El abuelo como educador

Mano de un mayor y un niño´
Hace tiempo los ancianos eran figuras relevantes, que ofrecían consejo. En los pueblos y en las tribus eran símbolo de sabiduría, siendo venerados por sus conocimientos, ocupaban un lugar privilegiado en la jerarquía de la sociedad.

En la actualidad, aunque siguen situándose en el centro de la mesa en las reuniones familiares, el ritmo de vida y los trabajos hacen que a veces, no se les dedique la atención adecuada.

Cuando se piensa en ellos como abuelos, se les imagina como cuidadores alternativos a las guarderías, o como canguros de fin de semana para el respiro de los padres. Pero lo cierto es que desde el rol de abuelos, tienen mucho que aportar como educadores de sus nietos.

Se trata de saber ver el potencial educativo de estos mayores, como complemento a la enseñanza formal y académica de los niños. Pueden transmitir conocimientos relacionados con las costumbres, valores y formas de ganarse la vida de antaño. Regalar a los jóvenes un extracto de la historia de su país, canciones populares, juegos infantiles de la época, desde un punto de vista autobiográfico. Enseñarles oficios, que hoy en día apenas perduran (artesanía), o son poco accesibles a los niños (agricultura).Abuelos y nietos intercambio

Por otro lado, los nietos conceden una oportunidad al mayor de disminuir la auto-observación centrada en las enfermedades, actualizar sus competencias y recuerdos, potenciar su memoria, sus capacidades psicomotrices y físicas (al pasear, jugar). Son un eslabón para acercar a sus ascendientes el mundo de la tecnología (móviles, ordenadores), y la actitud positiva y lúdica ante las actividades cotidianas.

Afortunadamente en estos últimos años, están surgiendo programas de intercambio generacional desde los Ayuntamientos, que intentan vencer la idea estereotipada de que el mayor es pasivo y no tiene nada que enseñar. A través de tertulias, exposiciones, conferencias en el aula, promueven el intercambio de experiencias y el mutuo enriquecimiento entre jóvenes y mayores.

Aunque estos encuentros tienen un encuadre cultural o formativo, es evidente que subyace la calidez de las relaciones interpersonales y afectivas entre el maestro y el discípulo.

El mensaje es coger el relevo, pero sabiendo de dónde venimos. Este es el mejor legado en vida, que pueden dejarnos nuestros abuelos.

 

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