Técnicas de un buen orador

En el momento de enfrentar un público a la espera de un discurso, es frecuente entrar en pánico, para evitar eso, es indispensable conocer los métodos que nos ayudarán a formarnos como buen orador.

Uno de los elementos primordiales de un profesional es la palabra. El dominio de la misma e una condición indispensable para convertirse en un buen orador, pero es frecuente que se sufra de una timidez o miedo escénico que pueda poner en riesgo nuestra seguridad a la hora de presentar un discurso, por ejemplo. Como en todos los ámbitos del trabajo, para ellos hay que estar preparado y tener conocimientos que permitan una fluidez oral que transmita exactamente lo que se quiere decir.

En el caso de un discurso, se separa en tres partes su estructura; introducción, desarrollo y cierre.

La introducción o exordio, requiere su preparación sobremanera, ya que va a ser el determinante para que el público atienda todo el resto del discurso. Se subdivide a su vez en cuatro tipos; el Impactante, cuando el orador decide “romper el hielo” o generar un shock, mediante un proceder no esperado, este estilo se recomienda cuando el público se encuentra expectante de un hecho conmocionante. El progresivo, se refiere a cuando se diserta ante un público desconocido y se intenta paulatinamente ir adentrando en su alma, esto puede ser como elogio a la Institución que invita, sus participantes, etc. El directo, cuando se pasa directamente al desarrollo, luego de anunciar el tema que se tratará (este tipo de exordio es común cuando se conoce el auditorio) y por último el ampuloso, que, por lo general es cuando ha ocurrido un hecho excepcional, como la muerte de una alta autoridad de la empresa o personalidad destacada de la sociedad y lo que lo hace es emplear excesivamente los adjetivos grandilocuentes.
En la segunda parte del la estructura se implementa el desarrollo, cuerpo o medio. Éste debe tener en claro cuál es el objetivo, (instruir, informar, persuadir, entretener) además de requiere de una importante preparación, para lo cual, en primer lugar es necesario recopilar información, reunir los datos, investigarlos y compararlos. Una alternativa para evitar salirse del tema, es utilizar el orden cronológico o de menor a mayor importancia, de acuerdo al tema que se trate. Por otra parte, al igual que en el exordio, durante el desarrollo se pueden utilizar matices de ritmo, se debe recordar que la caída de la atención comienza a los 40 minutos.

Para finalizar el discurso, se presenta el cierre o peroración. En este caso, al igual que el exordio, requiere una preparación detallada, ya que será “el broche de oro”. El cierre indica lo que se va a decir y el cierre resume lo que se ha dicho. Suelen utilizarse frases estereotipadas como “para ir concluyendo”, “para ir finalizando”, entre otras. Algunos también manejan el humor, pero no cualquiera lo puede hacer, debe ser una persona con carisma. En lo que a esto respecta debemos evitar chistes groseros, sobre religión o raza, pero en caso de hacerlo y si nadie se ríe, se debe seguir como si nada hubiera pasado. Al final de la peroración, el agradecimiento debe ser seguro, honesto y concreto, ya que al público le gusta saber cuando tiene que aplaudir. Cuando se produzca el aplauso, esperarlo y sonreír.



Algunos puntos a atener en cuenta a la hora de la preparación, y evitar otros que puedan jugar una mala pasada. Es recomendable evitar la memorización del discurso, lo mejor es pensar en ideas, no en palabras. Aunque está permitido la memorización en el exordio y en el cierre por lo anteriormente expuesto respecto a su importancia. Una técnica de estudio para evitar la memorización es repasar por períodos de 50 minutos y descansar otros 12 minutos. Por otra parte, es interesante conocer que el público o los participantes suelen recordar con intensidad la introducción y el cierre, antes que el desarrollo. Como así también es importante repetir conceptos, no palabras, ya que estudios justifican que la gente recuerda y acepta una idea luego de 6 veces repetida.

Algunos oradores utilizan la técnica de “mapeo mental”, consiste en la elaboración de un gráfico con los puntos principales del tema que marcan el desarrollo.
Para preparar la elocución o discurso existen varias técnicas. El uso de palabras claves, por un lado, que suele usarse en un discurso más informal, es similar al mapeo, sólo que lo que se hace es escribir palabras que vayan describiendo un orden en un papel y cada vez que se baja la vista y se lo lee, se completa el concepto, para llegar a la otra idea. En general, se utiliza cuando se dispone de poco tiempo y cuando el orador esta acostumbrado a disertar.

También puede recurrirse a la técnica de redacción completa, se aconseja la utilización cuando se dan datos precisos, como los estadísticos, o cuando se presume cierta inseguridad. Aquí se utiliza el mapeo de ideas, que consiste en poner en el centro el tema a desarrollar y a su alrededor las ideas asociativas que estimulan el desarrollo y la aparición de más elementos para su argumentación. También es importante marcar los silencios, o verbos que destaquen hechos o situaciones que convengan al orador, con un marcador. Siempre debe practicarse previamente. Otra ayuda para la confección del discurso es exponer las ideas en voz alta y escribirlas a la vez, porque esto estimula la audición, la vista, la escritura y el habla.

En cuanto a los tipos de discurso, se clasifican en siete; fúnebres, conmemorativos, bienvenidas o despedidas, inaugurales, sobremesas, específicos e inductivos. En los fúnebres se destacan logros o características de la personalidad, la elocución se debe realizar en forma lenta y con varios silencios. Durante los discursos con conmemorativos se recuerda la trayectoria de una persona o para aniversarios de una empresa, en donde se rememoran momentos importantes y beneficios que aportó.

Durante las Bienvenidas o despedidas, se debe tener por sobre todo sinceridad y cordialidad. En los discursos inaugurales, es característico elogiar a los que participaron de la organización, planificación, o construcción, dependiendo lo que se inaugure. Debe ser concreto y conciso. En un discurso de sobremesa, se debe resaltar la simpleza y adaptarse al estado de ánimo colectivo. En los técnico-específicos, suele derivarse a un discurso informativo. Se aconseja la no utilización de matices, pero si de tonos. Y en el inductivo, se quiere lograr un efecto en el auditorio, en este caso, la dramatización es necesaria para lograr mayor credibilidad.

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