Crisis: Oportunidad de cambio

En todos los ámbitos de la vida, es frecuente pasar por crisis que en un princicpio resultan negativas, pero es importante saber cómo modificar la situación para convertirla en un aspecto positivo.

Cuando se menciona la palabra Crisis, en general, suele venir a la mente un concepto negativo. Lejos de eso, una crisis es una oportunidad de cambio, y como buena oportunidad, hay que saberla aprovechar de una forma beneficiosa. En la cultura china, se utiliza el término crisis como resultado de la combinación de dos caracteres; «peligro» y «oportunidad». Y en cada crisis aparece lo que se verifica como una disyunción. Esta bifurcación implica decisiones que son siempre encrucijadas de peligro y oportunidad.
Esto es inevitable, teniendo en cuenta que vivimos en permanente cambio, y que esto es lo único que nunca se detiene. A nuestro alrededor, existen constantes cambios en el mercado, en las políticas publicas, en las fuerzas ambientales que rodean a las empresas (sociales, culturales, económicas, tecnológicas y ecológicas). No únicamente la crisis se genera en el entorno, sino en los seres humanos, en una constante mutación, renovación y evolución.

Laboralmente hablando, las crisis son sumamente frecuentes. Ya sea por un despido, una renuncia, un ascenso, una reubicación o un traslado. Como en todo proceso, existen etapas, una de ellas, la primera, tiene que ver con la resistencia, ya que por naturaleza las personas somos reticentes al cambio, más aun si encontramos comodidad en la postura que antes se tenía.

En la situación de tratarse de un cambio resultado de una decisión propia, la crisis no se evade, lo que pasa es que la crisis llega antes; al momento de optar por cambiar o no. Para lograr una decisión acertada, se debe mantener un enfoque sistémico que hará tener en cuenta las variables y la lógica, que nos encause en una decisión con eficacia y eficiencia.

Para quien atraviesa una de estas crisis, es importante tener presente que es parte de la naturaleza humana y que, al igual que el tiempo, es algo que es imposible detener. La propia necesidad del ser incentiva el crecimiento y el desarrollo profesional. Esto obliga a cada persona a readaptarse continuamente a una nueva realidad, siempre teniendo en cuenta las necesidades, las ganancias, los deseos y las consecuencias.



Como todo proceso, deriva en una serie de fases, en este caso son cuatro. La primera es la ya descripta negación; la no aceptación del cambio, ya sea por miedo o por cualquier otro motivo, es común una postura agresiva que es producto de un mecanismo de defensa. La segunda etapa es la resistencia; ver la posibilidad de sabotear la inminente crisis. Es frecuente en esta fase, que el afectado quiera establecer alianzas para idear un plan alternativo. En tercer lugar se presenta la exploración, que es la iniciación de la apertura a las nuevas estructuras, correrse de la posición personal, mirar diferente las cosas, analizar las ventajas de cambiar, convencimiento personal de la importancia de cambiar y el dominio parcial del egoísmo. Como fase final, se presenta la aceptación, cuando una vez instalado el cambio, se acompaña e interactúa con él. Por último surge el apoyo al cambio, el ingreso a la nueva era y dominio total del egoísmo y la agresividad.

Ahora bien, cuando el cambio proviene de una propia necesidad, se puede decir que “se lidera el cambio”. Para hacerlo es necesaria una visión estratégica compartida y especial que siempre sugiera una nueva oportunidad de crecer, y además, es indispensable saber expresar bien la propuesta, en el caso que sea necesario.
Una vez conseguida la idea, hay que establecerle un sentido y un grado de urgencia, para luego desarrollar una visión y una estrategia que acompañe el proceso. Luego, habrá que comunicar a quienes corresponda esta visión. Este es el momento de romper los obstáculos, asumir riesgos y delegar, si el cambio lo requiere.

Como consecuencia de un cambio, se obtiene un resultado, que puede resultar o no el esperado. Es por esto que es necesario llegar a un punto en el cual se evalúen las consecuencias. Esta evaluación generará a su vez nuevos cambios, nuevos objetivos, ya sea a corto, mediano o largo plazo. La no generación de un cambio, también implica las mismas consecuencias, ya que el mantenerse constante es una decisión, también se afectará al futuro, porque el cambio se mantiene constante. En el caso de que los resultados no sean los deseados, siempre existe la posibilidad de realizar un análisis de los desvíos, introducir las modificaciones, y comunicarlas iniciando nuevamente el proceso de cambio.

Como líder o protagonista de un cambio, se debe tener en cuenta que se requiere siempre de información que nos proporcione los datos relevantes para optar por lo que puede llevarnos a una decisión apropiada y que fundamente el cambio. En este proceso resulta de carácter fundamental la comunicación, ya que ante una crisis no es anormal conservar una postura cerrada que no acepte escuchar otras posiciones.

Durante el proceso en sí, en el antes y en el después, existe un factor que en mayor o menor medida siempre se encuentra presente; la duda. El cuestionamiento continuo del cambio por hacer, hecho o que se hará próximamente, es recurrente porque cuando existe cambio se resigna, y la incertidumbre que genera lo que vendrá, con el miedo de lo que se deja atrás, confunden frecuentemente a quien está atravesando una crisis. Este miedo es muchas veces el que no permite la evolución y el crecimiento, es por esto que ante la posibilidad de pérdida, no hay apertura a lo nuevo.Lo cierto es que por más resistencia que se imponga, los cambios están en la vida como parte de la misma y no se pueden evadir ni controlar totalmente, sólo adaptarlos y asumirlos de manera tal que no sean drásticos y que no siempre indiquen la implicancia de un trauma. Como oportunidad, es importante convertir lo negativo o neutro el algo de lo que podamos sacar provecho y que resulte ser positivo, sea tanto si se piensa en un rango de ámbito empresarial general, como individualmente formando parte de una empresa.

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