Cómo criticar al jefe y no morir en el intento

Aunque a más de uno se le pase por la cabeza desahogarse con los compañeros, criticando algunas de las conductas incompetentes de sus superiores, lo cierto es que para corregir a un jefe es conveniente cuidar las formas y seleccionar muy mucho el momento, si no se quieren vivir situaciones incómodas, laboralmente hablando. Algunas de las recomendaciones esenciales para proceder a criticar a un supervisor son: en primer lugar, ganarse su valoración y respeto, utilizar datos concretos y objetivos, y evaluar el grado de receptividad del destinatario de nuestras observaciones.

Criticar al jefe

¿Quién no ha sentido alguna vez el deseo de criticar a su jefe?. ¿Quién no ha pensado alguna vez que sus superiores también tendrían mucho que aprender o mejorar?. Más de uno no ha podido reprimir la necesidad de desahogarse con sus compañeros y poder expresar sin tapujos lo desagradables que le resultan algunas conductas de su supervisor. Muchas veces, el simple hecho de poder exteriorizarlo con el resto de trabajadores ha disminuido considerablemente su estrés laboral; otras en cambio, el compartir estos pensamientos con los demás le ha complicado la vida y le ha acabado pasando factura.

Esto último es lo que sufrió un empleado de una empresa internacional de tecnología e informática que fue despedido por censurar a su jefa a través de un e-mail que envió a un compañero, en el cual hacía críticas explícitas a la incompetencia de algunos directivos de la compañía. Le denunciaron por injurias, aunque la justicia dio la razón al trabajador alegando que éste se limitó a cuestionar al superior, y que la expresión libre y democrática de las ideas es un derecho constitucional, por lo que al final la empresa ha sido condenada a pagar una indemnización al empleado.

Es obvio que este caso alcanzó una trascendencia inusual y que no es de lo más frecuente, pero sirva para recalcar que saber elegir el medio, el momento y las formas de hacer una crítica constructiva a un jefe puede evitar malos entendidos, despidos improcedentes, y sobre todo un mal clima laboral que termine generando desconfianza en los trabajadores y una bajada del rendimiento o productividad en las empresas.



No estamos diciendo que un subordinado no pueda corregir a su supervisor, pero admitámoslo este último no espera oír críticas que provengan de alguien al que suele darle instrucciones él mismo. Por eso, es conveniente antes de dar el gran paso de criticarle: asegurarse de que el vínculo laboral con él se ha consolidado, conseguir que previamente haya elogiado algunas de nuestras competencias como trabajador para que nuestro criterio goce de su consideración, y por último tener muy claro y elaborado lo que se le va a decir. Algunas pautas que pueden ayudar a facilitar este proceso son:

  • Ganarse su valoración y respeto. Esto puede alcanzarse demostrando que estamos capacitados para trabajar en ese nivel y en otro superior, para ello es bueno asumir responsabilidades extras a las normales y obligatorias, al menos durante un tiempo. También es positivo informarle periódicamente de nuestros progresos, pero para que no parezca un espectáculo narcisista puede enfocarse como un ofrecimiento a realizar reuniones (mensuales o semanales) conjuntas con él y recalcar nuestra disponibilidad para hablar cualquier tema que necesite.
  • Garantizar el derecho a la reciprocidad. Para pedir hay que dar antes, y para hacer una crítica hay que estar preparados previamente para recibirla, por lo que es recomendable procurar mantener una actitud abierta y receptiva ante las correcciones o sugerencias que el jefe pueda realizarnos. De igual forma, es útil valorar sus opiniones y pedirle asesoramiento cuando sea oportuno; ahora bien, sin rayar en servilismo o adulación, puesto que puede crear rechazo y desconfianza.
  • Formular la crítica de forma constructiva. Para ello es preciso escoger el momento adecuado en el que no haya más personas y se disponga del tiempo necesario para hacerlo. Lo mejor es buscar una línea de comunicación directa con el jefe sin tener que pasar por otros superiores intermedios que puedan distorsionar la información y dar lugar a suspicacias. Hay que cuidar que lo que le señalemos vaya orientado hacia su comportamiento, es decir, hacia algo que hace o que no hace y que repercute sobre tu trabajo o el de los compañeros, pero no hacia su forma de ser o valores. Cuánto más concretos seamos mejor que mejor, intentando no hacer uso de términos absolutistas como «siempre, nunca, todo, nada», pudiendo complementar nuestro mensaje con hechos, cifras y ejemplos objetivos.
  • Evaluar el grado de receptividad ante la crítica. No se puede hacer el mismo número de observaciones y con la misma fluidez a un superior que se muestra flexible que a uno que es más rígido en su modo de trabajar. Es recomendable tener en cuenta si él favorece la interacción con los empleados, si deja la puerta del despacho abierta o cerrada, si promueve reuniones en las que todo el mundo tiene derecho a hablar, etc. Estas señales no pueden pasarnos desapercibidas, porque muchas de ellas son la luz verde que nos permitirá transmitirle nuestras sugerencias.
  • Reconocer que el jefe es el otro. Es importante considerar esta premisa, pues si se cuestiona abiertamente su autoridad, es probable que nuestra corrección no sea bien recibida. Hay que procurar despersonalizar y desculpabilizar exponiendo el tema con expresiones del tipo «la situación actual»o «nos estamos encontrando con que…», enfatizando en que nuestra indicación es sólo una opción, pero que en él está tomar una decisión.
  • Aumentar la validez de la crítica. Esto no significa que haya que justificarse extensamente como fuente válida y honesta, sino más bien buscar el complementar nuestra opinión con datos de la mayor fiabilidad y validez posible: reseñar expertos, estudios, cifras, maximizando en la objetividad e importancia de la información.
  • Pedir ayuda al superior para resolver el problema objeto de la crítica. Esto hará que el jefe se sienta útil, valorado y se convierta en un aliado en lugar de alguien que nos mira por encima del hombro cuando vamos a «decirle cómo se tienen que hacer las cosas».

Foto: andeva98

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