Prevenir el estrés en el trabajo

Sensibilizar a los jefes, favorecer las emociones positivas, utilizar buenas herramientas de medida… los departamenos de Recursos Humanos no carecen de pistas con las que proteger a los trabajadores de la tensión que uno siente en la empresa.

A los grandes empresarios les cuesta hablar del estrés, sin embargo sabemos que hay mucho personal quemado en algunas empresas. Quizá, empezando por reconocer que en ciertos espacios de trabajo hay tensión se daría un gran paso. Y es que, antes de empezar a realizar un plan de trabajo para prevenir el estrés hay que concienciarse de lo que estamos haciendo todos los días.

La tensión en el trabajo tiene que ver con la velocidad a la que se trabaja en el mercado laboral. Hay que obtener resultados antes que la competencia, hay que tener listo el informe antes de las tres, hoy me quedo a comer en el trabajo, dice el jefe que lo quiere para ayer… Y entretanto el mercado no parece crecer, al contrario. Más bien estamos en un periodo de crisis. Sin embargo, nada puede retrasarse.

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Foto: Instantaneo en Flickr

Hace tiempo estuve visitando una pequeña empresa muy curiosa, la gente tenía la necesidad de comer en su propia mesa de trabajo y los que salían a comer fuera estaban en su puesto de trabajo a la media hora. Nadie se iba de esa oficina antes de las nueve de la noche. No había tregua. Fui preguntando, en entrevistas individuales para evaluar su satisfacción laboral. De manera informal todo el mundo aseguraba estar cómodo en la empresa, sin embargo, se quejaban de que tenían poco tiempo para comer y de que se quedaban hasta tarde. La tensión entre los compañeros era tremenda, competían entre ellos por ver quién sacaba más volumen de negocio adelante. ¿Por qué se quedaban hasta tan tarde? Porque el jefe lo hacía. Habían hecho una norma no escrita totalmente absurda, hasta que el jefe no se vaya no se va nadie. El pobre hombre estaba asustado ante la cantidad de trabajo que tenían sus empleados y valoraba muy positivamente su buena voluntad. Cuando preguntaba a alguno de los responsables si veían necesario contratar más personal le aseguraban que no. ¿Por qué comían en media hora? Porque los compañeros lo hacían. De hecho los trabajadores tenían hasta las cuatro de la tarde para volver a su puesto. Nadie les había recriminado nunca por llegar tarde después de comer. De alguna manera mágica, los propios compañeros de trabajo habían montado equipos paralelos que competían entre sí, era como si fueran heredar la empresa. Lo curioso es que la mayoría de las personas no duraba más de dos años. Se quemaban y odiaban a los compañeros.

Finalmente, tras rascar un poquito en la estructura descubrimos que el administrador de la empresa estaba ejerciendo una especie de patriarcado amable. Lo malo es que tenía como a hijos mayores a Caín y a Abel, pero ninguno de los dos se dejaba de matar. Al parecer pensaban que iban a heredar el reino de los cielos (el dueño de la empresa tenía sesenta años y había manifestado su deseo de dejar las manos en manos de las personas más competentes).

Lo malo de estas situaciones es que acaban afectando a la salud y a las relaciones personales. Los ritmos fisiológicos se alteran, y aunque parece que el cuerpo se acostumbra el susto no tardará en llegar en forma de amago de infarto o cualquier otro tipo de dolencia. Las personas no solemos aguantar a nivel laboral más de dos cambios grandes al año: cambio de jefe, nuevo sistema informático, reorganización de personal, nuevos métodos de trabajo…

La negación del espíritu colectivo, el individualismo exacerbado que se practican en modelos empresariales importados de los Estados Unidos tiene como consecuencia que no existan vínculos sociales de ayuda entre compañeros. Las soluciones que deberían encontrarse fácilmente por pura cohesión social y equilibrio de ritmos no aparecen en el horizonte.

Curiosamente, la primera causa de estrés para el trabajador es su jefe. En ese sentido, nuestra recomendación es que trabajes un poco sobre las conductas que tiene, de la misma manera, los mandos deben ser curiosos, ofrecer una visión del negocio y no transmitir, bajo ningún concepto, tensión a los trabajadores.

Por ejemplo, cuando hay que decirle a un compañero que está haciendo algo mal es necesario nombrar varios aspectos positivos del trabajo que viene realizando. ¿Y qué jefe hace eso? Nos hemos educado en una cultura empresarial que sólo dice lo negativo. Hasta hace poco tiempo era raro escuchar un “gracias” a un superior en cualquier ámbito laboral. Si hacemos ver a una persona lo positivo que aporta al grupo, sus características y su importancia no tendrá problemas en hacer un esfuerzo por corregir fallos. La actitud es muy importante para el correcto desarrollo de nuestro trabajo.

Luego hay muchos jefes que son autistas de su propio estrés, lo niegan de la misma manera que niegan que haya tensión en sus equipos de trabajo. Son personas que generalmente asocian el progreso al sufrimiento y que nunca reconocen el cansancio. Van acelerados durante todo el año y eso nunca puede ser bueno.

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Imagen: Shawe Ewahs en Flickr

En todo trabajo, hay momentos del año en los que se requieren unos tiempos más rápidos y otros más lentos. Un buen mando debe aceptar el descanso de los equipos, y esto es una idea muy poco popular en algunos sectores. Por ejemplo, si en verano hay menos trabajo, es posible que la gente se pueda ir antes a casa o mejor salir a tomar unas cañas todos juntos un rato. De esta manera, cuando haya momentos de tensión, la cohesión social impedirá que haya rupturas desagradables.

Debería ser una obligación de todos los responsables de equipos de trabajo el ser optimistas, hacer reír al equipo al menos una vez al día, decir gracias y ole, ole y ole cuando las cosas se hacen bien. Y aquí viene la catarsis, es bueno organizar de vez en cuando alguna dinámica como el juego de las objeciones (en el que la gente puede decir lo que piensa de sus compañeros en un ambiente lúdico). De esta manera evitaremos futuros dramas.

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