La dura tarea de la convivencia

Un mundo en el que viviésemos en soledad nos ahorraría hablar de estos asuntos, pero la realidad que nos toca afrontar es la de un planeta lleno de personas que se conocen, interactúan entre ellas y conviven juntas. Y la convivencia, como todo, tiene su lado positivo y su lado negativo. Conviviendo pueden surgir amistades y amores, pero también conflictos y enemistades. Es por eso, que en la escuela y en el hogar, se debe enseñar a los más pequeños a convivir. En muy poco tiempo se ha asistido a un cambio trascendental en la sociedad que ha modificado los pilares de nuestro estilo de vida: la revolución tecnológica, las nuevas formas de comunicación, la permisividad ante lo prohibido, la diversidad cultural, las nuevas estructuras familiares… Todos estos cambios exigen también una transformación en la educación. Ya no basta con transmitir a los alumnos contenidos académicos, ahora también se debe formar a los estudiantes como personas, capacitarlos para la vida y enseñarles a convivir como ciudadanos en una sociedad democrática cambiante.

Convivencia escolar

La convivencia humana es esencial es una sociedad democrática.

¿Y cómo se aprende a convivir? Conviviendo. Interactuar. Dialogar. Asumir responsabilidades. Y, en este sentido, la escuela es el espacio idóneo para aprender, porque el colegio es el espacio donde los niños comienzan a interaccionar con otras personas, un espacio de convivencia que debe ser utilizado como recurso de aprendizaje. ¿Y qué supone saber convivir? Sintéticamente, se puede decir que convivir es comunicarse, participar y gestionar los conflictos de forma democrática. Aprender desde pequeños esta lección será algo realmente valioso porque a lo largo de nuestra vida conviviremos en múltiples espacios. Al hablar de conflictos, no se habla de violencia (son conceptos distintos), de hecho, el conflicto debe verse como algo positivo, como una herramienta que nos permite aprender. Hay que tener en cuenta que acabar con los conflictos mediante el recurso de la sanción/amonestación no mejorará la convivencia escolar. El problema no es el conflicto en sí, sino las personas que protagonizan dicho conflicto. La misión por tanto será la de formar y educar a estas personas.

Dos personas que sepan convivir nunca entrarán en conflicto, porque siempre sabrán controlarse y llevar la situación por buen cauce sin caer en discusiones. Pero en la sociedad actual esto es bastante utópico, ¿qué hacemos entonces al estallar un conflicto? Cabe saber que en todo conflicto las partes enfrentadas tienen más intereses en común de lo que parece, hay que rascar en el fondo del asunto para ver las cosas con claridad. Por ejemplo: una profesora expulsa a un alumno de clase por no dejar de hablar. La profesora se siente insultada por no poder dar clase con normalidad. El alumno se siento ofendido por la actitud de la maestra. En cambio, la profesora lo que quiere es que sus alumnos aprueben y convivan agradablemente, y sus alumnos lo que quieren es aprobar y no ser amonestados. Parten de un interés común y eso es lo que debe unirles por encima de todo. Lo que es importante es resolver el conflicto democráticamente cuando surge, porque los conflictos que permanecen latentes o se resuelven mal tienen un importante efecto multiplicador, generando nuevos problemas en las relaciones.

Ante los conflictos, el ser humano puede adoptar diferentes posturas más o menos correctas. Estas son: el estilo evasivo (eludir o evitar el conflicto), el estilo acomodativo (cede con facilidad ante los intereses del otro), el estilo competitivo (no cede, sino que quiere ganar por encima de todo y dominar la situación), el estilo transaccional (ambas partes ceden y se comprometen), el estilo cooperativo (dialoga, llega a un acuerdo en que las dos partes ganan y mantiene una buena relación con el otro). Lógicamente, la postura correcta es la última de todas, y, en todo caso, la penúltima. La educación escolar puede ayudarnos a adoptar automáticamente este tipo de actitudes.

No lo olvidemos: la mediación, la comunicación y la empatía son nuestras mejores armas ante el conflicto. Convivir, al fin y al cabo, no es huir ni vivir sin altercados. Sino saber resolver cada conflicto surgido.

Fuente: ceapa
Foto: Deep Cwind

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