La mala oclusión dental puede influir en el desarrollo del lenguaje niño

En esta entrada veremos como una mala oclusión puede estar relacionada con una merma en el aprendizaje de lenguaje del niño

Conversando en una reunión social con gente que acababa de conocer, pude enterarme de la importancia que tiene la conformación dental en el desarrollo y aprendizaje normal de un niño. Uno de los asistentes a esta reunión era dentista de profesión y cuando intervino en nuestra amena conversación, captó nuestra atención inmediatamente. Era fácil deducir por qué. Casi todos los presentes tenían hijos pequeños y estaban preocupados por la información que él estaba brindando. El odontólogo se refirió a que la conformación dental, es importante en un niño en cuanto a la oclusión que vaya a presentar el mismo y coincidentemente con los años en que le toca aprender las asignaturas más importantes como es el caso del lenguaje. En efecto, se asocia una mala oclusión, que es la forma en que abrimos y cerramos la boca, con algunos problemas de dislalia, en las que el niño no puede pronunciar bien determinadas palabras. Al producirse esto, el niño se ve obligado a intercambiar unas letras por otras para no retrasarse en sus lecturas y su aprendizaje en buena cuenta.

Imagen tomada de Wikipedia

Una correcta oclusión ocurre cuando las piezas dentales superiores se alinean perfectamente con las piezas dentales inferiores. Las puntas de los molares superiores, vienen a encajar perfectamente en los surcos de los molares opuestos. Por otra parte, es poco frecuente encontrar personas con una oclusión perfecta.


A menudo, la oclusión dental varía un poco en cuanto a la alineación de sus dientes pero en la mayoría de los casos no es algo que requiera tratamiento. Sin embargo, si el pediatra del niño ve que sus piezas dentales están apiñadas o que algunas de ellas están teniendo problemas para descender o ascender, debe sugerir a los padres que soliciten una consulta con el ortodoncista. Éste, es el especialista en la resolución de este problema, para lo cual hará un examen al niño y determinará cual es el mejor tratamiento. Generalmente se hacen con piezas removibles o también fijas, dependiendo de la gravedad del caso. Otros incluso son partidarios de tratamientos a más largo plazo, sobre todo cuando el problema está concatenado con algún problema que atañe al órgano nasal.

En tales casos, también se requerirá la opinión del otorrinolaringólogo para determinar la idoneidad de cada tratamiento. Se recomienda que los padres lleven al niño al ortodoncista a los siete años de edad ya que a esta edad, los incisivos superiores e inferiores han emergido definitivamente y el desarrollo óseo comienza a hacerse más pronunciado. Si el ortodoncista ve que todo marcha normal, sugerirá una visita anual para efectos de chequeo. Si se detecta algún problema, se debe buscar solución inmediata para corregirlo en su etapa más precoz. Por un lado existen los dispositivos removibles que se sostiene de las piezas dentales por medio de ganchitos y su uso se realiza durante las horas de sueño y por lo menos durante seis horas de vigilia. Por otra parte están los dispositivos fijos o brackets. Estos van unidos a cada diente y permiten una oclusión perfecta, siendo los de porcelana los más utilizados en reemplazo de los antiguos y poco estéticos brackets metálicos. En cualquiera de los casos, el ortodoncista deberá fijar el tiempo por el cual se extenderá el tratamiento.

Imagen tomada de Wikipedia

Se dice que la mala oclusión es hereditaria, pero lo cierto es que algunos malos hábitos pueden incidir en su desarrollo. Por ejemplo en el niño que constantemente se chupa el dedo o aquellos que siguen usando el biberón después de los tres años. La solución temprana de los problemas de oclusión también es importante ya que ésta permite que la limpieza de las piezas dentales sea más efectiva y por tanto haya una disminución de las caries y las enfermedades bucales. Esto es muy importante en la lucha diaria que los padres tienen respecto de los hábitos de higiene de sus hijos. Cuando se usan estos dispositivos móviles o fijos, la higiene bucal del niño debe ser aún más exhaustiva para evitar que los residuos se queden entre el dispositivo. Además, los padres deben estar atentos a la autoestima del niño pues siempre es tedioso para ellos tener que llevar frenillos en una época en que están despertando hacia la pubertad y la estética se convierte en un asunto prioritario de sus vidas.

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