Despido… ¿Y ahora qué?

La pérdida del empleo, en muchos casos viene continuada por la disminución del autoestima y la desvalorización personal. Para evitar las consecuencias negativas, es importante conocer algunos puntos para tener en cuenta y salir airoso de la crisis.

El momento de un despido laboral, suele ser doloroso y estar cargado de estrés. Afrontar una situación en la cual una persona debe asimilar que ya no tiene el trabajo que solía tener y que le daba el sustento diario, puede resultar traumático. Una vez despojados de la rutina habitual, es difícil reacomodarse a una nueva realidad, por lo cual, muchas personas suelen sentir que no son valorizadas y, como consecuencia, ver afectada su autoestima. Luego del shock que genera la noticia de la desvinculación permanente de la tarea, también hay que acostumbrarse a que no sólo la actividad que se desempeñaba se termina, sino que lo que se está acabando es una etapa de la vida.

Independientemente de si se sentía agrado o no por la labor efectuada, se tienen sensaciones comunes como la bronca, la impotencia y la indignación. Ahora bien, si ese trabajo era un factor negativo en la vida del nuevo desempleado, con los días experimentará un sensación de liberación y podrá cerrar la etapa que le resultaba tediosa, para iniciar otra con más éxito. De lo contrario, si la persona tenia gusto y placer por las actividades que realizada y estaba conforme con los beneficios y condiciones, en este caso el proceso puede ser más lento y doloroso.

Frecuentemente, al perder la capacidad de valerse por sí mismo, se enfrenta una situación que puede ser perjudicial para la salud, no solo psíquica, sino también física. Muchos son los casos de depresión post despido; la persona deja de atender cuestiones personales y se sumerge en estado descuido y desinterés que pueden llevarlo a una serie de enfermedades psicosomáticas y, en los peores casos, recurrir a malos hábitos y caer en adicciones al alcohol o las drogas. Es importante no permitir que la condición del despido afecte el estado de bienestar y salud.



En el caso de tratarse de un despido del jefe de hogar, en el ámbito familiar, las relaciones comúnmente se tornan tensas, frías y distantes. Es posible que se incrementen los roces y el cambio de roles, y se generan, además, alteraciones negativas del orden tradicional. Las perturbaciones alcanzan incluso a los niños en edad escolar. En estos casos las crisis son más profundas, no sólo por que las consecuencias son más importantes, sino por que afectan el futuro familiar de un núcleo, no sólo de una persona.

Debe tenerse en claro que el desempleo es un estado de carácter transitorio, el cual depende principalmente de dos factores; el primero, está representado por la realidad social que se vive en la ciudad y país donde la persona se encuentre. Y el segundo factor, corresponde a la actitud personal con que se enfrente la desocupación.

Una vez asumida la situación, hay que intentar resolverla de la manera más sana posible, para evitar futuros trastornos que sólo empeorarán la crisis. Para esto, es fundamental ser consiente de todas las sensaciones que nos atraviesan, y que son perfectamente normales. Es lógico sentir dolor, miedo y desesperanza, y de nada sirve intentar cubrirlas ya que tarde o temprano, saldrán a la luz. La forma más natural es vivir el duelo y aceptar la pérdida, sin juicios de por medio.

Es normal sentirse afectado como persona, puesto que un despido puede tornarse una situación en la cual se siente la descalificación, pero en ese momento hay que dejar de pensar en lo que se perdió y enfocar la vista en el futuro, que ya quizás la pérdida del trabajo abre una puerta hacia una oportunidad mejor. En lugar de ver lo negativo del despido, lo más productivo es evaluar cuál fue el crecimiento que se obtuvo y los conocimientos que se adquirieron, para aplicar a lo que vendrá. Y determinar cuáles fueron las falencias y errores propios, para aprender de la experiencia.
Posteriormente a que se puedan reconocer todos estos sentimientos, es importante saber que pueden compartirse con otras personas del entorno; amigos, familia o ex compañeros de empleo. En el caso de sea necesario puede consultarse con un especialista; un psicólogo puede ayudar a resolver la situación de baja estima que generó el despido y orientar a la personal en un nuevo camino para la búsqueda de otro empleo. En estos momentos hay que estar abierto a escuchar la devolución, los consejos y aprovechar estos elementos en utilidad propia para conocer las fortalezas y debilidades.

Luego de atravesar por este proceso de adecuación al cambio, hay que reunir todos estos aportes de personas cercanas y conclusiones personales, porque es el momento de continuar adelante, para esto hay que dedicarse a visualizar las opciones y los pasos a seguir. La mejor forma de llevar adelante la inminente búsqueda, es de manera organizada. El primer paso es actualizar el currículum vitae y evaluar los medios de inserción laboral.

Durante toda esta crisis, es importante mantener la actitud positiva y ver la situación de la realidad de manera integral, no enfocando únicamente en lo perdido. Seguramente al principio se cerraran algunas puertas, pero hay que mantener la perseverancia para conseguir un puesto acorde a la búsqueda que nos haga sentir a gusto y nos quite la sensación de inutilidad y desvalorización.

Claro que el empleo no llega por azar en la mayoría de los casos, de lo contrario el mercado laboral no sería tan competitivo. La contratación es el producto de la preparación, habilidad, agudeza visual ante la oportunidad, la sensibilidad y empatía que posea el aspirante. Es por esto que durante la crisis no hay que perder la firmeza ni la fuerza, así, en el momento de enfrentar a un posible empleador, poder trasmitírselo. De poco sirve ir a una entrevista en la cual el receptor se encuentre con un candidato débil que aún guarda rencores por sus empleadores anteriores.

Si en el momento del inicio de la inserción laboral, no se siente la entereza para hacerlo, lo mejor es tomarse el tiempo necesario para transitar el proceso, que a algunos les lleva más tiempo de lo previsto, y al retornar al circuito, poder hacerlo con seguridad.

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