El primer día de clase

No es fácil volver al instituto, centro formativo o facultad. De niños hubiéramos llorado, pero ahora ya estamos demasiado creciditos para eso. No obstante, lo que nos era aplicable entonces, también nos lo es ahora. El regreso paulatino es muy recomendable, y hoy os damos algunos consejos para sobrellevarlo.

El segundo día te será más fácil aguantar despierto, ¡ya verás!

Hay pocas cosas que nos suceden y sucederán toda la vida. Una de ellas la estamos viviendo ahora mismo y algunos médicos incluso le han puesto nombre de patología: depresión o estrés post vacacional. De niño es la vuelta al cole, de adolescente la vuelta al instituto y, de más mayor, la vuelta al centro formativo o a la facultad. Sea cual sea nuestro mal, lo afrontaremos de forma parecida cada año gracias a la experiencia que nos dieron los llantos de la infancia. Pero como siempre nos reiteramos en algunos errores, e aquí una pequeña lista para repasar lo que debemos hacer:

– No hay nada más apetitoso durante las noches de verano que una buena terracita. Sin embargo, el necesitar chaqueta quizás sea una señal de que debemos empezar a moderarnos. Igual que hacen los más pequeños, también adolescentes y adultos deben tomar la precaución de adaptarse al nuevo horario con antelación. El primer día de clase será una tortura de todos modos, pero será más llevadero si conseguimos moderar nuestro aspecto de zombis.

– Viajar es un lujo al que jamás debemos renunciar, pero no hay nada más engorroso que volver de viaje e ir a clase al día siguiente. A veces las ofertas no dejan más remedio, pero más vale remediarlo. En caso contrario, a la cara de zombi se le sumará un mal humor de campeonato. Y eso es malo para las relaciones sociales, tan básicas para afrontar el regreso con una sonrisa.

– Poco a poco y buena letra. El primer día de cualquier curso el profesor entrará motivado a informarnos de todo lo que haremos durante el año. La retahíla de trabajos que es capaz de soltar puede dejarnos sin aliento. Tómatelo con calma, hay muchos meses por delante y, al fin y al cabo, el primer día la única tarea que nos dará será aguantar su brasa.


– No será tan complicado. Ante la avalancha de nuevas responsabilidades uno puede sentirse pequeño e incapaz. Has vivido esto montones de veces y te sobra saber que luego no es tan fiero el león como lo pintan. No dejes que te asusten.

– Aprovecha el primer día para retomar lazos. Al salir de clase, ve con los amigos a tomar un refresco o una cervecita, si tu edad te lo permite. Los más pequeños pueden ir al parque con los amigos un rato, o podemos permitirles ver un rato la tele antes de hacer los deberes. Que el deber no nos atosigue.

– Empieza a planificar tus actividades extraescolares. Un nuevo curso son también nuevos propósitos, igual que ocurre el primero de año. Así pues, busca aquello que puedas emprender con más ilusión que los estudios. Convierte tus aficiones en un buen motivo para levantarse por las mañanas.

Come bien. Parece que no, pero ayuda mucho. Además, hacerlo nos ayudará a perder aquel quilito de más que hemos ganado en verano o incluso a estar de mejor humor.

¿Parecen consejos lógicos, verdad? Y, no obstante, a menudo los olvidamos. El ser humano es el único capaz de tropezar dos veces (y tres, y cuatro…) con la misma piedra. Si consigues retener estas recomendaciones en la mente y llevarlas a cabo, volver a la rutina será mucho más fácil. ¡Mucha suerte y feliz nuevo curso!

Foto: Reposo Médico (45 de 52 y 1/2) por NeoGaboX en Flickr.com.

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