El ajedrez como actividad extraescolar

El ajedrez es un juego de mesa ancestral que tiene enormes beneficios para el desarrollo del intelecto humano. Por este motivo, es una de las mejores actividades que se pueden practicar en horario extraescolar. Es más, algunos países, como Rusia y Venezuela, lo han acogido dentro de sus currículums didácticos. Sin duda es la mejor forma de divertirse y ejercitar un músculo del que pocas veces nos acordamos: el cerebro.

Cartel para campaña de fomento del ajedrez

Avalado por organismos como la UNESCO, que desde 1995 lleva recomendando de forma oficial su práctica en centros escolares, el ajedrez es uno de los deportes y juegos más recomendables para realizar fuera (y dentro) de las aulas. Esta herramienta pedagógica y educativa mejora la concentración, ejercita la memoria, define la capacidad de decisión, entrena el pensamiento analítico, además de desarrollar otras habilidades y capacidades.

Los beneficios del ajedrez se han recogido en diversas investigaciones, como la del Dr. Robert Ferguso, quien en su Resumen sobre investigaciones del ajedrez y su impacto en la educación concluyó que “existe una correlación significativa entre la habilidad para jugar bien el ajedrez y las facultades espaciales, numéricas, administrativo-direccionales y organizativas”, y que el ajedrez puede acelerar el nivel de coeficiente intelectual en los niños. Esta última conclusión ha sido corroborada por la Comisión de Ajedrez en la Educación de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE), que afirma que, entre las ventajas de este deporte, a parte de ser muy accesible, pues únicamente se necesitan dos personas, un tablero y las piezas del juego, destacan incrementar la creatividad y fomentar el desarrollo intelectual.

El ajedrez es un juego milenario que tiene su origen en un juego indio, conocido como chaturanga, en el que participaban cuatro jugadores. Otros, emparentados con el ajedrez, como el xiangqi, el shogi o el markuk, también tuvieron su precedente en este juego. Éste se fue extendiendo por Persia e introduciéndose en tierras islámicas gracias a las conquistas del califato Omeya, que llegó hasta el río Indo. De esta manera, este juego, que progresivamente evolucionaba hacia lo que hoy conocemos como ajedrez, se fue desarrollando en territorios islámicos –allí apareció el primer manual–. El ajedrez entró en Europa a través del Imperio Bizantino, que estaba en contacto con las tierras del Islam. En este sentido, cabe destacar el manuscrito patrocinado por Alfonso X el sabio sobre ajedrez (y otros juegos), titulado el Libro de los juegos.


En definitiva, el ajedrez es un juego ancestral que debería tener una mayor presencia en la educación y la formación de los niños. En algunos países, como Rusia, Venezuela o Colombia, ya se ha incorporado al currículum didáctico de los alumnos. En otros lugares, se ha establecido como asignatura optativa e, incluso, su práctica ha llegado a sustituir una hora de matemáticas. A su favor cuentan todos los beneficios que antes he comentado. Yo, que siempre he sido más de ajedrez que de damas, insto a practicar más este deporte, sano como ninguno y divertido como el que más. El ajedrez te hace ser una persona mucho más reflexiva y, de alguna manera, te hace tener una visión más estratégica sobre la vida.

Fuente: apasanantonio.es

Foto: Gonzalo Barroso

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