La dislalia en el niño

En esta entrada conoceremos lo que es la dislalia. Un trastorno del lengujae bastante común en los niños.

El kindergarten es una época un tanto difusa, algunos recuerdos me asisten y otros se entremezclan con años posteriores. Algunos pueden recordar esa época porque fue muy dolorosa desprenderse de sus padres por algunas horas, otros por su precocidad en darle el primer beso a alguien o tener la primera novia, y otros por las diabluras que hicieron dentro del aula. En mi caso, uno de los recuerdos más vívidos corresponde a un niño llamado Javier. Lo recuerdo bien porque a veces se le entendía lo que quería decir pero algunas veces aparecía con palabras nuevas o parecidas a otras más conocidas. Habríamos tenido unos cuatro o cinco años calculo porque aquel fue el último año que lo vi antes de pasar a la escuela primaria. Ahora lo sé. Javier tenía un desorden del lenguaje conocido como dislalia y que, según los expertos, es el problema o dificultad del aprendizaje más común en los primeros años de vida. En efecto, este desorden se caracteriza por la alteración en la pronunciación de fonemas y suele presentarse en los niños de 3 a 5 años de edad.

Imagen tomada de Flickr por panchomartinez

Los primeros meses de vida del niño se caracterizan por una simplificación del lenguaje ya que sus músculos y órganos fonadores aún no se encuentran del todo desarrollados. En tal sentido, su pronunciación empieza con fonemas muy sencillos como mamá o papá, donde no encuentra muchas dificultades para articular las letras “m” y “p”, repitiéndolas en cada una de estas sílabas.



Pero en esta misma etapa puede encontrar otros fonemas que impliquen más reto en su pronunciado, por ejemplo la palabra “agua”. Es un típico vocablo de dos tiempos. Algunos niños pueden salvar la situación con mucho esfuerzo y se nota porque primero dicen “a” y luego parecen tomar aire y prácticamente desfogan el fonema “gua” con un énfasis especial. Pero la mayoría de los niños pequeños dicen simplemente “gua” cuando quieren pedir agua, apelando a una simplificación de la articulación de palabras. Esto es normal, según los especialistas y la prudencia sitúa el corte del tiempo a los cuatro años de edad aproximadamente. Si para esta edad, aún presentan los problemas para articular fonemas sencillos, se debe acudir al especialista para que descarte un posible caso de dislalia.

Evidentemente, la medida es la comparación con la verbalización de otros niños de la misma edad. Los niños que presentan este desorden confunden una letra con otra y omiten algunas letras ante la dificultad que representa para ellos su correcta pronunciación. Este es el tipo más común de dislalia, llamada dislalia funcional. El caso más típico dentro de esta categoría es la dificultad para realizar la vibración de la lengua que precede a la pronunciación de la letra “rr” o intercambiar la letra “r” por la letra “d” en medio de una palabra o frase. Sin embargo, existen otros tipos de dislalia como la dislalia orgánica. Como su nombre lo indica, en este tipo de dislalia el niño tiene problemas para articular los fonemas por problemas de tipo orgánico como alguna malformación en los órganos del habla o incluso alguna deficiencia neuronal. También se habla de una dislalia audiógena, cuando los problemas se originan por trastornos en el sentido auditivo. En este tipo de dislalia, el niño no se siente confiando de pronunciar bien un fonema porque no lo oye bien. No tiene un radar que le indique si va bien o va mal su vocalización.

Imagen tomada de Flickr por erdosain

Otras alteraciones físicas, también pueden estar asociadas a una dislalia por ejemplo los niños que presentan labio leporino o incluso una mala conformación dental. También puede ser que el niño no haya recibido correctamente los patrones de movimiento que representan a la articulación de los fonemas o simplemente porque el niño se dedicó a minimizar los fonemas para hacerlo más fácil sin que lo corrigieran por esto. En este último caso, el tratamiento será más sencillo porque su capacidad articulatoria no está afectada y sólo será cuestión de reeducar el habla. Sin embargo, esto no puede hacerse casera o artesanalmente y se debe acudir al especialista en esta disfunción. Éste estimulará al niño para que produzca fonemas junto con ciertos movimientos como herramienta lúdica dentro del tratamiento y le enseñará a comparar entre los diferentes sonidos. Luego vendrán los ejercicios para la correcta pronunciación, aumentando el grado de dificultad de modo progresivo. Cuando el niño haya dominado la pronunciación de sílabas sueltas pasará al nivel de dominio de las palabras antes de pasar a dominarlas fuera de la terapia, en su vida espontánea.

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