España, un país sobrecualificado

El periodista que trabaja haciendo fotocopias, el filólogo que hace de comercial a puerta fría o la ingeniera que pasa códigos de barras en la caja del supermercado. Si bien desarrollan empleos muy necesarios en nuestra sociedad, no son aquellos para los que se han preparado durante años de su vida. En España hay mucho joven sobrecualificado, o al menos eso es lo que se oye en la calle. Ahora un estudio de la oficina estadística de la Unión Europea, el Eurostat, lo confirma.

El periodista que trabaja haciendo fotocopias, el filólogo que hace de comercial a puerta fría o la ingeniera que pasa códigos de barras en la caja del supermercado. Si bien desarrollan empleos muy necesarios en nuestra sociedad, no son aquellos para los que se han preparado durante años de su vida. En España hay mucho joven sobrecualificado, o al menos eso es lo que se oye en la calle. Ahora un estudio de la oficina estadística de la Unión Europea, el Eurostat, lo confirma.

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Según difunde El País Clasificados, España es el país con más trabajadores sobrecualificados de toda la Unión Europea. El fenómeno alcanza aquí al 31% de la población ocupada, mientras que en países como Alemania o Francia este porcentaje ronda el 20%. Solo Irlanda y Chipre nos siguen de cerca, con un 29% y un 27% respectivamente. Las cifras son aún más notables en el caso de los extranjeros que trabajan en España, entre los cuales la sobrecualificación alcanza el 58% del colectivo. La segunda cifra más alta tras Grecia (62%). Teniendo en cuenta que el paro ha devuelto a muchos jóvenes a las aulas, estos datos podrían ir a más.

Y es que resulta que el porcentaje de población española con estudios superiores aumentó un 9% (del 21% al 30%) entre 1999 y 2009. Un ‘boom’ de personal cualificado que se produjo en una economía basada en la construcción y el turismo, y cuyo primer pilar se encuentra en decadencia absoluta. Como resultado, tenemos una juventud muy preparada pero que no puede ejercer de aquello para lo que se ha preparado. O se encuentra en paro, o se ve obligada a desarrollar trabajos que están por debajo de su capacidad. Y para los que, aún por encima, el empresario astuto demanda a una persona más preparada de lo que el puesto requiere, dado que hay tanta oferta de gente sin empleo entre la que escoger que se lo puede permitir.

¿La solución? Para muchos, emigrar. La fuga de cerebros es una de las grandes alarmas sociales en la palestra mediática de los últimos meses. Con la maleta bajo el brazo, nuestra juventud preparada marcha a países que requieren personal preparado, al que ocupan y y remuneran como merece. Las soluciones a este problema son difíciles de apuntar, pero apostar por otros sectores o incluso facilitar la emprendeduría se presentan como posibles salidas.

Por el momento, y como ya es habitual últimamente, la estadística confirma lo que apuntan las voces de la calle. Y dado el pesimismo que nos invade, ello no puede ser una buena noticia.

Foto: Tulane Public Relations en Flickr.com.

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