El esfuerzo de las oposiciones

Prepararse las oposiciones para Enseñanza Secundaria te puede cambiar la vida. Para empezar porque supone un gran esfuerzo y gran desembolso de dinero. Además, si te las sacas, puedes conseguir un buen trabajo como profesor de instituto, con un sueldo fijo para toda la vida. Una buena apuesta sin duda. La prueba consiste en dos partes: una primera teórica y una segunda didáctica, dedicada a una programación y a una serie de unidades didácticas planificadas en relación a lo que la convocatoria del concurso de oposiciones dicta.

Las oposiciones suponen un gran esfuerzo

Ahora que me voy a presentar a mis primeras oposiciones hago repaso de cómo ha sido mi preparación y saco las siguientes conclusiones. En primer lugar, creo que ha sido todo un acierto prepararme las pruebas por mi cuenta, recurriendo a la bibliografía adecuada y a los apuntes de la facultad, antes que ir a una academia. Trabajar los temarios por libre requiere un esfuerzo especial de síntesis y comprensión que las academias te ahorran, pero que es mucho más fructífero a largo tiempo. Además, estudiar lo que una academia te dicta –mejor no hablemos de lo que te cuesta– puede suponer un lastre cuando el tribunal que te evalúa pide originalidad en tu enfoque. Y en segundo lugar, creo que, como muchos de los preparadores a oposiciones piensa, la organización del estudio ha de ser, ante todo, eficaz. Por lo que, en este caso, es más conveniente echar mano de la estadística y dedicar el esfuerzo solamente a una serie de temas y no a todos. Si la prueba consiste en 72 temas, por probabilidad, si estudias 40, en el examen te preguntarán dos. ¿Suerte o dedicación plena? Que cada opositor elija.

El concurso de oposiciones al que me refiero es para la Enseñanza Secundaria. Este año se han convocado en muchas comunidades autónomas, a destacar Andalucía o Castilla La Mancha. Sin embargo, en otras como Cataluña, se espera su convocatoria para el año 2011. Para presentarse a estas oposiciones únicamente es necesario ser licenciado o doctor, tener el certificado de aptitud pedagógica (CAP) y dominar la lengua oficial de la comunidad en la que te vayas a presentar –en algunas se hacen pruebas de idioma para opositores ajenos a la comunidad–.

Con respecto al título de licenciado, éste no tiene que coincidir con la especialidad a la que uno se presente. Por ejemplo, si yo soy licenciado en Filosofía puedo presentarme a las oposiciones de Historia o Matemáticas. Eso sí, es lógico que me cueste menos trabajo superar una prueba a la que he dedicado varios años de carrera. En lo que se refiere al título del CAP, desde el año 2010 ha sido sustituido definitivamente por un máster de pedagogía, más caro y más duradero –y quién sabe si más eficaz–.


Las oposiciones cuentan con dos pruebas que, en realidad, son tres. La primera es una prueba escrita sobre 72 temas, de los cuales salen cinco el día del examen, a elegir uno. La segunda es una doble prueba que consiste en la elaboración de una programación con sus respectivas unidades didácticas, y en la defensa de dicha programación y de una de esas unidades didácticas, a escoger entre las tres que el tribunal elija al azar.

En definitiva, como todo en la vida, las oposiciones tienen una parte positiva y otra negativa. Sin duda, son una buena salida para conseguir un trabajo de gran estabilidad, satisfactorio y bien remunerado. No obstante, hay muchos que consideran que el trabajo de funcionario es monótono y limitado, por lo que para ellos las oposiciones supondrían un gran esfuerzo para un premio tan relativo.

Foto: Gonzalo Barroso

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