La imagen del líder

Hay una frase que se suele decir y si bien es cierto parece no estar fuera de la realidad, podría recibir una pequeña modificación para hacerla más fidedigna: “Los líderes nacen”. Es cierto, algunos también dicen “Los líderes nacen y se hacen”. Puede que cada uno varíe la frase como mejor le convenga en el momento y siguiendo unos parámetros de análisis un tanto parciales, pero lo cierto es que los líderes también se logran, esto quiere decir que uno puede nacer con la vocación del líder, lo pueden formar como líder, pero si no consigue lograrse como tal, ha fracasado. Pasará su apogeo, luego será considerado como aquel ídolo de barro al que todos querían imitar, podrá convertirse gracias a su esfuerzo – porque eso es lo que ha buscado desde siempre – ascender al más alto nivel, pero pasará su turno, y la historia juzgará si hizo bien o hizo mal, si fue mediocre o eficiente, pero siempre, en cualquiera de los dos casos se dirá que ‘fue’, si no logra ‘ser’ siempre, e ‘ir siendo’.

Hay una frase que se suele decir y si bien es cierto parece no estar fuera de la realidad, podría recibir una pequeña modificación para hacerla más fidedigna: “Los líderes nacen”. Es cierto, algunos también dicen “Los líderes nacen y se hacen”. Puede que cada uno varíe la frase como mejor le convenga en el momento y siguiendo unos parámetros de análisis un tanto parciales, pero lo cierto es que los líderes también se logran, esto quiere decir que uno puede nacer con la vocación del líder, lo pueden formar como líder, pero si no consigue lograrse como tal, ha fracasado. Pasará su apogeo, luego será considerado como aquel ídolo de barrio al que todos querían imitar, podrá convertirse gracias a su esfuerzo – porque eso es lo que ha buscado desde siempre – ascender al más alto nivel, pero pasará su turno, y la historia juzgará si hizo bien o hizo mal, si fue mediocre o eficiente, pero siempre, en cualquiera de los dos casos se dirá que ‘fue’, si no logra ‘ser’ siempre, e ‘ir siendo’.

La experiencia podrá darle categoría de líder, y su inteligencia y empatía lo colocarán en la cima, pero deberá mantenerse, por más viejo que esté como para decidir terminar o más joven que parezca como para concluir aceptando su inexperiencia. Los líderes deben saber reconocerse como tales hasta el fin de sus días.

En todos los aspectos de la vida social, tanto el político como en el empresarial, en el académico como en el ideológico, no importa cual sea el escenario, el líder debe poseer una serie de características que lo hagan un ser especial y confiable.

No importa la personalidad, eso es tanto como decir que uno es mejor líder por el signo zodiacal al que pertenece. La personalidad es una característica que ayudará pero nunca será el determinante, se le quitaría de esa manera la posibilidad de lo consideremos como una persona inteligente y sin raciocinio. De ese modo un líder puede ser serio como alegre, persuasivo por su verbo como por su mirada, lo importante es que sepa pensar, reflexionar y decidir.


Foto: Organización y Gestión de Centros

Lo primero que pone al líder frente a sus seguidores es la necesidad de unos objetivos en común. Al aceptar la tarea de ser la cabeza de un grupo, el líder debe tener esa característica tácita de ser superior a los demás. Para tomar una decisión siempre se necesitan analizar una serie de factores, pues bien, los factores analizados por el líder deberán ser mucho mayores que los analizados por los demás y su pensamiento más elevado, sin detenerse en minucias más sí en los detalles.



Sus planes para la empresa que dirige deberán estar trazados de antemano, así como los planes de su vida personal y la de sus allegados, los mismos que también deberá conocer al pie de la letra. Deberá hablar de planes constantemente, de planes y más planes.

El líder deberá ser el innovador, superar con mucho estilo las ideas más originales, será evidente en este aspecto su carisma, y para las mejores cosas servirá y no solo para la retórica, aquella que acostumbran emplear otros que quieren ser carismáticos pero en las situaciones más banales.


Foto: Centro Motivación Liderazgo

Al estar en contacto directo con sus seguidores o el grupo al que dirige, se dará cuenta que el aprendizaje será mejor en grupo. No será un sabelotodo porque también aprenderá nuevas cosas junto a su equipo, pero será él el que extraiga las mejores conclusiones. Estará enviando constantemente mensajes subliminales de superioridad, y los demás escucharán así su voz en silencio que diga siempre: Vamos, con fuerza.

No le será necesario sentirse superior, no querrá estar endiosado sino por el contrario demostrar también que como ser humano se equivoca pero tiene el suficiente autocontrol como para evitar que sus errores nunca sean nefastos. Por eso será el primero en la detección de errores, sin el afán de molestar y atribuírselos siempre a alguien en especial.

Si hay cambios, adaptarse a ellos. Si hay dudas, eliminarlas con un buen baño de confianza. Su palabra clave para el vislumbramiento de un problema será la prevención; para la presión, madurez emocional y para el entrampamiento, la creatividad. Es necesario que el líder de todo grupo humano conozca las distintas fuerzas e inteligencias de sus allegados y sepa darle su lugar a cada cual. Atrás quedaron las imposiciones de los líderes autoritarios, que abusaban de la mano dura porque carecían de recursos para encontrar las mejores alternativas. Ahora es la época del líder comunicacional, del que habla y no grita, del que se expresa y no impone.


Foto: Quality of Life

El aspecto empresarial
Actualmente está apareciendo una nueva imagen del líder en el aspecto empresarial, quizá el área en donde su imagen ha estado más parametrada que en tantas otras: es la imagen del jefe. El que solo se detiene para dar órdenes está perdiendo sentido cuando aparecen trabajadores pensantes, con objetivos y visible grado de desarrollo personal como bien lo indica Peter Drucker, aquellos con capacidad creativa y actitud innovadora, con apego a la calidad y que no solo ven la eficacia de su trabajo, por el contrario buscan la vanguardia de la empresa. Frente a estos trabajadores ‘el jefe’ pierde sentido, se necesita también un líder, con una visión que comparten ellos, con un entusiasmo tan grande como el de ellos y que no haya sido aplacado por la rutina, por el sopor del día a día. Están apareciendo los líderes empresariales verdaderos, con sus propios métodos para dirigir a su gente, con una posición inquebrantable a la cabeza de su departamento o de su empresa. Sin la necesidad de pensar en posibles desplazamientos y recelos sin sentido, porque simplemente en su grupo no los hay. Aquel que sabe que el pensamiento de su equipo está por encima de eso y que no tiene necesidad de ello.

Es cierto los líderes nacen y se hacen, pero si no se mantienen completan el ciclo de un modo triste: mueren y nunca habrán existido de verdad.

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