Cómo ser un trabajador proactivo

La proactividad parece una característica que no todos tenemos; y así es, pero quienes no sean proactivos pueden tener actitudes proactivas, imitadas de aquéllas personas que, por naturaleza, responden a la descripción anterior, sin siquiera esforzarse.

La proactividad parece ser una cualidad que cotiza muy alto en la actualidad; prácticamente no existe aviso de búsqueda de empleo que no solicite “persona proactiva” para desarrollar tales o cuales tareas; como si fuera más importante ser proactivo que estar formado o tener experiencia.

Así, en estos tiempo laborales, la proactividad es valorada, entonces, si te encuentras en la búsqueda de empleo o quieres reforzar el puesto donde estas, debes volverte proactivo.

Pero ¿que es ser proactivo?

Para dar una definición sencilla y rápida sobre la proactividad y lo que ser proactivo encierra, diremos que es una actitud personal del trabajador que le permite adelantarse a los problemas antes de que éstos sucedan, para tener ensayadas las soluciones antes de que sea tarde, incluso antes de que se las soliciten.

Un empleado proactivo enfrenta y resuelve con éxito cualquier problema y soporta las presiones de los superiores inmediatos con un gran sonrisa y demostrando que se trata de un desafío y no un problema; y que tiene el deseo y la capacidad de lograr que las cosas mejoren. Todo, en poco tiempo.

Así dicho, la proactividad parece una característica que no todos tenemos; y así es, pero quienes no sean proactivos pueden tener actitudes proactivas, imitadas de aquéllas personas que, por naturaleza, responden a la descripción anterior, sin siquiera esforzarse.

Si tu no eres proactivo pero quieres tener algunas de estas actitudes para conservar tu empleo o ser mejor valorado en el mismo, puedes comenzar por anotar e intentar imitar algunas acciones proactivas.



Las personas proactivas no temen a los cambios, todo lo contrario, muchas veces son quienes los impulsan, entonces, deja de temer a la incertidumbre, la novedad y el cambio y ten una actitud positiva frente a los mismos.

Es mejor que te convenzas de que las cosas cambian muy rápido y que lo mejor es estar preparado para cuando suceda, evitando las nostalgias que nos impiden readaptarnos a las nuevas realidades. Sé flexible, admite que las cosas pueden ser un poco o totalmente diferentes y que tú puedes formar parte del cambio, gracias a un enfoque positivo.

Si te equivocas o los resultados no son los que esperabas, no es una catástrofe; toma esas ocasiones para obtener experiencias y sacar buenos aprendizajes, que siempre se aprende más de los errores que de los aciertos.

Recuerda que una persona proactiva no se deja vencer por un fracaso, todo lo contrario, lo impulsa con más fuerza, así que recuerda, se trata de resultados y debes encontrar la mejor forma de obtenerlos; si a la primer no lo consigues, tienes otras oportunidades.

Ser asertivo es una de las cualidades más destacables de las personas proactivas; así que emula su manera de manifestar sus opiniones o dar respuestas que los jefes no desean escuchar de manera que no les moleste.

Si te hacen una propuesta que no estás dispuesto a aceptar, no te resignes a que si dices “no” será la última vez que te propongan algo y pasarás al cajón de “contigo no puedo contar”; mejor busca la manera de quitarte el compromiso de encima pero sin resignar tus deseos.

Una manera diplomática de rechazar una proposición del jefe es decirle “me siento muy halagado de que me hayan tenido en cuenta para esta tarea, pero actualmente no puedo asumir más compromisos de los que tengo; sin embargo, tan pronto como me libere de algunos asuntos estaré encantado de colaborar en ésta u otras tareas”. Sin dudas, no podrán obligarte y tu habrás excusado con elegancia.

Siempre toma la iniciativa; tú mismo puedes poner en acción las labores que están en tu esfera de decisión; no pierdas el tiempo analizando o consultando con pares o superiores si es algo que tú puedes decidir. Si analizas demasiado un asunto, el miedo al fracaso no tardará en aparecer y probablemente postergues resolverlo o busques de la aprobación de alguien más.

Muchas veces, dar el primer paso rápidamente hace que las cosas se pongan en marcha por sí solas y una vez encausadas corregir el rumbo no es tan complicado.

Si en cambio pierdes el tiempo en análisis exhaustivos, jamás te pondrás en marcha y sin lugar a dudas encontrarás la manera de convencerte que dejarlo en el olvido ha sido la “decisión más acertada”.

El verdadero motor del trabajo es la acción productiva y no la motivación; así que toma la iniciativa y ponte en marcha. Es común que un trabajador temeroso que consulta a su jefe ante una acción, sepa exactamente cómo desarrollarla, es más, sabe hacerlo mejor que su jefe, pero necesita, por inseguridad, de la aprobación de un superior que le movilice.

Alguien proactivo no aplaza tareas, ni teme, se pone en acción antes de que la postergación e indecisión le tomen por sorpresa y lo paralicen.

Muchas veces camuflamos la inacción con un análisis excesivo que conduce a “hipótesis negativas” y que si tan sólo las hubiéramos puesto en marcha, hubiésemos verificado que los resultados eran altamente positivos.

El conformismo es un enemigo de los trabajadores proactivos; convencerse de que es “mejor pájaro en mano que cien volando” es una excusa para la inacción y así jamás conseguirás progresar laboral y profesionalmente.

Correr riesgos es parte de la labor proactiva, enfrentar los cambios con todas sus consecuencias es el mayor desafío, pero no una limitación.

No debe haber lugar para tener miedo al fracaso, pues el miedo paraliza; es mejor pensar en oportunidades de acierto y que, si a la primera no se consigue, habrá una segunda chance.

De esta manera no estaremos esperando que la motivación y la iluminación de una victoria segura nos llegue, porque puede que eso jamás nos suceda; difícilmente el éxito golpee a tu puerto sin que tú lo hayas buscado antes; así que ponte en movimiento.

Una vez que estás en movimiento y consigues los primeros objetivos, esos pequeños logros son los más grandes motivadores para continuar en acción o corregir el rumbo si acaso el éxito no es el esperado.

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