Examen tipo test: aprendiendo a elegir

La clase de examen al que se enfrenta el estudiante es un factor importante a tener en cuenta no sólo a la hora de preparar su sesión de estudio, sino también en el mismo momento de realizar el la evaluación. En un tipo test, técnicas como intentar recordar la respuesta antes de reconocerla en las opciones, o empezar por los ítems fáciles sin detenerse en los dudosos, son fundamentales para optimizar el rendimiento en esta clase de pruebas.

examen tipo test

Cada estudiante tiene sus profesores y sus asignaturas predilectas, y por qué no decirlo esta preferencia influye en parte en el rendimiento final. Otra de las variables que juega un papel determinante es el tipo de examen, puesto que el aprendizaje del temario del alumno, e incluso las mismas sesiones de estudio no serán exactamente igual si se trata de una prueba oral, que de un examen a desarrollar, o de un test. Es precisamente de este último de quien queremos hablaros hoy, porque añade unas particularidades que merece la pena sean tenidas en cuenta.

En la Enseñanza General Obligatoria (ESO) o en Formación Profesional (FP) no es la clase de examen predominante, de hecho muchos estudiantes llegan a los 18 años estrenándose en esta prueba por primera vez al presentarse al teórico de la autoescuela. Cuando es utilizado en mayor proporción por los docentes como sistema de evaluación es en la universidad (si bien es verdad difiere bastante de unas carreras a otras), oposiciones o cursos de postgrado.
Así pues, el alumno no tiene mucha experiencia en evaluar sus conocimientos con un test (como igualmente le ocurre con un examen oral), por lo que además de estudiar el temario tendrá que adquirir destrezas específicas para afrontar con éxito este modelo de examen si quiere obtener el máximo provecho de sus horas de estudio.

Hay quien piensa que el test es más fácil porque, a diferencia de los de desarrollo, te da la solución, y más que recordarla lo que hay que hacer es reconocerla. Pero, aunque aparentemente sea así, hay que considerar que exige un aprendizaje comprensivo, pues muchas veces las respuestas difieren poco entre sí, descuentan los errores y la opción correcta puede contemplar varias a la vez (a y b), lo que para el estudiante poco entrenado en este método puede crearle inseguridad o bloqueo.


Existen páginas y blogs por la red que exponen fórmulas para que a través de la estadística el estudiante vaya descartando alternativas y dé con la respuesta adecuada. No es esto lo que te recomendamos, puesto que si además de tener que aprender el temario tienes que ponerte durante el examen a realizar tales cálculos, a parte de estresarte más, perderás el sentido de la evaluación (¿te examinas de estadística o de la asignatura evaluada?). Con esto no estamos diciendo que haya que obviar datos cuantitativos de interés como saber cuánto descuentan por cada error (para valorar cuánto arriesgar), pero queremos hacer más hincapié en otro tipo de recomendaciones tales como:

  • Lee e intenta comprender el enunciado previamente a mirar las opciones y de elegir una, es decir procura recordar la respuesta antes de reconocerla. Evita sacar conclusiones apresuradas acerca de lo que crees que el ítem pregunta.
  • Presta atención al tiempo del que dispones para hacer el examen; es aconsejable que lleves un reloj. Si dedicas muchos minutos a una cuestión, no sólo lo entregarás sin concluir, sino que empezarás a dudar demasiado de cada una de las alternativas, consiguiendo que todas te lleguen a parecer válidas de tantas veces que las has leído.
  • Trata de enterarte antes de la prueba de si hay penalización por las respuestas incorrectas y cuánta exactamente. Después haz una estimación aproximada del número de ítems «dudosos» que estarías dispuesto a contestar. Esto es fundamental, pues arriesgar en exceso puede bajar considerablemente tu nota, a pesar de que respondas correctamente en mayor porcentaje.
  • Haz una primera revisión general de las preguntas, a medida que las leas ve discriminando entre las más sencillas y las más complicadas. Comienza con las que puedes solucionar fácilmente, asegurándote así desde el principio los puntos de las que conoces bien. Esto te ayudará, pues muchas veces sólo el hecho de estar más relajado sabiendo que ya tienes algunos ítems resueltos, te otorga la confianza necesaria para poder afrontar mejor las difíciles.
  • En otras ocasiones, dar varios repasos es bueno porque la contestación a un ítem nos da pistas para afrontar el siguiente, bien porque nos recuerda o explica contenidos, bien porque los discrimina.
  • Si las opciones de respuesta se diferencian sólo en una o dos palabras, o en el orden de uno o dos términos, suele ser beneficioso probar a leer el enunciado de la pregunta seguido de una alternativa, mientras cubres las demás.
  • Algunas respuestas pueden descartarse rápidamente por incorrectas, porque tienen un estilo muy distinto al de las demás, no concuerdan gramaticalmente con el enunciado, o no son del área o tópico de la pregunta, pero tienen que ver con otra área de la asignatura.
  • Es importante que recuerdes que a veces hay varias opciones válidas. Debes de seleccionar una alternativa no sólo técnicamente correcta, sino la más correcta. Algunas redactadas como «todas las anteriores» o «ninguna de las anteriores» son muy inclusivas y tienden a ser más veces válidas que incorrectas.
  • Pon especial atención a las que incluyan términos como «nunca», «todos», «siempre», «determina», «asegura», ya que añaden un significado tan absolutista y generalizado que en la mayoría de las ocasiones las hacen incorrectas. Y al contrario, otros términos como «a veces resulta en», «ocasionalmente puede derivar hacia», permiten que sea posible que lo expuesto sea correcto.
  • Cuando se te presenten opciones del tipo «todas las anteriores», «ninguna de las anteriores» o «Ni A, ni B… es correcta», considera cada alternativa como una pregunta de verdadero/falso, y después relaciónala con el enunciado.
  • La gramática también puede ser de gran utilidad. La respuesta correcta al enunciado de un ítem que termina en preposición o conjunción (ej. «en», «a») suele empezar por un artículo.

Foto: ROB3R7Z

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