monitor 2008- y parte de esa explicación está fundada en el miedo al rechazo por parte de las mujeres.

«Los hombres y las mujeres no tenemos los mismos miedos y la construcción cultural de las mujeres se hace a partir del miedo al rechazo», explica García Ribas, que ya era responsable del posgrado sobre liderazgo femenino que se impartía en la UPF.

El miedo al rechazo es una de las principales causas por las cuales las mujeres aceptan sumirse a los estereotipos, lo cual conduce directamente a la culpa que conduce inequívocamente al castigo y al autosabotaje. Así, cualquier chance de esgrimirse como una líder acaba en la conclusión de el concepto de superwoman ha pasado de moda.

Pero la culpa que sienten las mujeres que podrían ser líderes no se reduce a la descrita, pues también hay culpa de no atender a la familia y, en este caso, las cifras son contundentes: según el Ministerio de Igualdad, el 94,7% del total de trabajadores que abandonan el empleo para cuidar a familiares son mujeres.

El problema del liderazgo y la identidad va mucho más allá pues actualmente estamos destinadas a que, para acceder a un alto cargo gerencial o de mando es necesario tomar acciones «masculinas» y enérgicas que violentan la verdadera identidad de género de la mujer.

De ahí nació la preocupación de García Ribas, para proponer el máster que permite «formar a mujeres directivas desde su identidad» y que plantea un plan de estudios que contempla tal identidad sin desmerecer las capacidades y habilidades de liderazgo que serán necesarias.

«La mujer en un cargo directivo puede aportar su talento y además modelos en los que razón y emoción puedan trabajar de forma eficiente», añade García Ribas.

García Ribas avala su iniciativa en un informe de la consultora McKinsey de 2007, en el cual han participado unas cien empresas de todo el mundo, y mediante el cual se logró determinar que aquellas firmas que tienen tres o más mujeres en el equipo directivo principal fueron más efectivas en cuanto a la coordinación, el control y la innovación.

Fuente: ADN.es

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