La relación entre hermanos

Los hermanos no dejan de ser dos o más personas compartiendo un mismo espacio. Y el conflicto nace. Como ninguno de ellos está capacitado para imponerse o para mediar, el papel nos toca a nosotros. ¿Cómo llevarlo a cabo? ¿Cómo lograr que todos nuestros hijos se sientan igual de queridos y valorados? A continuación algunos consejos

Muchas parejas parten, desde el momento de su conformación, de la idea de tener dos hijos en lugar de uno. Y si es ‘la parejita’, mejor que mejor. Claro que a partir de ahí pueden surgir multitud de familias, y cada una de ellas será un mundo. Del mismo modo, en todas aquellas que haya más de un niño en casa se fomentará lo que se conoce como la relación entre hermanos. Y una vez más, cada una de ellas será un mundo, si bien es cierto que hay comportamientos con tendencia a repetirse.

Momentos de complicidad


Porque al fin y al cabo, son dos personitas compartiendo espacio. Y aún siendo pequeñas, pueden tener mucho o muy poco en común. En cualquier caso, habrá momentos de complicidad y de apoyo, pero también de conflicto y de aislamiento. Cada uno buscará su espacio, pero en ocasiones buscará al otro e incluso saldrá en su defensa. ¿Cómo gestionar esta situación? A continuación, los puntos más recomendables para gestionar como padres la relación entre sí de los hijos:

  • Cada niño es un mundo, y debe ser tratado como tal. Por tanto, tópicos como la frase «os quiero a todos por igual» no son una buena idea. Cada uno de nuestros hijos quiere sentirse especial y querido por lo que es, y así tenemos que valorarlo. Del mismo modo, las comparaciones con hermanos son desaconsejables tanto en positivo como en negativo. Así, podemos felicitar a nuestra hija por sacar buenas notas, y hacerla sentir especial por ello, pero sin acabar con la coletilla «y no como tu hermano, que siempre suspende». Cualquier comparación es mala idea, pues puede generar rivalidad, tensiones y competitividad entre los hermanos.
  • Aceptar el conflicto cuando no se produce en exceso. Es muy normal que los niños discutan y se peleen entre ellos, y mientras esta conducta no sobrepase los límites, no tiene porqué preocuparnos. Nuestro papel ha de ser el de hacer comprender que el enfadarse con una persona a la que quieres no es sinónimo de que no te importe, por lo que el sentimiento de culpa no tiene lugar. También el enseñar a solucionar los conflictos de una forma sana y dialogante.
  • Escuchar, dialogar y no resolver. Algunos expertos recomiendan escuchar siempre las quejas de los hijos hacia sus hermanos, aunque no tengan razón, y evitar hacer de jueces. Simplemente la escucha es un apoyo, y es probable que ellos mismos logren resolver el conflicto en consecuencia.
  • La atención al primogénito. No es nuevo aquello de que hay que seguir haciendo caso al hijo mayor con la llegada del segundo hijo, aún cuando es un recién nacido. Pero, ¿cómo? Es evidente que un bebé requiere de mucha más atención, por lo que tenemos dos opciones. La primera, hacer partícipe al hijo mayor de las actividades que tienen que ver con el cuidado del pequeño, de tal modo que se sienta integrado y responsable del bienestar del pequeño. La segunda, prestarle atención e incluso darle prioridad a sus necesidades cuando las del bebé pueden esperar.

Además de estos consejos, encontraréis algunos más en la web Baby Center. Y además, en Guía del Niño encontraréis algunas pautas de comportamiento hacia el hermano clasificados por grupos de edades y por diferencia de edad. Toda una guía para el presente y para el futuro.

Foto: makelessnoise en Flickr.com.

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