Filosofía para niños

Hace casi 40 años, el filósofo norteamericano, Matthew Lipman, propuso un nuevo y revolucionario método educativo para niños: enseñarles a pensar de una forma filosófica. En su momento, los resultados que se podrían llegar a obtener con este proyecto fueron cuestionados y tratados con escepticismo. Sin embargo, Filosofía para Niños se aplica hoy en día en más de cincuenta países.

La propuesta educativa se basa en brindarle a los niños y adolescentes de entre 4 y 18 años, los instrumentos necesarios en el momento en que comienzan a interrogarse acerca del mundo, estimulando y desarrollando el pensamiento mediante un conjunto de pautas metodológicas que rescatan la curiosidad y el asombro.

La idea no es formar filósofos de profesión sino elevar el nivel cognitivo, afectivo y de conducta de los niños y jóvenes, enseñándoles a pensar por sí mismos mejorando sus capacidades intelectuales y su calidad de vida en general.

Tomando como pilar su viva inteligencia y su riquísima imaginación se busca interesarlos en diferentes temáticas y estimularlos a sacar sus propias conclusiones y fundamentos de las mismas. Las preguntas ¿Por qué?, ¿Cómo es eso?, ¿Qué es eso?, y otras más formuladas en el programa les permiten ampliar sus horizontes cognoscitivos y despertarles el razonamiento crítico y el espíritu creativo.

La metodología de trabajo de la Filosofía para Niños se apoya en un conjunto de relatos filosóficos que sirven como textos básicos de lectura y como disparadores para la discusión  filosófica; libros de apoyo para el docente que ponen a su disposición variados planes de discusión y ejercicios que facilitan la consecución de los objetivos propuestos; un programa de formación para docentes, que les permita extraer todas las posibilidades de los relatos y asegurar un desarrollo secuencial de las destrezas propuestas y una metodología pedagógica tendente a transformar el aula en una comunidad de indagación basada en el diálogo y la discusión.

A lo largo de los años, Filosofía para Niños ha demostrado ser una herramienta pertinente y eficaz como sustento de la enseñanza, concibiendo a la filosofía como algo que los niños pueden “hacer” y no como se la veía tradicionalmente: una disciplina reservada para el ámbito universitario. 

 

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