Programas de refuerzo educativo

Las clases se acaban dividiendo en tres grupos: los que avanzan a un ritmo normal, los que se quedan atrás y los que van por delante. Y mientras unos entran en un bucle de aprobar sin apenas esfuerzo, los otros entran en el bucle inverso. Suspenden e incluso repiten curso, lo cual merma su autoestima, su confianza en sí mismos, su gusto por el aprendizaje y, en consecuencia, sus expectativas. Un buen programa de refuerzo puede poner fin a todo ello.

El aula escolar es un entorno diverso, lo ha sido siempre y lo es cada vez más con el paso de los años. Los estudiantes se clasifican en el aula por edades, no por capacidades ni por aptitudes. Y ni que así fuera, cada uno de ellos es un mundo, con habilidades distintas a desarrollar y modos distintos de hacerlo. Imposible llegar a todos de manera homogénea, por lo que en líneas generales las clases se acaban dividiendo en tres grupos: los que avanzan a un ritmo normal, los que se quedan atrás y los que van por delante. Paradójicamente, a los dos últimos grupos, opuestos entre ellos, les acaba sucediendo lo mismo: se aburren. Y mientras unos entran en un bucle de aprobar sin apenas esfuerzo (excepto en casos concretos, como el de los niños superdotados), los otros entran en el bucle inverso. Suspenden e incluso repiten curso, con las pésimas consecuencias que ello tiene para su futuro. Merma su autoestima, su confianza en sí mismos, su gusto por el aprendizaje y, en consecuencia, sus expectativas.

El refuerzo bien impartido es beneficioso para la autoestima del alumno


Para combatir este fenómeno son habituales los programas de refuerzo. Hay muchas formas de impartirlo, pero en líneas generales suelen existir estas tres alternativas:

Si bien las dos primeras se imparten por parte de profesorado experto, la última suelen llevarla a cabo jóvenes, a menudo universitarios, en busca de unos ingresos extra. En ese sentido, hay que tener muy en cuenta qué dificultades tiene el alumno en cuestión. ¿Es un tema solo de ritmo de aprendizaje? ¿De comprensión de conceptos o materias concretas? ¿O hay tras todo ello desmotivación y apatía? Si estamos en el segundo de los casos, poco podrá hacer un joven con muy buenas intenciones. El problema es de fondo, y requiere un tratamiento especial.

En ese sentido, instituciones como el departamento de Educación del Gobierno canario han elaborado una guía para impartir clases de refuerzo exitosas. Más allá de enseñar la lección, sus premisas se basan en fomentar la autoestima y dotar al estudiante de herramientas para mejorar el estudio y el aprendizaje. Ellos lo resumen en tres puntos:

  • Identidad: Aumentar la confianza en uno mismo mediante el reconocimiento de los propios recursos y habilidades.
  • Organización. Estrategias para planificar las tareas cotidianas y escolares más comunes.
  • Investigación: Evaluar la integración de los dos puntos anteriores mediante la elaboración de un pequeño trabajo de investigación del interés del alumno.

Esta idea está tan enfocada a la vertiente psicológica de los problemas con los estudios que deja a un lado los conocimientos académicos. Sin embargo, el curso avanza, por lo que tal vez sea más conveniente combinar ambas cosas. De hecho, hacerlo nos garantizará mejoras significativas.

Impartido como es debido, el refuerzo es una herramienta educativa que ha demostrado su éxito en varias generaciones de alumnos. Si vuestro hijo o vosotros mismos chocáis con dificultades académicas insalvables, os recomendamos recurrir a él.

Foto: stefanedberg en Flickr.com.

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