Dinámicas para hermanos peleones

pelea hermanas

No es tan extraño abrir la puerta de un hogar y encontrar a dos hermanos, que se están peleando. “¿A quién le tocaba tirar la basura la última vez?; ¿dónde has puesto el dvd que te dejé?; o ¡cómo sigas encerrado en el baño, voy a llegar tarde por tu culpa!”, son sólo algunas de las razones, que tienen para discutir, los miembros de menor edad de una familia.

Son frecuentes las quejas de los padres, quienes muchas veces son testigos impotentes de las disputas, que se viven en la casa. Algunas de éstas llegan a forcejeos, o incluso a las manos. Los hijos, en tales conflictos, suelen recurrir a los mayores para que medien o resuelvan las diferencias, sin haber generado por sí mismos un pacto o un acuerdo. Esto hace que a la larga se entrenen en recurrir a terceros, y pierdan la oportunidad de desarrollar habilidades de negociación, con las que ambas partes entienden que hay que llegar a una solución intermedia, para atender los intereses de ambos.

Esto puede verse acrecentado en familias numerosas, donde los recursos materiales pueden ser más limitados (habitaciones y baños a compartir). No es un problema específico de los hermanos, ya que puede reflejarse también con los compañeros de clase, amigos y vecinos. No obstante, si el otro (percibido como el adversario) se queda a dormir en tu casa, y tienes que volver a verle en la cena, en el desayuno, etc., lo más probable es que al final, un enfado se encadene y solape con el siguiente.

Por eso, las dinámicas que os vamos a proponer hoy van encaminadas a desmontar esa competitividad insana entre hermanos, que acaba creando un ambiente de tensión y enfrentamiento entre estos consanguíneos. La idea consiste en sugerirles actividades, que de forma artificial, les mantengan temporalmente unidos y en colaboración.

SIEMPRE UNIDOS. Durante una semana, cada vez que lleguen a casa, deberán atar su pierna (la derecha) a la del otro (la izquierda), dejando ambas extremidades exteriores y el resto del cuerpo sin atar. Esta condición limitará sus movimientos, y les retendrá juntos a cada paso que den: al piernas atadassentarse, cambiarse de estancia, estudiar, ir a cenar, llamar por teléfono, etc.

No sólo pasarán mucho más tiempo próximos, sino que además aprenderán a tolerar las diferencias. Comprender que, aunque uno quiera desplazarse a un lado y otro a la dirección contraria, tienen que negociar antes, y llegar a una opción común, en la que unas veces hay que ceder, para otras tener prioridad. En esta situación acaban ejercitándose continuamente en colaborar, en adaptarse, en acompasar el caminar, etc.; porque cuando uno abuse o dirija excesivamente, el resultado será negativo para los dos, pues terminarán cayéndose o tropezándose.

Cuando uno quiera sentarse, han de bajar los dos. Si uno quiere ver la televisión y el otro tiene que leer, tendrán que acordar si se baja el volumen para no molestar, o se dividen los tiempos para hacer las dos actividades.
Al desvestirse o ponerse el pijama, pueden desatarse sólo para el pantalón, pero continuar unidos para la parte superior. Esta puede ser la prueba de fuego para acoplar los esquemas corporales propios a los del otro, y sincronizar los movimientos.

El mensaje es: “hay algo externo (en este caso la cuerda) que os obliga a mediar, y no podéis hacer como si no existiera, porque resultaría perjudicial para todos”. La analogía con la vida es que habrá circunstancias (un solo baño, una línea telefónica) ajenas a ellos, que exijan necesariamente el compartir sobre la satisfacción inmediata de los intereses individuales (tirar uno hacia su lado)

El hecho de estar condicionados al ritmo y las actividades del compañero, también les concede la posibilidad de conocerse mejor, de comprender la personalidad, gustos e intereses de ese miembro de la familia, que era considerado como un extraño, que usurpaba su espacio.

Lo deseable es que se lleve a cabo durante siete días (al menos las horas de por la tarde, en las que coincidan en casa), aunque también puede hacerse durante unas horas de forma ocasional. Ha de ser planteado como un reto a superar, con el que, una vez salvada la dificultad del principio, se entretienen y desdramatizan los conflictos, riéndose de uno mismo.

Algunas variantes son:
Atar los brazos contiguos, en lugar de las piernas. En este caso, salvo que uno fuera diestro y otro zurdo, lo recomendable es alternar el brazo elegido, para que esté distribuida la lateralidad dominante de forma equitativa. Tendrán que ayudarse al partir la comida, peinarse o cepillarse los dientes.
Unirse por la cintura, de modo que queden espalda contra espalda. Esta disposición les hará estar mucho más atentos a las necesidades del otro, y tener que preguntarse las cosas, al no contar con la información que aporta la expresión facial y el contacto ocular.

CONFÍO EN TI.

Esta segunda dinámica que os proponemos, es aconsejable realizarla a continuación de la anterior, una vez que se han ido habituando a pactar entre ellos.
Uno de los dos se venda los ojos, y deja que su hermano sea su Lazarillo de Tormes durante unas horas. Será su guía, el que le cuidara y protegerá, escuchando sus necesidades, y avisándole de obstáculos o cambios en el camino.Esta segunda dinámica que os proponemos, es aconsejable realizarla a continuación de la anterior, una vez que se han ido habituando a pactar entre ellos. Será su guía, el que le cuidara y protegerá, escuchando sus necesidades, y avisándole de obstáculos o cambios en el camino.Esta segunda dinámica que os proponemos, es aconsejable realizarla a continuación de la anterior, una vez que se han ido habituando a pactar entre ellos. Será su guía, el que le cuidara y protegerá, escuchando sus necesidades, y avisándole de obstáculos o cambios en el camino.Con este ejercicio se fomenta la confianza y el apoyo principalmente. “A veces uno sólo no puede, pero ahí está su hermano para echarle una mano”. Aquel que antes era visto como alguien que iba a lo suyo, con el que no se podía contar, ahora resulta a ciegas que se desvive para que no te tropieces.

Esta segunda dinámica que os proponemos, es aconsejable realizarla a continuación de la anterior, una vez que se han ido habituando a pactar entre ellos. Será su guía, el que le cuidara y protegerá, escuchando sus necesidades, y avisándole de obstáculos o cambios en el camino.Con este ejercicio principalmente. . Aquel que antes era visto como alguien que iba a lo suyo, con el que no se podía contar, ahora resulta que se desvive para que no te tropieces.El que lleva el pañuelo en los ojos, aprende a delegar, a dejarse llevar, a depositar su integridad física (puede caerse o golpearse) en el otro, a confiar en que su compañero sepa mirar y velar por sus pasos.
Esta prueba les devuelve una imagen más positiva de sí mismos.

Como os decíamos al inicio, son actividades que pueden efectuarse también en el aula, entre compañeros de pupitres adyacentes, o entre alumnos que muestran dificultad para trabajar en equipo. Es buena idea ponerlas en marcha en clase de educación física, donde se prestan mucho más a su realización, dado el espacio y los objetivos de colaboración, psicomotricidad y compenetración, que subyacen a los deportes de equipo.

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