¿Somos todos iguales?

Si nos paramos a pensarlo dos veces ¿Quién no es especial? Pues sinceramente todos tenemos nuestras cosas. No hay dos personas iguales. Todos tenemos nuestras manías, rarezas, opciones… y las vemos como buenas, simplemente, por ser las nuestras. ¿Por qué no se hace lo mismo con las de los demás? Hay quien no es capaz de abrir su mente y ver mas allá de su visión.

La sociedad cada vez es más abierta. Pero no siempre esto se cumple. En según qué aspectos, aun queda mucho camino por recorrer para eliminar las discriminaciones de cualquier tipo.

Se tiende a rechazar aquello que es distinto y que no está visto por la sociedad con los ojos subjetivos de la normalidad. A muchos, lo diferente les molesta, porque sí, sin tener razón alguna.

Es comprensible no sentirse identificado con formas distintas o alternativas. Sin embargo, eso no da derecho a criticar y perseguir haciendo la vida imposible a las personas que las eligieron.

Se dice popularmente, que para el gusto están los colores. Hay que aplicarse el “vive y deja vivir”. El no entender determinadas opciones no significa no tener que aceptarlas o respetarlas.

Nadie tiene la razón absoluta y ninguna opción es más correcta que otra, aunque sea la mayoritaria. En cada época van cambiando las tendencias. Por ejemplo, en la época romana, la promiscuidad estaba en boga. Los romanos eran bien conocidos por sus bacanales. Actualmente, la sociedad es monógama y la promiscuidad no tiene aceptación.

El ejército griego promovía la  homosexualidad entre sus guerreros, pues así se establecían unas relaciones más estrechas que les permitía unirse más para la guerra. Con los años, sería motivo de persecución. Es más, en la actualidad aun son los países donde está aun perseguida, con penas de privación de libertad.

En lo que se refiere al concepto de familia, sigue prevaleciendo la versión más tradicional, continuando con argumentos arcaicos y sin fundamento. La sociedad ha cambiado en los últimos años. Actualmente, es normal ver madres solteras con hijos, las mujeres o los hombres divorciados con hijos, las parejas que conviven sin estar casadas, las parejas homosexuales con o sin hijos.

La unidad familiar puede ser muy diversa y ninguna es mejor que otra; cada uno constituye la que más se ajusta a su forma de ser. Así, las madres solteras, afortunadamente, han dejado de estar mal vistas, como en épocas anteriores y han pasado a ser una realidad más.

Pero lo que ocurre en la sociedad, no se queda a ese nivel solamente. En el ámbito laboral, podemos hacer extensivos estos cambios. Para una buena convivencia, hay que dejar a un lado los prejuicios. No deben influirnos las circunstancias personales de cada candidato, así que tampoco nos tendrían que importar las respuestas a estas preguntas:

¿De qué raza es?
¿Sufre alguna discapacidad?
¿Qué religión practica?
¿Está divorciado?
¿Cuál es su opción sexual?
¿Tiene alguna enfermedad crónica pero que le permite hacer una vida normal?

Personalmente, opino que no deberían importarnos. Se trata de circunstancias de la vida particular de cada uno y no tienen porque importar a las organizaciones. Igualmente, los entrevistadores no necesitan esta información para sacar ninguna opinión objetiva. Es más, si preguntan este tipo de aspectos personales, no hay obligación de responder. La vida privada de cada candidato es eso, privada. A la empresa ni le va, ni le viene lo que se haga fuera de la oficina.

Es más, soy de la opinión de que aquellos entrevistadores que entran en este juego, preguntando este tipo de cosas, no tienen mucho de profesionales. Desgraciadamente, aun son un número significante aquellos que lo preguntan.

Lo que realmente debe importar de los candidatos a las compañías y a los entrevistadores es la trayectoria profesional, capacidades personales, inquietudes, estudios cursados, etc. que son los datos objetivos que deben influir a la hora de tomar una decisión con respecto a una candidatura requerida.

