Cómo identificar a un trabajador que puede irse

La mejor manera de gestionar la dimisión de un trabajador es estar preparados, verlo venir e intentar evitarlo. En cualquier caso, es el jefe directo el que tiene que jugar ese rol mezcla entre el buen conocimiento de una persona y la observación.

Hay administradores de empresas y gerentes que tienden a echarse las manos a la cabeza cuando una persona decide abandonar el puesto de trabajo. Normalmente, antes de irse, un trabajador suele dejar algunas pistas que pueden servir para darnos cuenta.

Hay ciertas conductas que se dan cuando una persona no está cómoda en el puesto de trabajo y empieza a mover su curriculum. Los horarios de trabajo cada vez se ajustan más al horario del contrato, las llamadas telefónicas personales empiezan a ser recurrentes y se piden permisos de medio día (generalmente para ir a alguna entrevista de trabajo o porque están demasiado quemados). Generalmente se apoyan en los compañeros para mostrar su descontento en la empresa. Son bastantes las señales que un buen gestor de personal debe reconocer, detrás de ellas está la desmotivación o un proceso de selección que se lleva a espaldas de los jefes.

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Si un trabajador reactiva su red de contactos, es probable que esté buscando una salida. Puede tratarse de antiguos compañeros o clientes con los que ha trabajado, o simplemente puede que se inscriba en redes profesionales virtuales como Viadeo. En caso de percibir esta actitud, basta con abordarlo directamente en tono ligero, su reacción revelará sus motivos.



La inminencia de una dimisión puede traducirse finalmente en una fuerte desmotivación del trabajador. El hecho de que vaya cerrando proyectos o vaya delegando tareas en otros compañeros es un factor importante. Su actitud, menos sonriente, menos entusiasta con el trabajo puede ser otra muestra. Esta es una de las razones por las que un buen gestor debe conocer muy bien a los trabajadores sobre los que es responsable. Un cambio en su comportamiento en el trabajo puede ser una señal. También hay una máxima a tener en cuenta, al cabo de tres años en el mismo puesto de trabajo la gente se aburre.

Hay algunas condiciones de trabajo que son facilitadoras de las dimisiones. Es necesario prestar especial atención a los trabajadores cuyas responsabilidades no hayan evolucionado mucho en los últimos tiempos. La persona puede estar quemada de hacer siempre el mismo servicio, el mismo trabajo o estar siempre en la misma escala laboral. Algunos perfiles, como los jóvenes licenciados o los informáticos suelen estar más interesados en buscar novedades, los primeros quieren progresar rápidamente y los segundos desean variar mucho las distintas tareas que se les proponen.

Cuando un jefe tiene dudas sobre la motivación de un buen trabajador que quiere que se quede en la empresa debe actuar con cuidado. Es necesario hacer hablar al trabajador, preferiblemente en un marco informal como puede ser un almuerzo. Entonces hay que preguntarle cómo lo está pasando últimamente en el trabajo, qué tal funciona su equipo de trabajo. Cuanto más hable, más información podrá suministrar sobre su estado de ánimo. También se les puede preguntar, con mucho cuidado, al resto de compañeros sin abordar directamente el tema.

Una vez tomado el pulso al equipo de trabajo, es posible reaccionar previamente al anuncio de baja voluntaria. Proponer al trabajador nuevas misiones en el marco de su puesto es una posibilidad. Se le se puede por otra parte incita a reflexionar por sí mismo. Una denegación sería una confirmación de su deseo ir. Si el problema se refiere a varios asalariados, volverse hacia la dirección de los recursos humanos puede ser interesante: tendrá el retroceso necesario para analizar las causas de esta desmovilización y podrá, cuando proceda, establecer un programa común para retener el talento.

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