La encerrona en las oposiciones de profesor

Las oposiciones constan de dos pruebas. La segunda parte, conocida como la “encerrona”, consiste en una defensa oral de una programación didáctica y de una de las unidades didácticas que en ella se incluyen. La exposición oral de este trabajo ante los componentes del tribunal requiere un gran control de los nervios por parte del opositor. Es importante jugar con tus facultades como orador y docente, ya que te pueden sacar de más de un apuro, en caso de que el tribunal empiece a aburrirse.

La encerrona tiene lugar en un instituto

Como prometí en un post anterior acerca de la primera parte de las oposiciones para profesor de secundaria, he aquí uno nuevo sobre la segunda parte. Varios días antes de la presentación, en la que se reúnen todos los opositores de los distintos tribunales, se realiza un sorteo para saber a partir de qué persona comienza la parte B del concurso de oposiciones. Esta segunda fase, también conocida como la “encerrona”, consiste en la entrega de una programación didáctica, y en la defensa de ésta y de una de las unidades didácticas que contiene.

Siguiendo la línea argumentativa del post anterior, las oposiciones se caracterizan por ser un concurso y, como tal, en ellas el azar es un factor determinante. De hecho, si en la primera parte de la prueba se sorteaban cinco temas de los setenta y pico que contempla la convocatoria, en la segunda se sortean tres unidades –una de las cuales tendrás que defender– de las varias que contenga tu programación. A pesar de que, al diseñar dicha programación, has debido de trabajar por igual todas las unidades, parece ser que la forma más justa y equitativa de valorar a los diferentes opositores en esta segunda parte es dejándolos a su suerte. Es posible que hayas dedicado más esfuerzo a ciertas unidades e, incluso, que algunas sean de una originalidad excepcional, pero que, por caprichos del azar –como me pasó a mí–, salieran tres unidades del montón. Sin más. Entonces es cuando no puedes lucirte y cuando te acuerdas de lo bien que te podría haber salido esta “encerrona” si te hubiera tocado una de esas unidades “únicas”.


Dependiendo del número de opositores que haya en tu tribunal, el día que te toque presentar la programación habrá más o menos gente. Te citan a una hora –normalmente, temprano por la mañana–, pero, en función del puesto que tengas en la lista, entrarás directamente a examinarte o tendrás que esperar varias horas. Este examen se suele realizar en un instituto, sede del tribunal que te haya sido asignado. Por lo que lo suyo es despejarse, no quedarse esperando en los pasillos del centro toda la mañana, y si hay un parque cercano, darse un paseo entre los árboles. De esta manera, los nervios (casi) no aparecerán.

A esta prueba la bautizaron como “encerrona” porque una hora antes de tu turno tienes que presentarte ante el tribunal, realizar el sorteo de las unidades que puedes exponer y estar localizable en una sala del instituto. No se trata de encerrarte bajo llave –aunque algunos tribunales así lo hacen–, sino de recordar los últimos detalles de la programación, repasar la unidad que vas a defender y esperar tu hora. Entonces no es el momento de ponerse nervioso, si no de demostrar el control interno que se supone que tienes como profesor.

Foto: sergis blog en Flickr

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