Al fin y al cabo, lo importante es la valía y el desempeño del trabajo sin tener que influir nada más. Cada persona es un mundo a parte que es libre de elegir. Hay personas que son muy reservadas con sus vidas privadas y otras muy extrovertidas que no tienen problema en contársela a la gente ¿qué posición es la más acertada? Bajo mi punto de vista, ninguna de las dos. O las dos. Todas las opciones son validas, realmente, no siendo mejores unas más que otras.

Si nos paramos a pensarlo dos veces ¿Quién no es especial? Pues sinceramente todos tenemos nuestras cosas. No hay dos personas iguales. Todos tenemos nuestras manías, rarezas, opciones… y las vemos como buenas, simplemente, por ser las nuestras. ¿Por qué no se hace lo mismo con las de los demás? Hay quien no es capaz de abrir su mente y ver mas allá de su visión.

Además, la convivencia requiere adaptarse a los demás individuos del entorno y ser tolerantes sin molestar a los demás. En el momento en el que las peculiaridades se llevan a extremos, dejan de ser normales. Pero está claro que la posición de cada uno, es subjetiva y lo que para uno puede ser extremo, para otro es simplemente su forma de ser.

Suele pasar que dentro de la organización, cambia la visión de un compañero por ser “diferente”.

Si ellos os respetan a vosotros, ¿por qué no podéis hacerlo vosotros con ellos? Y como respuesta no vale “porque no es lo normal”. Automáticamente, la siguiente pregunta es: ¿qué es lo normal? Y no acepto como respuesta “la opción que sigue la mayoría”, “lo que se ha hecho siempre” o “lo que a los ojos de la sociedad es lo normal”. Nos dejamos influenciar por ciertos medios, o comentarios sin fundamento real. Suelen ser comentarios orientados al rechazo de ciertos integrantes de una comunidad.

A la creencia arcaica de que “el hombre blanco es superior”. Algo que recuerda la segunda guerra mundial, en la que cierto sector de la sociedad alemana, “vendió” la idea de que el holocausto judío era buena. Afortunadamente, se demostró que esa posición era radicalmente errónea. Si en la historia se han cometido errores, ¿por qué sigue habiendo alienación de sectores minoritarios?

El comentario usual a este tipo de argumentos es que “no es lo mismo”. Pero yo pregunto ¿Seguro que no es lo mismo? Siempre se odia, aísla, persigue… a lo que vemos como diferentes desde distintos puntos de vista subjetivos.

Obviamente hay cosas muy complicadas de entender pero muy fáciles de aceptar si por un segundo uno se pone en su lugar. Por ejemplo, pensad por un momento en las personas que tienen la necesidad de cambiar de sexo porque que para ellos es la opción adecuada. Lógicamente cuesta entenderlo. Lo que piensa uno en su interior es difícilmente comprensible para otro.

No es ni mejor ni peor sino su opción. Esto parece motivo suficiente como para poder libremente discriminarles. ¿Por qué una persona que cambia de sexo no puede conseguir un trabajo cualificado, si cumple con el perfil? Por ningún motivo con peso. El aspecto físico no lo es todo. Lo que importa es la persona que hay dentro de la coraza que supone nuestro cuerpo.

Está claro que es complicado afrontarlo en una organización por ser algo no aceptado aun por todos los sectores y por los queridos prejuicios que todas las personas tenemos. Siempre tendemos a inventar cosas sobre lo distinto o nuevo porque nos da miedo enfrentarnos a lo desconocido por no saber a donde nos llevará.

Cada vez más tenemos a emigrantes de otras razas que van adquiriendo más formación y habilidades. ¿Vamos a relegarlos a posiciones bajas por ser de otras razas? ¿Acaso su raza no les permitirá hacer bien un trabajo? Creo que no hay razones de peso para sostener esta actitud.

Debéis dar una oportunidad a las personas aunque sean distintas a vuestros ojos porque igual os lleváis una sorpresa.  Hay que adaptarse a los tiempos y a la nueva sociedad.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...